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La Democracia según Pellegrini

El Piloto de Tormentas, el verdadero León de la República, bregó hacia el final de su vida por el destino democrático de su pueblo. Y contra los peligros de una juventud indolente en el “vamos por todo” y que “se vayan todos”

Editorial
Carlos Pellegrini

Moría una mañana fría y soleada, como las que tanto le gustaban, Carlos Pellegrini, el 17 de julio de 1906. El Gringo que había sido artífice de la Argentina moderna y progresista fallecía a los pocos meses de la partida de su enemigo íntimo, Bartolomé Mitre; quien vivía a pocas cuadras de su casa de Maipú al 600. Con ellos moría una época, el país de los grandes barcos atracando en los puertos y los campos abasteciendo el comercio internacional, con un PBI envidia de la Europa previa a la Gran Guerra, aunque Pellegrini advertía que “es necesario que en la República Argentina se produzca algo más que pasto”, sintetizando un problema estructural que aún pervive, reemplace pasto por soja. Pellegrini fue el industrialista de la primera, precursor de los Di Tella y Mosconi, como un estadista que sabía que el modelo conservador agroexportador con exclusión social tenía un límite, y allí sus discusiones con los terratenientes desde las tempranas sesiones de 1876. Aquellas que lo colocan además como padre del proteccionismo nacional, sin menoscabar, al contrario, la producción agropecuaria, e impulsor sagaz de las primeras leyes de resguardo legal de los trabajadores del campo y la ciudad. O también un férreo promotor de la educación, en particular preocupado por la formación de cuerpos docentes, “un pueblo ilustrado es una entidad indestructible y respetable y no habrá poder humano que pueda destruirlo, menos ultrajarlo”, bramaba el León Pellegrini, quien apoyaba la tarea educadora como un “deber de Estado”.

Estos principios son los que defiende en 1903 cuando accede a una nueva banca, senador por la Capital, en una lista de conservadores liberales contrarios al roquismo declinante. Que ya lo había traicionado y, en parte, motivado a un largo viaje por Europa; además figura incómoda para el Regimen el Gringo por sus continuas denuncias de corrupción y contubernio. Desde lejos sin embargo siguió con sus pasiones, la organización de la República en tiempos de las revueltas radicales, y la discusión de ideas a través del periodismo, fundando el primer diario desarrollista argentino, El País.

“La República ni es republicana, ni es federal”

En su diario plantearía algunas cuestiones sobre el voto popular, atadas a una concepción limitada de la democracia, ya que Pellegrini consideraba que la instrucción cívica y una moral sólida, instruída en escuelas públicas, eran un paso previo al sufragio libre. Todas estas convicciones se vierten en sus últimos artículos y discursos en el Congreso, redactados muchos en Bahía Blanca, ciudad que el Gringo soñaba como la capital provincial, un fallido intento de provincia que abarcaría la pampa fértil entre las actuales Buenos Aires y La Pampa. Banca donde el ex presidente dispara munición gruesa contra la casta política -que siempre estuvo, claro-:

“El artículo 1° de la Constitución dice que la República adopta la forma de gobierno representativo, ni es republicano, ni es federal.

No es representativo, porque las prácticas viciosas que han ido aumentando día a día han llevado a los gobernantes a constituirse los grandes electores, a sustituir al pueblo en sus derechos políticos y electorales, y este régimen se ha generalizado de tal manera, ha penetrado ya de tal modo en nuestros hábitos, que ni siquiera nos extraña, ni nos sorprende; hoy, si alguien pretende el honor de representar a sus ciudadanos, es inútil que se empeñe en conquistar méritos y títulos; lo único que necesita es conquistar la protección o buena voluntad del mandatario.

No es republicano, porque los cuerpos legislativos formados bajo este régimen personal no tienen la independencia que el sistema republicano exige: son simples instrumentos manejados por sus mismos creadores.

No es federal porque presenciamos a diario cómo la autonomía de las provincias ha quedado suprimida: ¿acaso necesito recordar a esta Cámara un ejemplo clásico que todos hemos presenciado en esta Capital hace apenas meses?

….

¿Qué? La gobernación de una provincia. Surgían candidatos un día y eran vetados al día siguiente, para ser reemplazados por nuevos… y la prensa daba diariamente las alternativas de la discusión y de la lucha… y allá, allá había un pueblo que veía jugarse aquí con sus destinos y elegírsele un gobernante sin que tuviera el derecho de hablar ni de protestar, recordando tal vez es medio de su grandeza presente otras épocas de pobreza en que hubiera saltado como una pantera herida si un núcleo de porteños hubiera pretendido en esta ciudad de Buenos Aires imponer un gobernador a la provincia de Santa Fe!”

“¿Es acaso cobijando todas las oligarquías?”

“Mañana vendrá aquí el señor presidente de la República -Figueroa Alcorta- y desde esta alta tribuna proclamará ante la faz del país su programa de paz y de reacción institucional, el mismo que nosotros defendemos. Y si alguien se levanta en ese momento y pregunta: ¿y de qué otra manera se va a realizar ese programa? ¿Es acaso cobijando todas las oligarquías y aprobando todos los fraudes y todas las violencias; es acaso arrebatando al pueblo sus derechos y cerrando las puertas a todo reclamo?

No. Esas son las viejas prácticas humillantes. No: ésas son las tradiciones y las costumbres del incondicionalismo que no coexisten con la independencia de los poderes ni se conciliarán con su dignidad”, sentenciaba el 8 de mayo de 1906. En el horizonte anhelaba Pellegrini, a pesar de haberlo combatido, al Hipólito Yrigoyen “reparador” de la Constitución Nacional. No por nada, de joven, había el Gringo caminado al lado de Adolfo Alsina; el primero que abre la cancha a los sectores populares en la arena política y, por demás, inspiración popular de Don Hipólito.

Y no era éste veterano senador Pellegrini muy distante al presidente Pellegrini, que haría frente al descalabro liberal de 1890, dictando manuales de funcionario público para la posteridad, “Lo que nuestro país, necesita, no son grandes americanos, ni libertadores, ni restauradores más o menos ilustres, invocando leyes, libertades y principios, sino ciudadanos constantes en el ejercicio pacífico de los derechos políticos, que proclamen como principio fundamental, que la violencia es estéril y ruinosa, y que la reforma de nuestros malos hábitos sólo se ha de conseguir por la prédica y el ejemplo, dentro y fuera del poder”

No es magia ni providencia, es trabajo y esfuerzo

En lo que sería sus últimas palabras en su diario, una clamor a los jóvenes de ayer y hoy:

“¿Dónde está la juventud llamada a ocupar, un día muy próximo, los comandos superiores? Se pasea en torno la mirada ansiosa y no se ve una sola frente que sobresalga y brille iluminada por la luz del porvenir... ¿Es indolencia o impotencia?... Incapaz de un esfuerzo seguido, el trabajo y movimiento le producen malestar y siente por ellos despego... Espera, más bien, que la Providencia, en alguna forma humana, descienda hasta ella y le brinde sus favores... Sabemos que se ha dicho que esos jóvenes han renunciado al esfuerzo, porque éste es inútil cuando fuerzas, hábitos y tradiciones cierran el paso a las aspiraciones independientes... Es falso, falsísimo; simple excusa para la propia conciencia... La prensa, la tribuna, la reunión política, todas las escenas en que la juventud puede ensayar sus fuerzas y adiestrarlas para el gran combate, están abiertas en esta Capital, libre y ampliamente abiertas... Si se ven abandonadas esas pistas por las nuevas generaciones, es porque éstas, sin anhelos y sin aspiraciones, solo ven en los fáciles placeres el objeto de su vida”

Así cerraba Pellegrini en 1906 sus palabras a las nuevas generaciones. Con los números actuales de altos porcentajes de abstenciones y deserciones electorales de los menores de 25 años, o los jóvenes seducidos en el vacío del “vamos por todo” y “que se vayan todos”, las dos caras de la misma moneda antirepublicana, el Gringo es un estadista para navegar las tempestades y dudas, básicamente porque tenía un plan: el bienestar de los argentinos.

 

Imagen: Municipio de Pellegrini

Fecha de Publicación: 14/08/2023

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