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Si nos ordenamos… ganamos todos

No cabe dudas de que los japoneses son un pueblo a imitar. Su evolución como país se ha sustentado en la educación. Algo de lo que adolescemos nosotros.
Editorial
12 diciembre, 2019

El otro día, me llegó un viral de un reportaje a un ejecutivo mexicano, descendiente de japoneses. Evidentemente, es un tipo importante o destacado en México. Me gustaría saber su nombre para buscar más de su vida. Y aprender.

El periodista le pregunta cuál es la diferencia mayor en la educación japonesa respecto de la latinoamericana. Demás está decir que venían hablando de lo distinto de la cultura oriental respecto de la latinoamericana. Del progreso sólido, grande, constante, que hizo Japón luego de ser arrasado por dos bombas atómicas en la Segunda Guerra Mundial. De cómo se levantaron de las cenizas hasta ser hoy una potencia mundial. En solo 70 años. Lo que para un país no es nada.

Está claro que la cultura oriental es milenaria y eso marca las diferencias de sabiduría entre pueblos. Los mexicanos, al menos tenían a los mayas. A nosotros, ni los incas nos pasaron cerca. Y se nota. Somos un pueblo pobre en sabiduría. Adolescente. Bendecido por Dios con bienes.

Lo que dijo el mexicano no lo vi venir

El mexicano dijo que se trata de una gran diferencia en la educación. Obvio. Los japoneses son un pueblo educado por sus líderes. Así lo han preferido y buscado sus emperadores. No así como pasó en China, en donde el pueblo es sometido a la no educación, como acá.

Ésto es lo soprendente

Entre otras cosas, el ejecutivo dijo que una de las principales razones es que a los chicos, desde el inicio de su vida escolar, los enseñan a limpiar su aula. Limpiar no es un castigo. Con lo que no es un acto ni deshonroso ni malo. De pique, todo lo contrario que acá.

La limpieza y el orden son enseñados en Japón como una llave para el éxito. Y el tipo volcó el ejemplo directo al país. Que es, ni más ni menos, que una suma de individualidades. Claro está, que esas individualidades deberían buscar el bien común y objetivos comunes. Al revés, exacto, de lo que sucede en la Argentina. Japón es potencia y nosotros no.

La limpieza y orden del espacio de trabajo contribuyen decididamente a la eficiencia

Se puede concentrar mejor. Enfocarse más. Ser mucho más productivo, al utilizar estas herramientas. Y eso, lleva a la eficiencia. La eficiencia lleva a mejorar los productos. La mejora en la calidad, a aumentar las ventas. Pero la eficiencia también mejora los procesos de producción y ventas. Entonces, baja el precio del producto. Suben las ventas. Con mejores procesos se asegura cumplir con los pedidos en tiempo y forma.

Y si los impuestos son razonables, los productos son competitivos en el mundo. Aumentan las exportaciones. Las empresas ganan más y los empleados, igual. Quizá, hasta puedan trabajar menos.

Japón es el quinto país más competitivo del mundo

Nuestros hijos, desde Sarmiento hasta hoy, son preparados para retener un montón de información. Cuya utilidad está puesta en duda por Google. Los chicos japoneses son preparados para el éxito.

Ellos tienen la mitad de pobreza que nosotros (16 vs 32). Pero son 130 millones de personas; nosotros, 45. En una superficie montañosa de 400.000 km2. Mientras que la Argentina está bendita de ganado, alimentos y minería, en casi 3.000.000 km2.

Si enseñáramos cosas importantes como el orden y la limpieza, otra sería la historia. Pero dejamos que nuestros gobernantes nos mantengan sin educación. Lástima. Podríamos ganar todos y no unos pocos.

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