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¿Para qué queremos a las cárceles?

La cárceles son necesarias, lamentablemente. Pero tal como están hoy, no sirven para casi nada. Hay que cambiar desde los jueces hasta las prisiones.
Editorial
cárceles argentina
09 diciembre, 2019

Hagamos un poco de historia. En un principio, las cárceles eran solo calabozos en donde los reos esperaban su castigo. Que era corporal. Y bastante bravo. La idea era asustarlos para que no delinquieran de nuevo. No existía la presunción de inocencia.

En algún momento, ésto se empezó a humanizar. Se empezó a cubrir a los verdugos y a los reos. Las cárceles fueron llevadas afuera de las ciudades. En el siglo, 16 los alojamientos se convirtieron en casas de trabajo. Quizá el principio de las cárceles como hoy las conocemos. Sacaban a los presos a trabajar y luego volvían a las casas de trabajo. Pero llegó la revolución industrial y nacieron los miedos de que los presos les quitaran el trabajo a los trabajadores. Y se terminó el trabajo para los reos. Hasta la era moderna, no hubo más intentos.

De resocialización, ni hablar

Nunca se pensó en reinsertar al preso en la sociedad. De enseñarle a no robar, de darle una salida laboral para que pueda volver como un hombre de bien.

Entiendo que hay chorros que quieren ser chorros. Que lo elijen a trabajar. Otros que no tienen el menor resquemor a matar o violar, por ejemplo. Los garantistas dicen que éstos son así por culpa de la sociedad… Imagino que nadie nace malo. Y que un tipo que viola o mata a un menor, por ejemplo, ha sido muy maltratado por sus padres. No sé si por la sociedad entera. Creo que esos tipos no tienen oportunidad de resocializarse. Que habría que encerrarlos a todos de por vida y hasta aplicar la pena de muerte. Es mi visión.

Los argentinos debemos tener alma de navegantes, porque siempre nos vamos al carajo

Una cosa es no estigmatizar a un preso y otra buscarle una prisión digna, para que recapacite y se resocialize. Darle un estudio y una salida laboral. Enseñarle a vivir en sociedad. Que nos beneficiaría a todos.

Otra, muy lejana, es pagarle un sueldo para que no haga nada. La cárcel es la misma, el sistema opresivo es el mismo. Pero le pagamos un dinero, en concepto de vaya a saber qué. Demagogia pura. Caza de votos. Una locura marciana.

Lo primero y es urgente, es hacer más y mejores cárceles. Más modernas. Adaptadas a la vigilancia y pensadas para castigar moralmente, no físicamente, al preso. Que sean lugares dignos. Luego cambiar la mentalidad del Servicio Penitenciario. Que atrasa tanto como las cárceles. Suprimir ese contacto tan cotidiano de guardias y presos. Los guardias tienen que estar para cuidar que se comporten y no pretendan escaparse. Y luego educarlos, enseñarles un oficio y adaptarlos a la sociedad. Que todos trabajen en algo que sirva a la sociedad, no en cualquier cosa. Y que se les pague por ese trabajo, en función de las ganancias que se obtengan. No que los contribuyentes tengamos que pagar. Es de locos: le termino pagando al que me robó!

Lo que también hay que trabajar en paralelo es el tema del Poder Judicial. Terminar con la gran corrupción sacapresos de abogados y jueces.

Si no, es imposible. Tiremos abajo a todas las cárceles y mandemos los presos a una isla de la que no se pueda salir, y que se maten entre ellos.

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