¡Escribí! Notas de Lector
Ir a la secciónBuenos Aires - - Miércoles 09 De Septiembre
“Cuando alguien acuda a usted pidiendo que lo defienda, no pregunte de dónde viene, luche por su libertad” solía decir Ricardo Balbín, el caudillo radical y el dirigente social que más abogó por la unidad y paz nacional en el siglo pasado. Y no solamente en el histórico abrazo con Juan Perón el 18 de noviembre de 1972 sino mucho antes, cuando defendió la incorporación de radicales al gobierno peronista de 1946. El mismo gobierno peronista que lo perseguiría por opositor, y detendría en cárceles comunes, como hicieron los militares que usurparon un país en 1976. A ellos el Chino desafió, “Militares a los cuarteles”, conformando la Multipartidaria, y comenzó a trabajar por el retorno de las instituciones bajo el lema por “La reconciliación nacional”. “No se realizará la democracia sino con la unión de todos los argentinos”, otra frase en medio de los turbulentos setenta del Chino, cuyo funeral el 9 de septiembre de 1981 mancomunó a los argentinos y resultó un mojón más al 10 de diciembre de 1983.
“La ruta era una efervescencia de corazones y de almas, y el féretro se asemejaba a un carro de triunfo. El triunfo de aquel que algunos creían que habían derrotado. Pero también había un estremecimiento feliz en el corazón de los hombres y mujeres de ese tiempo, porque la muerte de Balbín fueron los funerales de la dictadura”, recordaba Raúl Galván en el diario La Voz, escuchado aún los gritos de jóvenes sin distinción de partidos ni sexos ni clases, por la avenida Callao, “¡se va a acabar la dictadura militar!”. Y sería la victoria final de un hombre que había luchado por la honestidad y las instituciones desde sus comienzos en el radicalismo histórico de Alem, y ya sufriendo la privación de la libertad por oponerse al golpe en 1930 contra el presidente Hipólito Yrigoyen, su gran mentor con aquello de “Vengo a reparar, no a destruir”. Luego Balbín sería parte del famoso “Grupo de los 44” en el Congreso durante el peronismo junto al ex presidente Arturo Frondizi, denunciando la venalidad, la corrupción y las persecuciones, y el mismo Chino detenido mientras hacía la cola para votar como candidato a gobernador en 1950 en la Provincia de Buenos Aires.
Cuatro veces fue candidato a presidente por el radicalismo, 1951, 1958 y dos veces en 1973, y, a pesar de pensar diferente, apoyó la candidatura de Raúl Alfonsín para las elecciones venideras, que serían en 1983. El Chino Balbín no vería coronado su trabajo por el Retorno de la Democracia durante los oscuros de la dictadura, con quien mantuvo una compleja y aún discutible relación. Y pese a que en los últimos años los genocidas declararon que Balbín incitó el golpe y la represión, y que públicamente afirmó que Videla era “el general de la democracia” (sic), también es cierto que al reproche de las Madres de Plaza de Mayo en 1977, el político contestó, “Usted ocúpense de los muertos, que a mí me duelen, pero yo me ocupo de los vivos para que no mueran”.
El 16 de marzo de 1976, en cadena nacional, Ricardo Balbín anticiparía el horror siguiente que perpetraron civiles y militares, y dejaría un testamento político manifiesto e indiscutible. Meses antes había propuesto un gobierno de unidad nacional, que rechazó el gobierno de la presidente Isabel Martínez, tras el descalabro del Rodrigazo -una de las mayores devaluaciones de la moneda y salarios debido a una shock híperliberal, y consecuentemente, una de los mayores catástrofes sociales argentinos- y la primera huelga de las confederaciones sindicales contra un gobierno peronista. Un mes después del golpe, Balbín viajaría a la Internacional Socialista en Caracas y reclamaría por la vuelta de la Democracia -y el fin de la guerrilla-
“Puedo afirmar, porque conozco en verdad y en profundidad el pensamiento de muchos hombres de la política argentina, que la decisión de diálogo está abierta en todas las direcciones.
He hablado con hombres de todos los matices y responsables de todos los matices. Hay un común denominador en la República, que quiera salvar estas contingencias nacionales, hay una voluntad juvenil que quiere colaborar en el esfuerzo de mantener las instituciones de la República, porque es el camino de la civilización, de la democracia de los argentinos. Hay tiempo todavía.
Podría dar la seguridad, podría dar la seguridad, de que en horas nomás, en horas nomás, pero en horas tranquilas, podría reunirse el país, todo el país para encontrar las soluciones magistrales que no son nada más que las sencillas soluciones morales argentinas.
Sabemos de la corrupción, del contrabando, de la destrucción comercial. Conocemos como se ha abusado de esta República. Sabemos que hay algunos países que consideran que está en liquidación.”
“Que escuchen los titulares del gobierno. No ha habido una sola palabra que los ofenda y los agravie. Pero ha habido una conciencia moral que los llama a las grandes responsabilidades, a los gestos de grandeza, a la necesidad de mostrar a este país como es y cómo debe ser, y no esta chatura en que estamos viviendo, esta incertidumbre en que estamos moviéndonos. Este no saber si vuelve vivo el soldado que va a hacer su servicio, o si vuelve vivo el obrero o el joven que está en la universidad. No lo arreglará ningún sector por poderosos que sea. Lo hará el país, todo el país. Conozco el prestigio de todos, y conozco los delincuentes que fueron también un poco apañados por el gobierno. Pero las instituciones son válidas, y aun cuando parece no, que no son eficaces sirven, porque estando el Congreso de la República se pudo saber la existencia de delincuentes en el gobierno, y se buscaron las investigaciones, están los resortes vivos como para poder realizar la tarea profunda que reclaman los argentinos.
Por eso desde aquí invoco al conjunto nacional. Para que en horas nomás, exhibamos a la República un programa, una decisión, un norte. Pero que se deponga la soberbia. Cuando se tratan de estas cosas, lo digo desde arriba para abajo, no hay que andar con látigos, hay que andar con sentidos morales de la vida.
….
Hemos utilizado este pensamiento, este lenguaje y esta acción en todos los turnos de nuestra historia. Lo vamos a seguir haciendo. Podemos reconstruir hoy o no. ¿Tendremos que rehacer todo después de la catástrofe?
Puede ser que sí, pero al más incrédulo de estas concepciones, le afirmo: Si se esperan las ruinas, en las ruinas encontrarán una bandera”
“No se realizará el país sino sobre la base de la unión de los argentinos. Señoras y señores, pido disculpas. Vienen de lo hondo de mi pensamiento estas palabras que pueden no tener sentido, pero tienen profundidad y sinceridad. No soy muy amante de los poetas, pero he seguido un poeta de mi tierra, todos los incurables tienen cura cinco minutos antes de la muerte .
Argentinos de todos los rincones, civiles de todos los lugares, militares de todo el país, brigadieres y marinos, ¿para qué llegar a los últimos cinco minutos? ¿Por qué no estamos conjugando la ilusión de aquél poeta? Se acerca el angustiado, el enfermo, el desprotegido, todos los incurables que tienen cura cinco minutos antes de la muerte. Desearía que los argentinos, hoy, no empezáramos a hacer la cuenta de los últimos cinco minutos.”, en una cita de una de las obras maestras de Almafuerte, “Piu Avanti”. E inserta en una pieza brillante por la unidad y la democracia argentina del Orador de la Democracia, la Paz y la Libertad, Don Ricardo Balbín.
Imagen: Argentina.gob
Fecha de Publicación: 21/10/2023
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