Ser Argentino. Todo sobre Argentina

No estás iguaaaal!

No. No estás igual, Argentina. Te chocó un camión de frente.

Alguna vez, fuimos la sexta potencia del mundo. Para la vida de un país, encima, eso fue hace poco. Revisemos algunos datos, que andan circulando por internet de nuestro pasado.

Cuando el Rockefeller Center se levantó, en Buenos Aires ya existía el Kavanagh. Inaugurado en 1936, fue el primer edificio de Sudamérica construido en hormigón armado. 120 metros de altura.

El subterráneo de Buenos Aires nació a la par de los de Moscú, París, Londres y New York. Hoy es el menos desarrollado de todos.

La primera sucursal fuera de los Estados Unidos del Bank Boston, abrió en Buenos Aires. Esa misma oficina fue la que causó, durante la crisis del 2001, que el banco tuviera que ser vendido al Bank of America.

Cuando Ford Motor decidió salir de Estados Unidos, abrió sus primeras fábricas de Latinoamérica en Buenos Aires. Hoy tiene 6 fábricas en México, 5 en Brasil y sólo 2 en Argentina.

La primera y única tienda Harrod´s fuera de Londres, abrió en la peatonal Florida. Adivinen en dónde sigue operando y en dónde cerró.

Argentina fue la primera potencia militar de Sudamérica. Pero en 2017 le tuvimos que comprar 5 aviones de combate desprogramados a Francia, para poder proteger a la cumbre del G-20.

El texto que circula en redes le echa la culpa de todo al peronismo. Difícil defender al movimiento del General, cuando hay tanta coincidencia en la historia. O cuando uno mira a Japón, por ejemplo, que en 1945 sufrió dos bombas atómicas, y hoy es una de las mayores potencias mundiales.

Pero yo creo que la culpa es de todos. De unos por robar, malversar, coimear, corromper, y crear pobres para tenerlos de clientes políticos. Y de los otros por dejarlos, y hasta ser parte.

No. No estás igual, Argentina. Te chocó un camión de frente.

¿Cómo pasó Argentina de ser una potencia mundial a ser un desastre?

A fines del siglo XIX Argentina se encontraba entre los 10 países más ricos del mundo. Junto con EEUU eran los diamantes de América. Pero, ¿cómo nos transformamos de ser una potencia a ser uno de los países más endeudados?

Una serie de malas decisiones tomadas a lo largo del último siglo desencadenaron que nuestro destino se fuera muy diferente al de nuestro “rival” del norte. No hubo ningún hecho específico que haya llevado a la Argentina a tomar en forma permanente un sendero diferente al que eligió Estados Unidos. Las similitudes entre los dos en la segunda mitad del siglo XIX, y en realidad hasta 1939, no fueron ficticias ni superficiales.

Las economías de ambos países eran muy similares: naciones agrícolas que empujaban a la población hacia el oeste, hacia zonas sin cultivar de los templados prados. En ambas naciones, el hacendado –el gaucho y el vaquero– se convirtió en símbolo nacional de coraje y de independencia. Pero hubo grandes disparidades en la forma que eso sucedió.

Como decíamos, ambos países se abrieron al oeste, pero no de la misma manera. Mientras que Estados Unidos favoreció a los ocupantes ilegales, otorgándoles pequeños terrenos para que puedan trabajar la tierra; Argentina, debido a la escasez de dinero, decidió alentar a los colonos vendiendo grandes extensiones de tierra que no habían sido ocupadas por los nativos. Esto ocasionó que la mayoría de los nuevos propietarios de tierras simplemente delimitaran las amplias extensiones de pastizales con cercos de alambre de púa y los convirtieran en pastura.

Con el auge de la industrialización en Gran Bretaña, Estados Unidos entendió que construyendo una industria manufacturera podría beneficiarse de las mejores tecnologías, algo que no sucedería si trataba de exprimir un poco más los granos de los mismos campos. No es justo decir que Argentina rechazó conscientemente este nuevo rumbo cuando apenas pudo evitar el avance de la industria manufacturera. Pero los prejuicios prevalecientes hicieron que la industrialización en nuestro país fuera limitada y tardía.

Mientras que a principios del siglo XX los países más desarrollados eran aquellos que contaban con seguridad jurídica, un marco institucional estable, apertura económica, un estado muy pequeño, escasas regulaciones y estabilidad monetaria, nuestro país se fue alejando cada vez más de ese modelo al ceder terreno al intervencionismo estatal y al nacionalismo económico.

La Argentina creía que sus problemas habían surgido por haberse convertido en una colonia económica –exportando materias primas de bajo valor e importando productos manufacturados de valor alto. Había algo de cierto en eso, pero la solución de industrializar a costa de aislar la economía del resto del mundo, no era la respuesta correcta.

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