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Corrientes arquitectónicas

La riqueza está en la interpretación y evolución del pensamiento por sí mismo
Arquitectura
26 enero, 2020

Cuando un arquitecto se forma, adquiere por transferencia o por métodos pedagógicos que le enseñan a pensar por sí mismo, sin cánones preestablecidos y poniendo en crisis lo existente, para bien o para mal, métodos propios de hacer arquitectura. Nos quedamos como válida la segunda manera. No es que esté mal la transferencia de conocimientos, nadie nace sabiendo, pero eso aplica a cuestiones técnicas y paradigmáticas, no al pensamiento proyectual.

Las corrientes – maneras establecidas de pensar o hacer esta disciplina- son válidas y fueron claves en el nacimiento del modernismo, que es la cuna de nuestra arquitectura actual. Si bien el postmodernismo o la actualidad busque un «back to the basics» por momentos, como quien se olvida de donde viene, no debe ni puede ignorar el modernismo como nacimiento de lo que hoy en día construimos y vivimos.

Retomando, las corrientes fueron necesarias para poner en común paradigmas generalizados y pensados para reversionarse y potenciarse. Son la base. Por ese motivo, no debemos quedarnos en la base, ya habiendo avanzado, y poner en crisis esas corrientes y «no casarse con ninguna», permitiéndole a la disciplina generar cosas nuevas y evolucionar a la par de la sociedad.

No es ignorar lo antiguo, es respetarlo y ponerlo en valor, entendiendo que algo puede estar tan bien como tan mal; ponerlo en crisis, desafiarlo, repensarlo, y cuidarlo y no perderlo a la vez.

En resumen

La riqueza de un profesional, está en cuán maleable sea, sin pecar de ecléctico en su estilo -o por qué no- pero sí adaptarse a sitios, necesidades de programas que no dialoguen con su «corriente marcada» y pueda tomar lo mejor de cada tipo de pensamiento antiguo o actual y sacar algo bueno.

Hay estilos variados, marcados por historia, sociedades actuales, climas y muchos otros factores. Sin embargo, la esencia debe ser un entendimiento del sitio, funcionamiento y necesidad propuesta, y el arquitecto, como recurso adaptable a esos 3 pilares. Si su estilo -que no es una «corriente»- puede hablar el mismo idioma que lo mencionado anteriormente, el arquitecto pondrá su esencia en la obra y seguirá con su corriente. Pero no siempre es posible. La riqueza está en la interpretación y evolución del pensamiento por sí mismo.

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