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Elcano vs Magallanes: en 2019 se cumplen cinco siglos de dudas

¿Qué pasó con Fernando de Magallanes? ¿Lo asesinó una tribu local o fueron sus compañeros de expedición los responsables de su muerte?

Historia
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Existe toda una corriente de pensamiento construida en torno al motín que Fernando de Magallanes tuvo que afrontar en San Julián, provincia de Santa Cruz. Sus hombres quisieron matarlo y eso dice mucho de los conflictos que traían de la Europa renacentista. El análisis de los textos escritos por el italiano Antonio Pigafetta, autor de las principales crónicas de la primera vuelta al mundo, aún causa inquietud entre los historiadores. Este año se conmemora el quinto centenario de aquella expedición. Magallanes zarpó de Cádiz con cinco naves el 20 de septiembre de 1519. Sin embargo, las razones que originaron la revuelta de San Julián tienen sus raíces en otro tiempo.

Dos años después del descubrimiento de América se firmó un acuerdo entre Portugal y España para repartirse el Nuevo Mundo. Dicho acontecimiento tuvo lugar en Tordesillas, una ciudad castellana ubicada en Valladolid. Lo más importante del documento consistió en acordar que los intereses de España no sobrepasaran a los de Portugal en África. Del mismo modo, los intereses de Portugal no debían extenderse sobre las islas descubiertas por Cristóbal Colón. Ignorando la magnitud de Sudamérica y siguiendo aún las medidas del mundo aportadas por Eratóstenes, se trazó una línea de “polo a polo” que dividiría las tierras del Atlántico entre los dos imperios marítimos.

A partir de ese instante, la conquista del sur del mundo dio lugar a una feroz competencia protagonizada por todo tipo de empresarios. Parece que Magallanes comenzó a planear su expedición estando al servicio de Manuel I, rey de Portugal. Pero el monarca tomó con poca seriedad su propuesta, pensando que circunnavegar África era mucho más práctico que usar el recorrido americano. Por aquel entonces las cargas que llegaban de las Islas Molucas a través del Cabo de Buena Esperanza le dejaban a la corona el 2.000 % de ganancias sobre cualquier botín. En consecuencia, Manuel transfirió el negocio de América a un empresario inescrupuloso, que ofrecía a los marinos una ínfima parte de lo obtenido en cualquier territorio transatlántico.

Furioso, Magallanes abandonó Portugal y decidió cambiar de nacionalidad. Le pidió a Carlos I de España que financiara su viaje y que lo hiciera castizo por opción. Por raro que parezca, el emperador aceptó, pero pronto envió a Pedro de Mendoza con una misión similar. Ahí estaría la esencia del conflicto que enfrentó Magallanes durante el resto de su vida. El emperador desconfiaba de él. Lo consideró algo así como un mal necesario.

Exactamente cuando la expedición al sur del mundo tomaba forma, los españoles que acompañarían a Magallanes comenzaron a extender el nefasto rumor. Casi todos dudaban de su cambio de nacionalidad. Juan Sebastián Elcano adhería firmemente a esta teoría. Quizás por eso Pigafetta evitó nombrarlo a lo largo de la mayoría de sus crónicas, generando un misterioso recelo respecto a su figura. Extraño, si pensamos que la corona de España lo terminó condecorando por su valentía en 1522. Probablemente el odio que Pigafetta le profesó a aquel hombre se fundara en una sospecha que la historia olvidó de manera selectiva. El autor de La primera vuelta al globo imaginaba que Elcano era un infiltrado enviado por el propio Carlos a fin de mantener a raya al marino portugués. Probado está que, cuando la expedición comenzó a bordear América del Sur, Elcano fue uno de los marinos que estuvo a punto de matar al descubridor al grito de “¡viva el emperador, viva España!”.

Según parece, Magallanes explicó a Elcano y a los otros amotinados que la Bahía de San Julián no era la verdadera puerta al Pacífico. Debían ir más al sur para encontrar la conexión entre ambos océanos. La mayoría de los autores insisten diciendo que Elcano se disculpó amablemente por el intento de asesinato. Pero Pigafetta describe los acontecimientos con mucho más dramatismo. Revela que los insurrectos, después de recibir su castigo, esperaron a que Magallanes encontrara el mentado pasaje transoceánico y contaron los días que quedaban para deshacerse de él. Probablemente así debieron ser las cosas, aunque el cronista italiano manejó sus dichos inteligentemente: entendía que el emperador Carlos y después su heredero Felipe, eran los únicos mecenas que encontraría en toda Europa. Aquella era una gesta española.

A pesar de tantas intrigas y desventuras, la expedición logró descubrir Tierra del Fuego, costa en la cual divisaron una serie de inmensas hogueras encendidas por los nativos. Acto seguido, al ver el panorama desde Punta Arenas, resultó inevitable deducir que aquella masa de agua se conectaba a un canal más angosto y extenso. Por fin Magallanes había encontrado el estrecho que unía ambos océanos. Mientras tanto, según pasaban las semanas, el capitán comenzó la cuenta regresiva que lo llevaría a encontrar la muerte. Las naves tomaron la ruta de las islas Molucas. Con el objeto de refrendar su hispanidad ante los compañeros de Elcano, Magallanes dedicó el siguiente desembarco al heredero del emperador Carlos. Aquellas islas descubiertas en 1521 se llaman desde entonces Filipinas, en honor a Felipe II. Pero una actitud tan políticamente correcta no sería suficiente para calmar a los marinos que ya habían obtenido de Magallanes lo único que podía ofrecer.

Aquí, la historia contada por Pigafetta da el giro que ya venía anunciando. Explicaría que Elcano y sus adeptos regresaron a la península ibérica en 1522 con terribles noticias: Magallanes, después de rechazar todo tipo de ayuda, había muerto a manos de los indómitos habitantes de Mactán. Ahora, ¿es pura casualidad que el autor italiano decidiera centrar su atención en el capitán portugués en lugar de hacer una lista de sus enemigos? “Era un gentil hombre”, escribió sobre Magallanes. “No entiendo por qué lo aborrecieron tanto los españoles” concluyó, confundiendo a todos hasta hoy.

¿Ocultaba Pigafetta que la tripulación fiel al emperador había participado del asesinato del capitán? No lo sabemos. Lo único comprobable es que en gran parte de los relatos de La primera vuelta al globo, sus expresiones muestran la desconfianza que acompañó a Magallanes hasta el día de su muerte. Probablemente los españoles lo abandonaron en plena batalla contra los habitantes de Mactán. El mismísimo testimonio de Elcano resultó ser contrario al marino portugués. Declaró ante la corte: “Magallanes tuvo atoda la gente en su mano para hacer todo lo que se le antojaba”. Cabe preguntarse: ¿por qué decidió resolver casi en soledad aquella disputa con los isleños?

Lo cierto es que Elcano fue quien terminó el viaje alrededor del globo. Ganó fama y prestigio. Los títulos que se le otorgaron resultaron mayores que los prometidos a Magallanes. Además, la ausencia de datos históricos permitió a la posteridad hacer de él uno de los héroes por antonomasia entre los marinos modernos. Antonio Pigafetta, en cambio, regresó silenciosamente a Italia. Dos veces se refirió a los sucesos que tuvieron lugar entre 1519 y 1522. Una, ante la corte del Gran Maestre de la Orden de Rodas. Otra, por pedido del papa Clemente VII. Después de aquel día, nunca volvió a escribir.


 En San Julián, provincia de Santa Cruz, existe una réplica de la nave principal de Magallanes (izquierda). El castigo a los insurrectos fue impiadoso. Sin embargo no sirvió de escarmiento. Puerto San Julián se transformó en refugio para la tripulación de los cinco barcos, fieles o no al marino portugués. Pasaron allí el invierno de 1520.
El Estrecho de Magallanes según la cartografía moderna. Nótese la oposición de Punta Delgada y Manantiales. Desde allí puede verse la Primera Angostura. El Estrecho de Magallanes se vislumbra de San Gregorio a la Isla Isabel.

A la izquierda, Fernando de Magallanes. Basado en las Cartas de Vespucio, entendió que al sur del Nuevo Mundo podía existir un sector donde el Pacífico y el Atlántico confluyeran. Se cumplen en 2019 quinientos años de su partida del puerto de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz). A la derecha, Juan Sebastián Elcano, uno de los marinos que se revelaron en la Bahía de San Julián. Aquellos acontecimientos aún enturbian su figura. Sin embargo mucho se ha hablado de las proezas de este héroe español. Tanto, que las crónicas posteriores lo terminaron honrando ciegamente, hasta idealizarlo.
Imagen del mundo en épocas del Tratado de Tordesillas. Portugal intentó por largo tiempo determinar si Tierra del Fuego estaba al oriente o al occidente de la línea del acuerdo firmado con España.
Cuando los  portugueses supieron de la existencia de Brasil, enviaron una serie de expediciones al mando de Pedro Alvares Cabral, con el fin de conquistar la Sudamérica Lusitana. En 1531 ya habían fundado las ciudades de Santos y Pernambuco.
Islas Filipinas, llamadas así en honor a Felipe II, hijo del emperador Carlos I. Al llegar a Mindanao, Magallanes hizo de aquel territorio parte del imperio español.

Fecha de Publicación: 03/03/2019

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