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La parábola de “el 10”

Somos o nos creemos "el 10" del equipo. Al que le sobra el talento y no tiene que entrenar. Al que le gusta la joda. Y esa joda es la
Editorial
Somos o nos creemos
17 octubre, 2019

Si los argentinos fuésemos una persona, seríamos “el 10”, promesa del fútbol local. Más agrandado que talentoso. Más pillo que inteligente. Vago para entrenar; total, nos sobra.

Ese que deslumbra en la cancha, un rato. El que se queda en la gran promesa. Que imaginamos un genio, porque casi nunca lo comprueba. Eso sí: “dicen” “los que saben” que en los entrenamientos la rompe.

Somos ese chico farolero, que se compra el convertible antes que la casa. Al que, entre los padres y el representante, lo casan para que siente cabeza. Porque “el 10” vive de joda en joda. Pero lo casan con una vedette. Y la vedette lo mete en la droga. Entonces, en lugar de dejar la joda, el pobre chico la incrementa. Ya ni quiere ir a entrenar, lo poco que iba. Lo dejan libre del gran club de primera y se busca otro, de ascenso. Del que también lo dejan libre, porque hasta panzón está, de tanto chori y cerveza. Pero un día conoce a una chica que no es del barrio. Es del centro. Ella lo quiere de verdad y logra que se ponga en forma y que vaya a entrenar de nuevo. Entonces el chico, brilla en el equipo de la C que le consiguieron. Pero como el escorpión, en donde agarra un mango de nuevo, en donde los periodistas lo reconocen un poco, se raja de la casa y vuelve a la joda. Porque entrenar lo aburre. Pasa que “el 10” tiene la joda en el ADN.

Los argentinos, desde 1950 hasta hoy, pasamos 14 crisis. Estamos segundos, atrás del Congo. 14 crisis que representan el 30% de nuestros días.

Cómo puede ser que un pueblo preparado culturalmente, con un suelo rico por donde se lo mire, de norte a sur, no logre volver a ser la potencia que alguna vez fue? O sea: no es de locos el planteo; ya lo fuimos!

Como “el 10”, el día que dejemos la joda y nos pongamos a trabajar, quizá suceda. No antes. Pero somos como un nene de dos años que no se quiere ir a dormir. La cosa es que no tenemos 2 años. Se nos va la vida y seguimos rifando oportunidades. Solo por no aprender de nuestros errores.

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