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Volturno: café italiano de industria argentina

Las cafeteras Volturno son un clásico en las cocinas argentinas desde hace décadas. Elaboradas por una empresa familiar, mantienen la calidad y la tradición intactas desde sus comienzos. Te contamos su historia.

Detrás de cada objeto hay una historia, que a veces atraviesa décadas y kilómetros hasta llegar a nosotros y hacernos parte de ella. Pero no son historias aisladas: son historias que nos hablan de nuestra cultura, de nuestra evolución, de nuestra esencia. La de la cafetera Volturno —que en muchas casas argentinas es el alma de la cocina— es una historia de inmigración, de sueños, de proyectos, de trabajo; de una de las tantas empresas familiares que ayudaron a construir el país y que siguen en pie a pesar de todos los vaivenes a los que estuvieron expuestas a lo largo de los años.

Todo comenzó con un viaje en barco que no fue y un guiño del destino. Antonio Varriale llegó a la Argentina a mediados del siglo pasado con una valija y un sueño: quería producir en el país la icónica cafetera Moka, muy popular en Italia desde los años 30, y había conseguido la patente que lo autorizaba a hacerlo. 

Su fecha de llegada original se había visto retrasada por una complicación de salud que, irónicamente, terminó salvándole la vida. Volturno —el nombre que más tarde decidió ponerle a su empresa, cuando finalmente puso en marcha su proyecto— era el nombre del barco en el que debería haber llegado a América, pero al que no pudo subirse porque se enfermó unos días antes de la partida. Desafortunadamente, el Volturno naufragó en alta mar y todos sus pasajeros murieron en el accidente. Varriale decidió que aquel golpe de suerte merecía un homenaje y, por ese motivo, hoy Volturno es un nombre común para los argentinos amantes del café.

 

Sueño compartido

Cuando finalmente llegó a la Argentina, Varriale se instaló en la localidad de Caseros, en el conurbano bonaerense. Fue allí donde conoció a Antonio Julio Onoda, un hijo de inmigrantes —madre española; padre japonés— que trabajaba de tornero, quien se contagió del entusiasmo de Varriale y se sumó a su proyecto. El tercer socio en acoplarse fue Aníbal Dall’Anese, otro inmigrante italiano. Juntos hicieron que Volturno se convirtiera en un clásico en nuestro país, así como ya lo era en Italia.

Como todo nuevo emprendimiento, los comienzos fueron a puro esfuerzo. Los tres socios eran los encargados de llevar a cabo todas las tareas, desde la producción artesanal de las cafeteras hasta su comercialización. Como no podía ser de otra manera, los primeros clientes fueron otros inmigrantes italianos que buscaban reproducir el café que tomaban en sus tierras.

En el año 1967, inscribieron formalmente la empresa, que pasó a llamarse Fábrica Argentina de Cafeteras Express SRL. Poco a poco, ofreciendo un producto de calidad con atención en cada detalle, el negocio fue creciendo hasta que, diez años después, las cafeteras Volturno ya estaban completamente instaladas en las cocinas argentinas. Para ese entonces, contaban con un plantel de 40 personas en planta y fabricaban 10.000 cafeteras al mes. 

 

Con la esencia intacta

De los tres socios originales, con el tiempo solo quedó uno: Antonio Onoda. En el caso de Varriale, decidió regresar a Italia cuando su esposa falleció, por lo que vendió su participación en la empresa a sus socios. Por su parte, Dall’Anese se retiró del negocio en los años 90, cuando el 1 a 1 facilitaba las importaciones y la industria nacional se vio muy golpeada por ese contexto.

Sin embargo, Onoda y su familia siguieron adelante a pesar de todo. Antonio falleció en 2019 y al frente de la empresa quedaron su hijo Adrián y su viuda, Ana María Affonso. Actualmente, cuentan con siete empleados y fabrican 3000 cafeteras por mes. Su producto no tiene competencia en el país: la única alternativa que ofrece el mercado son las cafeteras chinas, que de ninguna manera se comparan con la calidad de una Volturno original, uno de esos productos que nos acompañan toda una vida e, incluso, llegan a ser un legado que se pasa a la siguiente generación. 

Imágenes: Volturno

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