Skip to main content

La otra forma de hacer ciudad

El cambio de modelo que la modernidad impuso, influyó de manera muy fuerte en los estándares de vida. Un día nacieron las villas.
Historia
Historia 43
12 noviembre, 2019

Tanto en el siglo XIX como en el XX, el fenómeno de la inmigración europea así como la inmigración interior, coincidieron en la nueva Argentina. ¿Cómo es posible semejante combinación? Lo que sucedía era que las masas poblacionales terminaron concentrándose de modo activo alrededor de sus zonas de trabajo, el microclima creado permitió crecer rápidamente a los partidos políticos con ideas sociales. Otro tanto sucedía con los descendientes de los esclavos africanos, liberados de la servidumbre por la Constitución de la Nación Argentina, de 1853. Sin embargo la esclavitud dio paso a alguna clase de trabajo ocasional que no llegaba a ser del todo rentable y se parecía a veces demasiado a la antigua servidumbre.

Como dijimos, las formas de vida de los inmigrantes europeos se superpusieron con las desarrolladas por las masas de trabajadores criollos. El resultado no siempre fue la mezcla. Los inmigrantes rearmaban algo que evocaba sus raíces y los hijos de los pueblos preexistentes, instalaban comunidades muy parecidas a sus originarias tolderías. La llamada villa miseria tiene su origen en este antiguo desarraigo cultural.

Había allí un remedo de toldería, diría Francisco Pascasio Moreno, conocido como el perito Moreno, en el Diario de Buenos Aires en 1885. Comentaba cómo los pueblos preexistentes armaban en sus nuevos asentamientos (cerrados o al aire libre), los estilos de vida que venían de sus ancestros.

En  “Las formas ‘pobres’  de hacer ciudad: un recorrido histórico sobre las modalidades de hábitat popular y su incidencia en la agenda estatal”, María Florencia Rodríguez  (Estudios de Economía Política y Sistema Mundial, edición 13), explica:

 “Los sectores populares han desarrollado, a lo largo de los años, diversas estrategias habitacionales a los fines de acceder a la ciudad. Es así que, a través de modalidades habitacionales ‘informales’ -conventillos, inquilinatos, villas, asentamientos y ocupaciones de inmuebles- los sectores de menores ingresos reprodujeron su vida material, en un marco donde la ciudad -el espacio urbano- posibilitaba el acceso a oportunidades de empleo, infraestructura y equipamiento urbano (transporte público, educación, salud y recreación). No obstante, interesa señalar que los procesos de autogestión del hábitat que los sectores populares han podido desarrollar estuvieron vinculados -en gran medida- a la situación económica del país como también a la actitud de tolerancia o no que el gobierno tuvo hacia ellos.”

El cambio de modelo que la modernidad impuso, en consecuencia reinventó los estándares de vida individuales. Los objetivos de los diversos grupos no siempre se ajustarían a las posibilidades que los asalariados alcanzaban. La brecha entre los trabajadores dejó así de ser cultural y pasó a ser económica. Las villas finalmente acogieron a grupos que no tenían origen en la mentada toldería. Fueron las nuevas villas. Todos necesitaban las mismas cosas para adaptarse a los nuevos tiempos.

Al respecto,  María Florencia Rodríguez, agrega que “una de las modalidades autogestionarias de acceso al hábitat fueron las villas de emergencia, que surgieron con fuerza en los años 40. La tolerancia hacia esta modalidad se mantuvo hasta 1976, momento en que la última dictadura militar implementó políticas de erradicación generando el desplazamiento forzoso de los sectores de menores ingresos allí residentes”.

Realmente, lo que sucede es que las formas de vida en los grupos suburbanos, reconocían sistemas inherentes de inequidad, los cuales llevaron al reclamo y la asociación en grupos de coincidencia sistemática de protesta.  

El Movimiento Obrero, por ejemplo, había nacido muy lejos por motivos semejantes, relacionados con el hábitat y la adaptación de los más pobres en las grandes concentraciones urbanas. Ya entre los trabajadores ingleses las dificultades eran las mismas. De ahí, sus nuevas formas de agrupación y protesta habían pasado a toda Europa.

En mayor o menor proporción, su crecimiento tuvo que ver con la relación existente entre la cultura obrera y el Capital, entre el asalariado y el comerciante. El desarrollo de los grandes movimientos urbanos trajo como consecuencia, por lo tanto, un crecimiento de los capitales de trabajo. Estos mismos intereses entraron en conflicto con los de los asalariados que, de alguna forma, vendían su tiempo, concentración y fuerza a los dueños del Capital. A decir de María Florencia Rodríguez, “describir y caracterizar las formas ‘pobres’ de hacer ciudad que los sectores de menores ingresos despliegan en la Ciudad de Buenos Aires y el rol que ocupan estas estrategias habitacionales en la agenda estatal”.  Refleja sin duda, sus acciones políticas, las cuales encontraron su génesis a principios del siglo XX.

Una de las modalidades autogestionarias de acceso al hábitat fueron las villas de emergencia (“Las formas ‘pobres’  de hacer ciudad: un recorrido histórico sobre las modalidades de hábitat popular y su incidencia en la agenda estatal”, María Florencia Rodríguez, Estudios de Economía Política y Sistema Mundial, edición 13)

No votes yet.
Por favor espere.....

2 Comentarios to “La otra forma de hacer ciudad”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

También te puede interesar

X