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Purocacao: menos es más

Cuando Rodrigo Bauni encontró un nicho de mercado en los regalos “elegantes”, Purocacao no paró de crecer. Una producción menor enfocada en clientes exclusivos, la clave de su éxito.

Menos es más, dicen. Y esta empresa es un claro ejemplo de que eso es así. A diferencia de lo que se da en la mayoría de los casos, para Purocacao reducir la producción y enfocarse en un público en particular fue lo que les permitió crecer. Con sus regalos “elegantes”, conquistaron un nicho de mercado que aprecia la calidad superior y el interés por los detalles.

Quien dio origen a la empresa fue Rodrigo Bauni, un gastronómico especializado en la pastelería. Luego de ganar experiencia en los Estados Unidos, donde trabajó en diferentes restaurantes de Nueva York, regresó al país y creó, junto con su socio Martín, un servicio de catering. En un primer momento, lo bautizaron MaRoRe (Martín/Rodrigo/Repostería).

Rodrigo no tenía en sus planes especializarse en el cacao, pero el destino abrió ese camino y él no dudó en encararlo. Uno de sus clientes más importantes les encargó 6000 kilos de bombones por año y, a pesar de no estar especializados en ese rubro, decidieron enfocar su producción en el chocolate. Fue así como nació Purocacao.

En 2008, Martín se abrió de la sociedad y Rodrigo sintió que su proyecto tambaleaba. Enfocado en el sector empresarial, continuó con su producción, pero tan solo para unos pocos clientes. Fue momento de hacer un refresh y replantear la identidad de la marca. A pesar de las dudas, continuó firme al frente de la empresa. A partir de 2010, el horizonte fue mejorando poco a poco, a partir de la llegada de nuevos clientes y de colaboraciones con grandes empresas.

Un atelier de cacao

Antes de dedicarse a la gastronomía, Rodrigo había tenido formación en Bellas Artes. De pronto, sintió que todo cobraba sentido: la forma en la que él trabajaba el chocolate era lo más parecido a una obra de arte. Por eso decidió que su local sería un “atelier de cacao”, un espacio donde se honra la materia prima y se logra un producto final único, irrepetible y exclusivo, como cada uno de sus clientes. En 2016, inauguró el Atelier de Purocacao en el barrio de Coghlan. Entre las opciones que elabora Rodrigo, hay algunas inesperadas: bombones con roquefort, con provolone y chocolates rellenos de whisky.

Así lo presentan en su sitio web: “Hoy en el atelier de la calle Monroe se puede encontrar el sabor más puro del cacao. De la mano de Rodrigo Bauni, Chocolatier, Purocacao busca elevar la experiencia del chocolate, llevándolo a un recorrido sensorial donde convergen sabores, aromas, bienestar y prácticas sustentables”.

El concepto de negocio de Purocacao ahora está más claro que nunca: con una producción menor, crean un producto de elite para unos pocos clientes, que valoran justamente eso. La elegancia, la exclusividad, la oportunidad de tener un producto que no se encuentra en cualquier lado. Una vez que lo entendieron, el negocio explotó.

 

Una pandemia de oportunidades

Purocacao fue uno de los casos para los que la pandemia fue una buena noticia. Con los eventos sociales y empresariales limitados, la posibilidad de hacer un regalo exclusivo pasó a estar entre las prioridades de las empresas. Fue así como su producción aumentó cinco veces en un contexto impredecible.

Para llevar adelante esa coyuntura, decidieron especializarse en un producto de alta gama, con menos producción y clientes exclusivos. Pedidos para grandes empresas y su propio e-commerce fueron los medios a través de los cuales lograron ese crecimiento.

Hoy, los planes de Rodrigo para Purocacao apuntan hacia el exterior. Los números y la experiencia están de su lado. Será momento, entonces, de desplegar las alas y seguir volando, cada vez más alto.

Imágenes: Purocacao

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