Ser Argentino. Todo sobre Argentina

Fabricaciones Militares. Madre de la Industria Argentina

Con más de 80 años de historia con el futuro que soñaron el General Savio, Perón y Arturo Frondizi, aunque de un presente incierto, fue el engranaje fundamental para que exista el Hecho en Argentina.

Quizá viajaste en algún vagón por el país real, aquella Argentina profunda, y viste que junto a logos chinos aparecían otros más gastados y redondos, un “FM” envuelto de los colores nacionales. O en Buenos Aires, en la resiliente línea E, notás arriba el mismo logo, distinto a los ideogramas orientales corrientes. Preguntás a tus abuelos y un lagrimón se pianta. Fabricaciones Militares, obra de conservadores, agigantada por radicales, peronistas y desarrollistas, era una de las marcas orgullo nacionales, que fabricaba desde vagones, piezas de precisión para las pequeñas y medianas industria y explosivos apreciados en el mundo, a fertilizantes para la agroindustria, autopartes de automóvil y aviones a reactor, pioneros como el Pulqui. Amenazada por los gobiernos neoliberales de los últimos cincuenta años, que gobernaron la mitad del periodo, transitar su pasado es reconocer que la industria metalmecánica, siderúrgica y electromecánica, el transporte, la minería o la explotación petrolera perviviría en una fase subdesarrollada sin FM, tanto en el aspecto público como privado. En 1941, y en el 2000, también, diría un patriota de acero, el General Manuel Savio, antes en hierro, hoy en chip, “la industrialización del país es imprescindible e impostergable como factor de equilibrio económico-social”. Y Fabricaciones Militares estará allí.

San Martín, cuándo no, fue un adelantado en la necesidad de una industria propia, la soberanía económica junto a la política, y el complejo-industrial de El Plumerillo en Mendoza en 1816 sería un ejemplo. Pasarán muchos años para que el ejército del general Pablo Riccieri recogiera esta semilla industrialista, primera orientada a la provisión militar, pero con un impacto mayor en la sociedad, como lo demuestra la fábrica militar santafesina de Puerto Borghi, que hacia 1910 comercializaba pinturas y lubricantes.

Un capitalismo posible para una nación posible

Bajo la presidencia de Alvear se centralizan las fábricas dispersas militares y se anuncia el camino que, alentado por el General Mosconi desde YPF, tendrá el general Savio en el rol de motor no solamente de la industria militar, sino de toda la industria argentina. Si bien existía en los treinta una tímida clase industrial, enredada en la ditirámbica discusión de empresas “naturales” -derivadas del campo- o “artificiales” -orientadas a la sustitución de importaciones que los conservadores y radicales empezaban a proteger-, al tesón de Savio se le debe la aprobación del Plan Siderúrgico Argentino en Junio de 1947 y, una de las instituciones más trascendentales para el desarrollo tecnológico de la República Argentina, la Dirección General de Fabricaciones Militares (DGFM), instituída por Ley del Congreso el 24 de Octubre de 1941. En su momento FM aglutinaba la fábrica militar de Aviones, de Armas Portátiles, la de Material de Comunicaciones, la de Aceros, la de Pólvoras y Explosivos y la de Munición de Artillería pero Savio proyectaba, con el apoyo de privados, nuevas de química y minería. Savio, como Perón, pensaban en que el futuro eran las sociedades estatales mixtas-privadas, no exclusivamente públicas, en un capitalismo posible para una nación posible.

Y, además, contrariamente a lo que se cree, más allá de la presión de los militares asustados en el crecimiento bélico brasileño y el salvaje boicot norteamericano por el neutralismo en la Segunda Guerra Mundial, fue determinante para plasmar los proyectos de Savio, al apoyo del “oligarca” presidente Castillo. “Los países exclusivamente ganaderos y agrícolas están destinados a la servidumbre, eso es cosa del pasado. Necesitamos carbón, hierro, cobre, metales diversos, etc. En el mundo moderno, esas industrias son la base de la liberación económica y de la autonomía nacional”, decía este dirigente conservador que, palabras más, palabras menos, adelanta el discurso del peronismo y el desarrollismo. Para 1943 así la fábrica de FM de Valentín Alsina fabricaba 130 mil lingotes de acero, superando a los producción brasileña y chilena. De los primeros industriales que acompañaron y se beneficiaron de este salto de FM, que expandiría insospechadamente para sus impulsores su capacidad a la industria manufacturera local, fueron Carlos Tornquist (Talleres Metalúrgicos San Martín, TAMET) y Torcuato Di Tella (Sociedad Industrial Americana de Maquinarias, SIAM).

 

 

Fabricaciones Militares, corazón del industrialismo argentino

Antes de la asunción de Perón en 1944, ATANOR, dependiente de FM, se transforma en la cúspide de la industria química. Altos Hornos Zapla y Sociedad Mixta Siderurgia Argentina (SOMISA), sentando las bases de la siderurgia nacional autónoma, conformarían las joyas de FM de esos fines de los cuarenta, que derramaba en un crecimiento industrialista inédito en el Cono Sur. El inicial modelo privado-mixto produjo la explosión del mercado interno, pese a las burocracias estatales, y las reticencias de los  privados. Casi un 85% de lo producido por FM era para el consumo local desde máquinas de coser a carrocerías de ómnibus. También, contrariamente a lo que se piensa, las ganancias eran para el Estado, que estaba obligado a reinvertirlas, como para las empresas privadas, coligadas a la producción -que, claro, no estaban impelidas a invertir el lucro.  

El primer televisor argentino, FM Evita, es producido en 1953 en FM. Además fabrica el primer tanque sudamericano, el Nahuel, que en los ochenta sería continuado por el TAM -Tanque Argentino Mediano-, salidos en Boulogne Sur Mer, provincia de Buenos Aires, y uno de los más modernos de la región. Durante el peronismo, un viejo sueño de Savio, cada una de las plantas incluía centros de capacitación y los vínculos con los secundarios y universitarios se intensificaron, algo que los golpistas del 55 no discontinuaron como la producción de motores trifásicos en San Francisco, que se volvieron a importar.  En aquella época se empezó la producción del fusil que distinguiría al Ejército y que peleó en Malvinas, el FAL. También se amplió FM a productos impensados como el vinilo para la industria fonográfica, que crecía sin parar al igual que la clase media.