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¿La Justicia debe ser ciega? ¿Posta?

La figura de la Justicia argentina tiene los ojos tapados, porque todos los ciudadanos debemos ser iguales ante la ley. Parece que no es así.
Editorial
Todos los ciudadanos debemos ser iguales ante la ley.
22 noviembre, 2019

Eso está muy mal. Un ciudadano honesto no puede ser considerado igual que un criminal, por la Justicia. Las circunstancias que rodean a un delito de uno y de otro son muy distintas.

Por corrupción o por impericia (no se cuál es peor), la Justicia se alejó de la realidad. Se fue al carajo. Es responsable de convertir a victimarios en víctimas.

El alegato, medio flojito de papeles, es que un tipo es criminal porque no tuvo las mismas oportunidades o educación y que por eso hay que tenerle contemplación.

Parece genial. No lo es.

La igualdad de oportunidades y educación está promovida en el país. La educación es obligatoria y gratuita y los chicos desayunan, almuerzan y meriendan en los colegios. Es decir, que si no lo mandás, es tu responsabilidad que tu hijo no tenga la misma educación y las oportunidades que devienen de ella. Eso también es Justicia.

Y la gente que tiene menos educación y oportunidades en la vida es muchísima más que la que delinque. Para ponerla más clara: en las villas hay mucha más gente honesta que criminal. Entonces, ser criminal no es culpa de la sociedad marginadora.

Y hay algo que es peor, en materia de razonamientos. Para la Justicia, un criminal y una víctima son iguales.

Delirium tremmens.

Primero: cuando un criminal porta un arma para robar, sabe que va a amenazar con ella a un indefenso, y que esa es su gran ventaja.

Segundo: tiene muy en claro que de usar ese arma, su consecuencia es matar; no le importa en lo más mínimo.

Tercero: el criminal tiene una experiencia mucho mayor con las armas. Es un tema fundamental, porque aunque yo tenga un arma como él, sigo estando en inferioridad de condiciones en su uso. Mi condición mental, de pánico y de enfrentar una situación límite y nueva, es de una vulnerabilidad mayor que la del asaltante.

O sea: no estamos en condiciones iguales, por lejos. A dónde está la Justicia, entonces?

Yo no quiero matar a nadie y al chorro no le importa en lo más mínimo matarme, y eso es culpa mía, como sociedad, porque tuve más oportunidades que él; o sea, que está bien que lo haga.

Es el razonamiento de un tipo que está bajo una sobredosis de LSD.

Voy más allá, en otro sentido: por matar a otra persona, un preso debería cumplir cadena perpetua. Es decir, no salir nunca de la cárcel. Y la pregunta inevitable es, si no va a salir de la cárcel, porque es lo que merece, no debería ser sentenciado a muerte? (Dejo para otra Editorial las reflexiones sobre el sistema carcelario que tenemos). Un tipo que viola a alguien, secuestra a un chico y mata a sabiendas, merece la pena máxima.

La Justicia está a años luz de la verdad.

Hace poco, un juicio por jurados encontró “No culpable” y absolvió por actuar en defensa propia a Lino Oviedo Cataldo. Un médico que al salir de su consultorio, se enfrentó con un delincuente. El chorro le dio un culatazo y se subió a su auto para robárselo. El médico sacó su arma, le disparó y lo mató.

Si iba a juicio con estos jueces que tenemos ahora, lo condenaban. Me la juego y no pierdo.

Por suerte, se equivocaron feo y comienzan los juicios por jurados. Y me pregunto qué pasaría si en vez de jueces, fuera el pueblo quien juzgara a los políticos y a los ciudadanos que los ayudaron a robarnos?

Sin dudas, sin una Justicia enceguecida por el dinero y el poder, viviríamos en un país mucho mejor.

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