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Abril de 1810: el secreto de la revolución

En el colegio aprendimos que el proceso independentista fue unívoco y sin discusiones internas. Nada más alejado de la realidad.

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A fin de contextualizar un evento tan trascendente como el Cabildo Abierto de 1810, debemos preguntarnos dónde tiene sus raíces y cuáles fueron sus consecuencias. Sucesos muy complejos hacen que la Revolución de Mayo derribe todos los estereotipos construidos en torno a nuestras imágenes escolares. La verdad es que el Cabildo Abierto fue el resultado de una larga carrera que atravesó innumerables obstáculos. Incluso reveló la existencia de maniobras muy sospechosas entre grupos diversos con ideologías antagónicas. La muerte de Mariano Moreno a bordo de una fragata inglesa, en viaje diplomático a Gran Bretaña durante 1811, sigue despertando curiosidad. Este tan desgraciado acontecimiento tuvo lugar después de haber hecho públicas las taxativas diferencias que lo enfrentaban al grupo militar liderado por el Comandante Cornelio Saavedra. Algo así solo puede llevarnos a pensar que la conformación del Primer Gobierno Patrio fue una tarea muy compleja. Interpretaba la necesidad visible de todo un continente atravesado por sórdidas rivalidades. Lo sorprendente en este asunto es que, dentro de semejante ambiente, los integrantes de la Primera Junta abandonaron por un momento sus disputas e hicieron causa común para enfrentar el desafío urgente que proponía el avance hacia la Modernidad.  

Ya hemos hablado aquí de la Masonería, cuya efervescencia intuyó el Virrey Arredondo en 1795. Pero también Saavedra y Moreno fueron masones, a pesar de que pensaban muy distinto. Aparentemente, la fractura había herido el seno de la propia Logia. Hoy el imaginario ha amalgamado a aquellos hombres. Pero, ¿qué intereses representaban? ¿Qué había en juego dentro de la Masonería Independentista?  

Los sucesos que se desarrollaban en Europa podrían haber confundido a cualquiera y seguramente ahí estaba el origen de la fractura masónica. Carlos IV, viendo que su tratado con los ingleses terminó en dos invasiones que amenazaron el poder de España en el Río de la Plata, abdicó a favor de su hijo. El sucesor, Fernando VII, fue rey en un período muy breve, durante los meses de abril y mayo. En 1808, Napoleón destronó a la dinastía reinante y dejó a su hermano José I Bonaparte ocupando el trono de España. «La proclamación oficial de José Napoleón I se efectuó con toda solemnidad el día de la fiesta de Santiago», dice Joan Mercader en “José Bonaparte, 1808-1813” (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid 1971).

Existe una trama muy colorida tejida al respecto. No faltan condimentos: espionaje internacional, comercio transoceánico entre potencias enemigas y maniobras de los representantes enviados por Napoleón. Podría tratarse de una novela de espías y contraespías. Este período estuvo enmarcado por lo que se llamó «el Primer Imperio Francés». Cuando Napoleón Bonaparte se autoproclamó Emperador en París, la Revolución de 1789 había llevado a Francia a sucesivos fracasos. El orden militar aportó una fantasía de estabilidad que derivó en la expansión bonapartista por grandes regiones del Viejo Continente. Algunas ideas que Napoleón tomó de los masones fueron muy interesantes y decidió imponerlas, desterrando de este modo a las vetustas monarquías europeas. Creó el Código Civil en Francia y prohibió la Inquisición en España, llegando a aprobar grandes proyectos urbanísticos, favorables al desarrollo de un nuevo tipo de sociedad.

A pesar de lo provechoso que todo esto parece, muchos resumen el período vivido entre 1804 y 1814 no como el Primer Imperio, sino como la Dictadura Napoleónica. Su influencia se sintió en todo el mundo. No resulta fortuito que las democracias nacidas de las revoluciones de América Latina reúnan la impronta moderna del Acuerdo Social de Rousseau y al mismo tiempo el antiguo caudillismo romano que proponía el bonapartismo. Este estilo de liderazgo no venía del criollo emancipado: había nacido con Napoleón. Los líderes locales simpatizaron rápidamente con el arquetipo del héroe militar al estilo Julio César, que tendía a perpetuarse en el poder a modo de dictador.

En esos años el germen napoleónico afectó a figuras tan disímiles como Simón Bolívar, Juan Manuel de Rosas, Quiroga, Andrés de Santa Cruz y Sucre entre muchos otros. San Martín, excepcionalmente, rechazó sin miramientos las ideas transcontinentales. Se negó rotundamente a lucir los laureles del poder. Pero, pese a sus denodados esfuerzos, no logró escapar de la iconografía napoleónica. Su figura, sus retratos afrancesados, neoclásicos, recuerdan el modelo de los pintores oficiales del Primer Imperio. Artistas franceses como Jean-Auguste Ingres y Jacques-Louis David, construyeron la figura del héroe ecuestre encarnándola en la talla imperial de su empleador: el propio Napoleón. Para ello adaptaron los símbolos de la antigua Roma a la moda europea del 1800. Entendiendo estas razones, tanto ideológicas como estéticas, no resulta casual que nuestros próceres se vean tan bonapartistas.

Fue exactamente durante los tiempos de José I que se llevaron a cabo las cinco revoluciones más importantes del continente americano. La Revolución del 19 de abril que iluminó el Cabildo de Caracas y llevó la Junta Suprema al poder de Venezuela. La Revolución de México con el Grito de Dolores. La Junta Provisional Gubernativa de Chile y el Acta de Revolución en Colombia… Todas estas manifestaciones emancipadoras tuvieron lugar en 1810 con Bonaparte controlando la corona española desde Madrid. Cada una respondió a un sector de la trama creada por las milicias revolucionarias americanas, a favor o en contra de José I.

Cornelio Saavedra pertenecía a este tipo de milicias revolucionarias. Nombrado jefe del Cuerpo de Patricios después de su demostrada heroicidad en las Invasiones inglesas, parece que se acercó peligrosamente a los grupos masónicos imperialistas franceses. Tal vez por eso Moreno y Belgrano, masones tradicionales, durante los días de la Junta Grande, lo acusaron de querer mostrarse como Emperador de las Américas. Una suerte de Napoleón criollo.

Seguramente se trató de alguna clase de rumor malintencionado. Sin embargo, es probable que la pintoresca anécdota tenga sus bases en sucesos no demasiado fantasiosos. La historia registra que en un banquete organizado por Cornelio Saavedra en las instalaciones del cuartel de Patricios en 1810, la división de las aguas entre Saavedristas y Morenistas marcó la primera grieta de la política local.

La esencia del pensamiento argentino, desde su gestación, registra inmemoriales reyertas protagonizadas por caudillistas y parlamentaristas. ¿Será por eso que somos como somos? La primera alianza de gobierno que existió en nuestra historia tuvo tantos desacuerdos internos que el abril anterior a aquel mayo de 1810 se convirtió en un laberinto. La primera noticia había llegado de Venezuela. Abril encendió la mecha del polvorín americano en Caracas. Sin embargo, también se convertía en un símbolo de confusión y miedo. La antigua palabra romana “Aprilis” definía al mes de la primavera en el hemisferio norte. Sin embargo, ocultaba una historia muy oscura: desde el interior mismo de la tierra surgía una doncella que venía a iluminar el mundo con flores, para luego volver a la oscuridad donde ocultaba los secretos de su esposo, el rey del infierno. ¿Describe acaso semejante imagen, la complejidad que trazó las bases del nacimiento de la política latinoamericana?

Si querés leer las entregas anteriores de las Crónicas de la Argentina desconocida, clickeá en los siguientes links:

I Argentina: la historia que no conocemos

II ¿Sabías que vivimos en el reino del Milodón?

III La universidad de los cazadores prehistóricos

IV El primer idioma que se habló en Argentina

V Las momias mejor preservadas de la historia están en Salta

VI El imperio donde no se ponía el sol

VII La Pocahontas argentina

VIII Elcano vs Magallanes: en 2019 se cumplen cinco siglos de dudas

IX Las voces de los ángeles

X ¿Por qué expulsaron a los jesuitas?

XI Masones en Buenos Aires: el germen de la revolución


Según los datos más difundidos, Mariano Moreno (izquierda) y Cornelio Saavedra (derecha) eran masones. Sin embargo, tenían pensamientos opuestos. Aparentemente, Napoleón había sido artífice de la ruptura dentro de la Masonería. Existían masones bonapartistas y otros que representaban los ideales originales de la Revolución Francesa
Napoleón (izquierda) y San Martín (derecha). El “bonapartismo americano” creó las imágenes de los héroes de este lado del Atlántico mostrando símbolos que algunos grupos revolucionarios rechazaban. 
La moda encierra símbolos muy profundos. No es simplemente el modo de verse que tienen las personas. Napoleón fue retratado por Ingres como Julio César en su esplendor imperial. Su poder fue tan vasto que todos los gobernantes del mundo se le querían parecer. Sin embargo,los estadounidenses decidieron representar a George Washington con los atributos de un filósofo griego. Originariamente en el Capitolio, esta obra de Horatio Greenough se encuentra actualmente en el Smithsoniano.
Izquierda. Napoleón Bonaparte como César según David. Derecha. La democracia estadounidense se origina en los ideales primitivos de la Revolución Francesa, por eso siempre vio con malos ojos el caudillismo. La de América del Norte fue históricamente una democracia parlamentaria más que presidencialista. Sus bases ideológicas se encuentran en os modelos griegos idealizados por la Revolución Francesa.
Existen varias teorías que resumen las intenciones de Saavedra durante el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810. Incluso los eventos del día 25, aún crean controversia. Poco se sabe de los manejos internos de las facciones civiles y militares.

Te sugerimos continuar leyendo las siguientes notas:

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Fecha de Publicación: 31/03/2019

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