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1 de mayo de 1890: origen del movimiento obrero argentino

Con antecedentes de organizaciones gremiales y resistencia obrera desde 1857, la iniciativa del Vorwärts socialista de celebrar el Día de los Trabajadores fue la primera demostración común del proletariado en Argentina.

Historia
1 de mayo

El fin de la década de 1880 estaba por llevarse puesto el presidente Juárez Celman, en una de las cíclicas crisis económicas con los condimentos fatales históricos de siempre, especulación financiera, corrupción y fraude político. También adelantaba las limitaciones del modelo agroexportador, que fragmentaría al país en dos partes hasta bien entrados los treinta, el capital extranjero y el poder conservador, y en la vereda opuesta, la inmensa mayoría de hombres y mujeres del campo, los trabajadores urbanos, los inmigrantes, los criollos postergados. Las primera huelgas, el alza del costo de vida, el desempleo, la pobreza del interior, las penurias de los mineros y campesinos y la explotación de los indígenas eran los nubarrones inocultables de la “exitosa” modernización,  impuesta por la Generación del 80. De manera subterránea, el aluvión inmigratorio traía ideas nuevas de sociedades justas, y confrontativas, en las mentes de los trabajadores del mundo, que arriban al puerto de Buenos Aires. Ellos serán quienes a partir de 1887 lucharán con sus vidas por la reducción de la jornada de trabajo, el aumento de los salarios, el derecho organizarse y otras revindicaciones como el derecho a huelga. En este contexto,  en el cual no debe ser descartada la agitación burguesa de los futuros radicales y los mitristas, se alumbró por solidaridad internacional la conmemoración  argentina del 1 de mayo, Día de los Trabajadores, en recuerdo a los mártires de Chicago de 1886. Con este ímpetu solidario nacía el movimiento obrero argentino.

Con el antecedente de la Sociedad Tipográfica Bonaerense, creada en 1857,  el primer sindicato argentino, “entusiastas y arrebatados, del taller pasaron al comité y a las manifestaciones… en la imprenta, con el caño apoyado  en el burro, componían con el fusil al alcance de la mano, y luego dormían junto a las cajas, prontos a impedir con su sangre un empastelamiento”, los recordaba Fray Mocho en la primera huelga en el Río de la Plata, el 2 de septiembre de 1878. La llegada masiva de trabajadores del movimiento obrero europeo estimuló la resistencia civil ante condiciones injustas, y sueldos humillantes, especialmente en Buenos Aires y el Litoral. Desde mediados de 1880 anarquistas y socialistas rivalizaban en la organización de los trabajadores, aunque aventajaban los últimos porque mantenían lazo más activos con las organizaciones internacionales y, además, apelaban tanto a los inmigrantes como a los criollos.

movimiento obrero argentino

En estos grupos adquiera relevancia el club socialista alemán Vorwärts - Verein Vorwärts, en verdad, que traducido equivale a Unidos Adelante- , que funcionaba en la calle Rincón al 800,  y que instaba a los trabajadores a adoptar técnicas parlamentarias no revolucionarias para mejorar su situación económica. La vía de la negociación que impusieron estos alemanes que escapaban de la represión de Bismarck,  Karl Mucke, August Latzky y Gustav Weiss, entre otros, empezaba a tener resultados con las agrupaciones que se acercaban al socialismo. Así en 1888 los obreros de la estaciones del ferrocarril consiguen que se les abone sus salarios en oro, en vez de la moneda nacional que perdía ante la inflación, y en 1889 los carpinteros y los albañiles obtienen un 20% de aumento. La institución del Segundo Congreso de la Internacional Socialista reactivó la tendencia a la organización en los trabajadores del planeta, y la Vorwärts participó activamente, en conceptos y recursos, en lo que sería la primera federación sindical argentina.

En aquel Congreso de París de 1889, al cual Argentina envía dos representantes, el alemán Wilhem Liebk y el francés Alejo Payret, perseguido por Luis Bonaparte, declaró que se conmemorará en todo el mundo el 1 de mayo como Día de los Trabajadores. Inmediatamente el Comité internacional Obrero nacional, que funcionaba en la sede del club alemán de San Cristóbal, apresta los medios y lanza un manifiesto a los trabajadores de las Repúblicas del Plata (sic), “¡Viva el 1 de mayo! Día de Fiesta Obrero Universal -arrancaba el documento que alentaba a “disminuir la miseria social, mejorar nuestra suerte dura”, dejando un panorama de barcos que venían y se iban cargados- La Europa entera y la República de Estados Unidos se prepara en los actuales momentos para la gran festividad del primero de mayo  del corriente año (1890)… no se mueven nuestros hermanos para tener pingües aumentos de salarios, casi siempre inútiles porque se les va después en los artículos de primera necesidad, sino en demanda de que las ocho horas de producción no sean más que ocho… el mejoramiento de la situación del proletariado significa además una fortificación para la lucha. Y una garantía para la victoria definitiva”, concluye en un guiño a los anarquistas. La comisión que trabajó en los preparativos del primero de mayo rioplatense fijó un futuro de las agrupaciones de trabajadores, “apolíticas” pese a los enfrentamientos contemporáneos entre el gradualismo socialista y la revolución anarquista, y también propuso un periódico para la defensa de la clase obrera. Se llamaría “El Obrero” bajo la dirección de Germán Avé Lallemant, eminente científico de Cuyo y pionero ecologista, y debajo del título rezaban las leyendas, “Defensor de los intereses de la clase proletaria”, y la célebre mundialmente, “Proletarios de todos los países, ¡uníos!” Desaparecido en 1893 sería el modelo de “La Vanguardia” de Juan B. Justo.

Pero, además de las novedades que venían por barco, los acontecimientos de Chicago de 1886 impactaron fuertemente en la sociedad local por canales insospechados. Y en especial fueron las ígneas crónicas que publicaba el diario La Nación,  con la firma de su corresponsal estrella, el poeta y héroe cubano José Martí. Uno meses antes de que los cuatro condenados fueran colgados el 11 de noviembre de 1887, Martí sostenía que no se había podido probar que estuvieron implicados en el crimen de un policía, y que “los testigos fueron los policías mismos y cuatro anarquistas comprados” Y el 1 de enero de 1888 narraba con vivacidad y rabia, “ya vienen por el pasadizo de las celdas, a cuyo remate se levanta la horca; delante va el alcalde; al lado de cada reo marcha un corchete; Spies va paso grave, desgarrado los ojos azules, hacia atrás el cabello bien peinado, blanco como su misma mortaja, magnífica la frente; Fischer le sigue, robusto y poderoso, enseñándose por el cuello la sangre pujante, realizados por el sudario los fornidos miembros. Engel anda detrás, a la manera de quien va una casa amiga; sacudiendo sayón incomodo con los talones de Parsons, como si no tuviese miedo de morir,  fiero, determinado, cierra la procesión a paso vivo. Acaba el corredor, y ponen el pie la trampa; las cuerdas colgantes, las cabezas erizadas, las cuatro mortajas… una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen a la vez en el aire, dando vueltas y chocando…”, cita Santiago Senén Gonzálz de una nota aparecida en el influyente matutino de los Mitre.

movimiento obrero argentino

 

1 de mayo de 1890. Hora cero del sindicalismo nacional, también.

El 30 de marzo se decidió conmemorar el 1 de mayo en el Prado Español, ubicado sobre lo que es hoy la avenida Quintana, entre Ayacucho y Junín. Y como sede alternativa se ofrecía el angosto espacio el club alemán, en caso que “estuviese lluvioso” -que se incendiaría “misteriosamente” en 1894. Un mes después, en abril, los trabajadores salieron a pegar carteles convocando al mitín, algo realmente inusual debido a las constantes razzias de la policía a los opositores. En el cartel, además de lugar, día y hora del acto, se propugnaba crear una federación de obreros en el país, editar un diario y presentar leyes obreras en el Congreso Nacional. Casi nada, una joya de la comunicación política de la historia argentina. Mientras la policía detenía dirigentes socialistas, en las fábricas y comercios, los patrones amenazaban con despido si sus trabajadores asistían a la convocatoria en La Recoleta. De todos modos se logró juntar 20.000 firmas para el petitorio elevado al Congreso Nacional, que exigía la jornada de ocho horas, la reglamentación del trabajo de jóvenes mujeres y niños, la prohibición de trabajo para menores de 14 años y la reducción a seis horas diarias para menores de 16, el descanso dominical, la Inspección de fábricas y talleres, el seguro contra accidentes, la prohibición del trabajo de mujeres en condiciones sanitarias impropias y del trabajo nocturno de las mujeres, la creación de tribunales arbitrales,  y la atención gratuita de las demanda laborales por la justicia. La Cámara primero se negó a recibirlo el 1 de julio de 1890, luego accedió y lo pasó comisión. El diputado Ayarragaray lo archivó argumentando que las peticiones eran “extranjerizantes y subvertían el orden natural del trabajo” Pasaron más de 50 años para que se cumpliera cabalmente el petitorio, durante el primer gobierno peronista.

A pesar de que el día amaneció lluvioso, aquel jueves 1 de mayo al fin se realizó la asamblea. Para el diario La Nación, concurrieron 1200 obreros, en tanto a La Prensa mencionó que asistieron casi 2000. Los organizadores calcularon 3000 trabjadores. Lo que no se ahorraron las publicaciones fueron los comentarios despectivos, unos afirmando que querían “ser socialistas para ganar más y trabajar menos”, otros diciendo que fue un acto “descolorido y aburrido” Incluso hablaron de los participantes como “polillas humanas” Estaba fuera de su mentalidad clasista que asistían a la primera manifestación unitaria de la clase trabajadora argentina, por encima de las diferencias ideológicas, participaban liberales, socialistas, anarquistas y republicanos, base del futuro sindicalismo.

El mitín contó con la apertura de José Winiger y después hablaron Arnaldo Sánchez, Marcelo Jackel y Carlos Mauli. Los discursos fueron en español, Italiano, francés y alemán.  Sin embargo a estar raíz multinacional,  las intenciones eran claramente un análisis sagaz del naciente proletariado vernáculo y sus posibilidades, “venimos a presentarnos a la arena de la lucha de los partidos políticos de esta República como campeones del proletariado que acaba desprenderse de la masa no poseedora, para formar el núcleo de una nueva clase, inspirada por la sublime doctrina del socialismo científico moderno… acaba de tomar posición frente al orden social vigente… la lucha de la clase proletaria por el mejoramiento de su situación económica, es inseparable de la participación enérgica como clase tiene que tomar en la política del país”, arengaban en los discursos, que luego fueron reproducidas en “El Obrero”, y advirtiendo sobre el sometimiento del país al imperio británico. Faltaban unos meses, la chispa estaba encendida, y la Revolución del Parque de Hipólito Yrigoyen haría un campo de batalla en la actual Plaza Lavalle, frente a Tribunales.

El 4 de enero de 1891, una directa consecuencia sindicalista del mitín del 1 de mayo, quedó constituida la Federación de Trabajadores de la República Argentina, que se proponía, “reunión de los obreros de esta región para defender sus intereses morales y materiales, y práctica la solidaridad con los hermanos de todas las regiones en lucha contra el capital y su monopolizadores” Otra repercusión de la movilización en el Prado Español,  ocurrió el 14 de diciembre de 1892 en el café Cruz Blanca, en la calle Cuyo -hoy Sarmiento-, entre Montevideo y Rodríguez Peña. Ante la falta de un partido político que represente en las elecciones a los trabajadores, se constituyó la Agrupación Socialista de Buenos Aires, con los integrantes del comité Vorwärts Juan B. Justo y José Ingenieros. Cuatro años después nacería formalmente el Partido Socialista Obrero,  durante el congreso constituyente realizada en la sede de Rincón del club alemán, entre el 28 y el 29 de junio de 1896.

 

Otros 1 de Mayo, otros tiros en la oscuridad

El 1 de mayo, fecha de la fiesta internacional de los trabajadores, tuvo lugar la doble manifestación anunciada que organizaron el Partido Socialista, por su parte, y la Federación Obrera, con crecido número de la anarquistas, por otra; tal cual viene ocurriendo desde 1890”, informaba la revista Caras y Caretas, en una amplia cobertura de 1902, el año que entraba en vigencia la infame Ley de Residencia, o Ley Cané, que autorizaba al Estado Nacional a expulsar extranjeros/opositores, y que recién fue derogada en 1958, aunque el presidente Frondizi lo utilizó para justificar su ley de defensa nacional, “…. Poco después del mediodía llegaron a la plaza Constitución numerosas sociedades… representantes del Centro Socialista Femenino…unas 5000 personas escucharon al doctor Juan B. Justo hablar sobre la cuestión social, y a la señora Cecilia de Baldovinos con una bella disertación (sic) acerca del trabajo de la mujer y los niños de la República…-y para marcar diferencias con el “salvaje” anarquismo-la columna de la Federación Obrera la formaron los albañiles de Lomas, los panaderos de La Boca, cocheros, repartidores de pan, calderos… se reunió en la plaza Lorea…. No siendo tan tranquila como la socialista pues algunos gritos destemplados provocaron intervención policial”, en un prolegómeno del sangriento primero de mayo de 1909, que dejó el saldo de doce obreros muertos y 105 heridos “Después de los primeros tiros,  los manifestantes con sus banderas huyeron de la acometida policial, entre ellos la agrupación feminista anarquista” retrataba con imágenes Caras y Caretas la represión contra 30.000 personas, en el único momento de real fortaleza del anarquismo en la Argentina. En un epígrafe bajo una foto desgarradora de la misma edición, “Los últimos momentos del anciano Miguel Besch, español, de 72 años, domiciliado Pasco 932, con su nieto que, llorando, le sostiene la cabeza”. Memoria.

“Recordar no siempre es dulce. Recuerdo aquel terrible 1 de mayo de 1909”, diría el poeta Álvaro Yunque, “yo era un muchacho, un adolescente. Entonces el 1 de mayo no eran días de fiesta. Los colegio no cerraban, las oficinas y talleres tampoco – es feriado desde 1930 cuando el presidente Yrigoyen decidió instituir el 1° de Mayo como “Fiesta del Trabajo en todo el Territorio de la Nación”, aunque no “Día de los Trabajadores”, en su sentido original, más cercano el líder radical al liviano “Día del Trabajo” de hoy en día- No trabajar ese día significaba ser revolucionario. Los patronos, maestros y jefes de oficinas controlaban a quienes se atreviesen a desafiarlos. Yo me atreví. Me hice la “rata” al colegio. Y me largué a la calle a oír, a ver… tenía el presentimiento de que algo iba ver. Y a oír cantar la Internacional e Hijo del Pueblo. El ambiente de ese 1 de mayo, como todos los 1 de mayo era inquietud, incertidumbre, de temor…. La oligarquía argentina desde 1889 estaba empeñada en resolver los conflictos entre capital y el trabajo a los sablazos y a los tiros, con calabozos y destierros. Para los argentinos, Ushuaia, para los extranjeros la Ley de Residencia…. Llegaba precisamente aquel 1 de mayo de 1909 con una gran manifestación obrera -en plena huelga del gremio del rodado de la Capital porque el intendente Guiraldes quería imponer una libreta de identidad, discrimintaria de los extranjeros,  y un código municipal que elevaba las tasas a los cuentapropristas-, lentamente cantando con banderas rojas al viento por la Avenida de Mayo. Habían pasado la calle Cevallos. Su cabeza estaba llegando a Solís. Un tiro. Y enseguida muchos tiros. Gritería. Los cosacos -como se conocía a la caballería de policía porteña, no precisamente por su humanitarismo- cazaban argentinos y no argentinos a mansalva. La multitud espantada huía. Los caballos del escuadrón, los sables revoleados sobre sus cabezas, pisoteando fugitivos… yo ví la Avenida de Mayo teñida en rojo”,  cerraba Yunque, el escritor y ensayista fundamental  en el nacional y popular Grupo Boedo, aquel que escribiría “Aunque me salga al camino/la espada asesina, yo/no he dejado de ser hombre, y/yo sigo diciendo: ¡No!” Más de 60.000 personas acudieron cuatro días después a la morgue para acompañar los cadáveres a la Chacarita, y la policía volvío a dispersar la multitud, revólver en mano. Entre los manifestantes del primero de mayo sangriento iba un obrero anarquista de origen ruso llamado Simón Radowitzky. El 14 de noviembre de 1909 arrojó una bomba mortal en el vehículo en el que viajaba  el coronel Falcón, jefe de la policía halagado por la Sociedad Rural Argentina y la Bolsa de Buenos Aires tras los luctosos hechos, y quien había dicho a la mañana de ese sangriento primero de mayo, según el diario La Prensa, “hay que concluir, de una vez por todas, con los anarquistas en Buenos Aires”, frente a hombres, mujeres, niños y adolescentes, como el mismo Yunque. Falcón, recordado con una de las calles más extensas de Buenos Aires. Memoria.

 

Fuentes: Echagüe, C. Las grandes huelgas. Buenos Aires: CEAL. 1971; Senén González. S. Los mártires de Chicago. A 110 años de la leyenda en revista Historia. Marzo-Mayo 1996. Buenos Aires; Centenario. Una mirada periodística. 1900-1910. Buenos Aires: Dirección General de Museos. Ministerio de Cultura GCBA. 2011

Fecha de Publicación: 01/05/2021

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