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La Democracia según Artigas

El héroe oriental de las guerras de la Independencia enviaba a la Asamblea del Año XIII democracia social y capitalismo con rostro humano que espantó a Buenos Aires. Seis años después, la Reina del Plata, aliada a los ingleses y portugueses, doblegó y destruyó al Caraí Marangutú-Padre de los Pobres.

Editorial
José Gervasio Artigas

Si uno viaja a Montevideo, en la plaza principal de la capital del Uruguay, protegido detrás de los restos de la fortaleza que el mismo José Gervasio Artigas conquistó para los patriotas en 1813, se topa con el monumento al Padre de la Patria de los orientales.  En la céntrica Plaza de la Independencia, el criollo que más peleó para que “sea una sola familia grande de hermanos” de las dos orillas del Río de la Plata, cabalga solitario de espaldas a Buenos Aires. Y razones no le faltan a Artigas de mirar el horizonte por la avenida 18 de julio, oteando a sus gauchos e indios, “cada día hay que tratarlos con más amor”, repetía. Cuando estaba a punto de conquistar Montevideo, el Primer Triunvirato negocia turbio con los españoles y le saca el mando que la Primera Junta había investido al vencedor de Piedras. Cuando manda a los diputados a la Asamblea del Año XIII, con un programa libertario –de verdad-, el ala alvearista rechaza los pliegos –¡de los únicos que habían sido elegidos democráticamente!- e inicia la escalada de violencia contra Artigas que deriva en que su cabeza cotice a 6000 duros como “traidor de la patria”. Una trama tenebrosa, de traiciones y negociados, donde Buenos Aires apoyó la invasión a la Banda Oriental por el ejército esclavista portugués con tal de sacarse de encima al Libertador Artigas.

Y que incluía en el pacto de los terratenientes y generales bonaerenses con la corte de Río de Janeiro en 1817. Entre otras delicadezas autorizadas por el Director Supremo Juan Manuel de Pueyrredón, cabía la entrega de Misiones, Corrientes, Entre Ríos y Santa Fe.  Artigas, que llegó a tener un ejército de 6 mil hombres, acantonados en las cercanías de Concordia, Entre Ríos, con una estimado allí de 16 mil personas, “pueblo de héroes”, sostenía a los azorados visitantes extranjeros, quienes alertaban que del otro lado se cocían las habas de la discordia. Y de los grandes billetes. Que nada tenían que ver con el ideario de un criollo amado por sus compatriotas –sí, el Congreso de Arroyo de la China en 1815 fue muchísimo más democrático que el de Tucumán en 1816, ¡si hasta tuvo representantes de los pueblos originarios!- y que proponía una constitución republicana y federal, libertad religiosa, de comercio, de prensa, y respeto a la propiedad, de quien la trabaje, e igualdad entre todos los ciudadanos.

“Todos los hombres nacen libres e iguales”

Una prédica democrática que caía en saco roto en el cabildo porteño, que retaceaba apoyos a los paisanos uruguayos y argentinos, quienes habían sido esenciales para contener españoles y portugueses. Así pudo José de San Martín escribir la gesta del Cruce de los Andes en 1817 y, luego, la liberación de medio continente. Cartas desesperadas de Artigas a los otros Libertadores, San Martín y Simón Bolívar, “luchamos contra tiranos que quieren profanar nuestros derechos”; tiranos europeos y hermanos, clamaba al viento. La traición de sus ex subalternos Francisco Ramírez y Estanislao López en Cepeda, pactando con los porteños después de la batalla en 1820, lo dejan a merced de los lusitanos. Los imperiales, con dineros de ingleses y porteños, aplastan a las cansadas huestes de gauchos, negros libertos e indios en Tacuarembó y en Las Huachas. Morirá protegido por los ¿tiranos? en Paraguay, en un humilde rancho a lo que los lugareños iban a buscar la mano cálida y amiga del Caraí Marangutú-Padre de los Pobres, Don Gervasio Artigas.

En 1813, fiel a su ideario federalista y republicano, Artigas ordena la constitución de la Provincia Oriental/Uruguay, a fin de que se integre en el marco de la leyes en las Provincias Unidas del Río de la Plata/Argentina. Y el bárbaro y pata sucia Artigas ofrece un texto sublime civismo que en la culta Buenos Aires no se conseguía:

“1. Como todos los hombres nacen libres e iguales, y tienen ciertos derechos naturales, esenciales e inagenibles, entre los cuales puede contar el de gozar y defender su vida y su libertad,  el de adquirir, poseer y proteger la propiedad, y, finalmente, el de buscar y obtener la seguridad y la felicidad; es un deber de la institución, continuación y administración del gobierno, asegurar estos derechos, proteger la existencia del cuerpo político y el que sus gobernados gocen con tranquilidad las bendiciones de la vida, y siempre que no logren estos objetivos, el pueblo tiene derecho, para alterar el gobierno, y para tomar las medidas necesarias a su seguridad, prosperidad y felicidad”

Voto universal en 1813

“6. Ningún hombre o corporación, o asociación de hombres, tiene otro derecho para obtener ventajas o privilegios particulares o exclusivos, distintos de la comunidad, que los que se originan de la consideración de los servicios hechos al público. Y no siendo por naturaleza este título, ni hereditario, ni transmisible a los hijos, descendientes o relaciones de sangre, es absurda y contra lo natural la idea de un hombre nacido magistrado, legislador o juez.

…..

8. El gobierno es instituido para el bien común, para la protección, seguridad, prosperidad y felicidad del pueblo, y no para el provecho, honor, e interés privado de algún hombre o clase de hombres.

…..

14. La libertad de imprenta es esencial para la seguridad de la libertad de un Estado; por lo mismo, no debe ser limitada en esta provincia, como tampoco en el escribir, ni en la libertad de discurrir

….

16. Todas las elecciones deben ser libres y pacíficas y todos los habitantes de esta provincia, teniendo en cuenta aquellas cualidades que se establecieron en su forma de gobierno, tienen un derecho igual para elegir los miembros de él y ser elegidos para los empleos públicos”

Uno de los últimos artículos de supervisados por Artigas hablaba taxativamente de la separación de poderes para evitar un “gobierno de tiranos”. Caso contrario a la manía ejecutiva del otro lado del río: por ejemplo existiría pronto un director supremo (1816-1819). Leyes que habían aprobado ranchos como Montevideo, Paysandú o Colonia. Ranchos que eran Argentina en 1813, el sueño de la Patria Grande de los Libertadores, San Martín, Bolívar, Belgrano, O´Higgins, Sucre y Artigas.  

 

Imagen: Ministerio de Cultura

Fecha de Publicación: 14/07/2023

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