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DulceAndo: aquellos viejos sabores nuevos

Madre e hija llevan adelante este emprendimiento en el que comercializan dulces con sabor a infancia. Volver a lo natural, la clave de su éxito. Conocé por qué las mermeladas de DulceAndo ya son todo un suceso.

El olor a café y tostadas a la mañana, antes de ir al colegio. El asadito con amigos al calor de las brasas. Un puchero potente para alivianar el frío. El aroma del tuco recién hecho cuando te despertabas con resaca un domingo al mediodía. El pote de helado en el borde de la pileta una tarde calurosa de verano. La comida no activa solamente el sentido del gusto: activa momentos, personas, recuerdos, lugares, sensaciones. Un solo bocado nos puede llevar de viaje a las épocas más preciadas. El secreto del éxito de DulceAndo es precisamente ese: el superpoder de trasportarnos a los momentos más dulces de nuestra infancia.

En la casa de María Conte Grand, el aroma a mermelada siempre fue una constante. Su abuela, su madre, y después ella, llenaban frascos y frascos con esos dulces hechos de fruta fresca y mucha azúcar. Su hija Victoria también creció rodeada de esa tradición familiar que hoy se convirtió en un emprendimiento exitoso.

Todo comenzó —como tantas cosas— durante la bendita pandemia, a través de una convocatoria que tuvo María para participar de Convidarte, una red de voluntariado que se encarga de hacerles llegar un plato de comida caliente a las personas que asisten a comedores sociales. Fue así como se reencontró con la cocina, que hasta ese momento había sido solo un hobby y, casi naturalmente, pasó a ser un negocio.

Fue como una revelación: luego de esa experiencia, sintió que era el momento de darle a ese pasatiempo un entorno comercial. Comenzó a hacer las mermeladas y a jugar con el packaging, y todo fue tomando forma poco a poco. Victoria se sumó al proyecto, en el que se encarga de la parte de ventas y marketing. Así fue como nació DulceAndo.

Una explosión de sabores

Ya nadie tiene tiempo de cocinar dulces caseros, en especial quienes viven en el ritmo vertiginoso de la ciudad.  Tal vez haya sido por eso que hoy, a menos de un año del lanzamiento de la marca, las mermeladas son todo un éxito. Ya tienen 18 sabores diferentes (muchos de los cuales fueron sugeridos por los propios clientes) y continúan expandiéndose hacia distintos puntos del país.

El puntapié inicial fue en la Ciudad de Buenos Aires, donde los dulces artesanales son difíciles de encontrar o tienen poca variedad. Y, comparadas con las mermeladas industrializadas, DulceAndo fue una explosión de sabor. Y de recuerdos. Ese lugarcito en el corazón de los clientes, que desata la nostalgia de épocas pasadas, sumado a la calidad de las materias primas y al proceso artesanal con el que se realizan, se convirtió en una fórmula infalible para que el emprendimiento disparara y siguiera creciendo sin parar.

Otro de los puntos que diferencian a DulceAndo de otras opciones del mercado —si es que las hay— es la gran variedad de sabores que ofrecen a sus clientes. Hay para todos los gustos: están los clásicos, hechos a partir de una sola fruta, y los gourmet, que combinan más de una, con resultados que revolucionan los sentidos. Frutilla, frutos rojos, ciruela, membrillo, quinoto, tomate, naranja: cada quien tiene su preferido. Los valores oscilan entre los $500 y los $700.