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El tribunal de la pena de muerte

Si no vamos a tener pena de muerte, que no sea para nadie, y no para los honestos. Porque acá existe un tribunal no nombrado por nadie, que la decretó.
Editorial
09 diciembre, 2019

En nuestro país existe un tribunal que aplica la pena de muerte.

Es uno muy particular, con sus leyes y códigos propios. No te podés defender, no escucha tus razones, no tenés abogados. El juicio es inmediato. Abreviado. Normalmente no hay testigos y si los hay, no son escuchados. Y mejor que esos testigos no sean alguien de tu familia. Un tribunal que sí o sí, te condena. Miles de veces, a la pena de muerte. La ejecución es en el acto. Los jueces son crueles y muchas veces no están en sus cabales.

¿Tu crimen? Simplemente, estar en el lugar incorrecto, en el momento incorrecto. O tener unas zapatillas lindas (alta llanta), algo de dinero en el bolsillo, un auto (no importa marca o modelo), una casa llamativa. Con eso basta.

La pena de muerte existe en la Argentina y la ejecutan los delincuentes.

Estamos en el reino del revés. Por temor a algún caso de “gatillo fácil” (que, sin dudas, es abominable), atacamos al nuevo Protocolo de Seguridad. Más allá de que las épocas de gatillo fácil impunes quedaron atrás, el protocolo pretende darle a la policía armas para defender al ciudadano, al honesto, al trabajador. A la inmensa mayoría, en síntesis.

Por no estigmatizar, porque no tuvieron las mismas oportunidades de parte de la sociedad (¿alguien me explica qué me dio “la sociedad” a mí?), les abrimos las puertas de la justicia a la delincuencia, de las cárceles, de los tribunales. Hay millones de personas en el país que, lamentablemente, tampoco recibieron nada de la sociedad y sin embargo se rompen bien el culo todos los días trabajando y tratando de que sus hijos tengan una educación que ellos no tuvieron. Y esos sí que laburan de verdad, no atrás de un escritorio.

No es viable un país que premia al delincuente, que no castiga duramente el delito. Sea cortar una calle, robar, secuestrar o matar a alguien. No confundamos mano dura con exceso. No son sinónimos. El ser humano parece necesitar mano dura para no descarrilarse. Los excesos, por supuesto, deben ser castigados con la misma dureza.

Creo que nuestro país es un fiel ejemplo de que ésto debe ser así. Porque si no vamos a tener pena de muerte, que no sea para nadie, y no para los honestos.

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