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Ramón Carrillo. Todos los hombres tienen igual derecho a la vida y a la salud

El precursor del sanitarismo que implementó el plan de medicina social más notable del Siglo XX, durante las dos primeras presidencias de Perón, y murió en el exilio, humilde y calumniado. Una historia argentina.

Conocimiento
Ramón Carillo

Un niño Ramón Carrillo correteaba en la vera del Río Dulce, en Santiago del Estero. Cansado de las carreras a lomo de mulo con el primo Jorge, se acercaba a los fogones de los paisanos pobres a escuchar miserias y pérdidas, varias causadas por la terrible epidemia de paludismo que azotaba esos pobres parajes. Con sus ojos achinados observaba y asentía que algo no era correcto “Todos los hombres tienen igual derecho a la vida y a la salud” meditaba este joven de tez y sangre quechua. Más adelante, Ramón Carrillo neurólogo y neurocirujano de renombre internacional, primer ministro de Salud Pública, no solamente casi erradicaría el paludismo en zonas críticas, sino que concretaría uno de los planes sanitarios más exitosos y amplios del mundo, ejemplo de la región en la planificación de las políticas públicas. “Con el mismo ahínco que cuidamos y defendemos nuestra libertad. La libertad en todas las formas es un derecho del pueblo; la salud, en todos sus aspectos, es también un derecho del pueblo, aunque menos conocido” destacaba este médico que sufrirá la persecución política debido a la adhesión el peronismo. Un legado que aún sigue dando cura a los necesitados, “la salud del pueblo depende de diversos factores indirectos. La mala vivienda, la alimentación inadecuada y los salarios bajos tienen tanta o más trascendencia en el estado sanitario de un pueblo, que la constelación más virulenta de agentes biológicos”.

Ramón Carillo

Ramón Carrillo nació el 7 de marzo de 1906 en Santiago del Estero. De familia conservadora, el mayor de once hermanos, cursó los estudios primarios y secundarios en su ciudad natal y egresó como bachiller, medalla de oro. Poco antes había publicado una monografía “Juan Felipe Ibarra: su vida y su tiempo” y empezaba a colaborar en las publicaciones periodísticas locales. Se graduaría en medicina en la Universidad de Buenos Aires, también con honores, e ingresa practicante en el Hospital de Clínicas. Carrillo se volcaría a la investigación, ejerciendo breves lapsos solamente, con José Arce y Manuel Balado, y a la bohemia porteña, en la cual al ritmo de chacareras conoce a Homero Manzi, Arturo Jauretche y el grupo de políticos y artísticos cercanos al nacionalismo de FORJA.  Pasaría tres años en Europa, especializándose en neurología e histopatología, y al regreso en 1933, los mentores lo designan en el flamante Instituto de Clínica Quirúrgica. “Yodoventriculografía de la fosa posterior”, su texto científico Premio Nacional de la Ciencia en 1938, es considerado precursor de la tomografía computarizada, como así también varios de sus trabajos en las afecciones del cerebro. Para 1943 es profesor en la Facultad de Medicina y colabora con el régimen golpista en la organización sanitaria militar. Pero el destino en 1945 tenía jugadas cartas que cambiarían el rumbo de este santiagueño, que podría ser sido un Nobel, y de todo un país.

Primero  conoce de primera mano la realidad sanitaria del país al analizar los informes de la revisaciones médicas de los conscriptos, además de corroborar las serias deficiencias –e injusticias- del sistema de salud.  17 de octubre de 1945. Hospital Militar. Dice Alzugaray “Cuando Perón llega al Hospital Militar a las 6.45, es recibido por el Director del mismo Dr. Sergio Mercado. Carrillo acompaña al coronel Perón hasta el quinto piso, donde le entrega las llaves de la ‘suite’ y hablan en privado algunos minutos, posiblemente temas relacionados con los recientes acontecimientos. Carrillo abandona el Hospital para cumplir dos misiones que le ha encomendado Perón. Según versiones dadas por un hermano de Carrillo muchos años después (…), la misión consistía en la entrega de dos cartas confidenciales: una al coronel Velazco y otra a Eva Duarte, que debían ser llevadas urgentemente en manos propias. Acerca de su contenido no se conoce ningún testimonio” A partir de ese momento Carrillo será íntimo del matrimonio Perón, y Eva Perón el principal sostén de la ambiciosa obra que Argentina estaba a punto de vivenciar desde 1946 con su gestión. “'¿Cómo granito!? Mármol de Carrara! ¿Usted cree que mis negritos descamisados son menos que esos oligarcas de Barrio Norte? Mire Carrillo, los médicos se creen los dueños de la salud pero el dueño de la salud es el pueblo', respondió Eva a un desconcertado ministro, meses antes de finalizar la obra del Hospital Eva Perón en Lanús, hoy Ricardo Finochetto (cita de Jorge Rachid en Cultura.gob.ar)

Carillo-Eva Peron

“Un pueblo de enfermos no es ni puede ser un pueblo digno”

“Los médicos, a causa de nuestra mentalidad profesional, asistimos, en cierto modo con regocijo, a la inauguración de un hospital al cual calificamos como bello, bien construido y mejor habilitado, sin pensar que se trata de un recinto destinado a albergar el sufrimiento humano” escribía en 1951 Carrillo en “Teoría del Hospital”, un moderno tratado para sistematizar, planificar, descentralizar y maximizar los recursos hospitalarios, que crea, entre otros,  conceptos como el de los Centros de Salud, aún en plena vigencia. “Un padre de familia que se enferma crea problemas sociales, e incluso médicos, en el hogar que deja. No es un hombre sino una unidad-familia la que hay que atender. Los centros de salud curan al enfermo no en función del individuo enfermo, sino en función de la familia. El médico cura al individuo, pero la organización llega hasta el domicilio del enfermo”, sostendría el funcionario durante ocho años de las primeras dos presidencias de Perón, que fundó con la inspiración de Carrillo el Ministerio de Salud Pública.

Durante su gestión  se construyeron 141 hospitales, 60 Institutos de Especialización, 50 Centros Materno-Infantiles, 16 escuelas técnicas, 23 Laboratorios e instituciones de diagnóstico, 9 hogares-escuela, Centros Sanitarios y Centros de Salud en todas las provincias. Se estableció la atención gratuita para toda la población –al igual que Carrillo impulsó la gratuidad en la educación universitaria- y se crearon políticas públicas como el Tren Sanitario, que llegaba a los lugares más recónditos para brindar capacitaciones en educación para la salud y atención médica en las diferentes ramas de la medicina. Argentina, y  todos los argentinos,  entraban al Siglo XX debido que ningún gobierno anterior, del signo que fuese, había ejecutado una política federal en el área. La mortalidad infantil pasó del 90 por mil al 56 por mil. Y el paludismo en áreas endémicas se redujo de 300 mil casos anuales a 147, utilizando las recomendaciones del médico jujeño Carlos Alvarado,  y desestimando la ineficiente metodología italiana (sic). Sí, en ocho años –aclaremos que dependía en su mayoría del financiamiento de la Fundación Eva Perón, fuera de las inspecciones y auditorías, lo que explicaría la celeridad en la ejecución de obras y planes.  

Ramón Carillo

“El estado no puede quedar indiferente ante el proceso económico, porque entonces no habrá posibilidad de justicia social, y tampoco puede quedar indiferente ante los problemas de la salud de un pueblo, porque un pueblo de enfermos no es ni puede ser un pueblo digno” sostenía el doctor Carrillo, mientras se lo tildaba de nazi, en los sectores reaccionarios, y de ultracatólico, en los sectores neoperonistas. El ministro crea EMESTA, la primera fábrica nacional de medicamentos, que funcionaba en el Instituto Malbrán y producía medicinas,  un 70% más baratas que las de los laboratorios privados. Además financia a los pequeños laboratorios argentinos. “En esta época de independencia política y económica, debemos afirmar también nuestra independencia científica. Debemos tener un sentido de afirmación propia y universal, sin menoscabo de lo extranjero, pero también sin aceptación servil”, desafiaba. Enemigos de afuera y propios que irían desgastando el ministro, afectado además tanto por la muerte de Eva Perón en 1952, como por una endeble salud, secuela de la grave enfermedad sufrida en 1937, que le ocasionaba hipertensión y cefaleas progresivamente más severas.

Hombre de palabras fuertes, Carrillo comenzó a criticar el endurecimiento del régimen a partir de 1953 y, particularmente, la persecución a opositores y la falta de libertad de expresión. El 15 de julio de 1954 Perón anuncia una reestructuración de su ministerio y durante dos horas, antes los ministros, debe escuchar las críticas de un Carrillo que sostenía que se extraviaba el ideario del justicialismo en un clima represivo. Presenta el doctor su renuncia, que el líder justicialista no acepta, nombrándolo al frente del entre organizador de Investigaciones Científicas y Técnicas, un antecedente del CONICET. Pero los enfrentamientos con la cúpula del partido peronista, particularmente Alberto Teisarie, aceleran la partida a New York, buscando también mitigar los frecuentes malestares.

“El hombre actual ha perdido la buena costumbre de la reflexión y la meditación”

Allí parte con Susana Pomar, su esposa, y los cuatro hijos, enterándose por la prensa del golpe de septiembre de 1955 de la autodenominada Revolución Libertadora, que inmediatamente confisca sus bienes por “enriquecimiento ilícito”, una quinta en Adrogué, “Villa Antares”, y un departamento en la calle Paraguay al 2200, a una cuadra de la Facultad de Medicina –de la cual lo dejan cesante los golpistas. Subsiste apenas en Estados Unidos de Norteamericana dando conferencias, algunas en la Universidad de Harvard que reconocía a un talento de la medicina mundial, y  sin muchos medios para financiar su tratamiento,  decide trabajar en una compañía minera norteamericana con explotación en Brasil.  “El hombre de hoy –decía– ha hecho sus esclavos a la electricidad y a la fuerza nuclear y será pronto el empresario de las fuerzas del mar y del sol. Estamos frente a un poder catastrófico que puede ser peligroso para el hombre mismo. La civilización vuela en aviones y cohetes, mientras que la cultura recorre todavía a pie los caminos del mundo. El hombre actual ha perdido la buena costumbre de la reflexión y la meditación. Llegará a la luna antes de haber extirpado de sí mismo algunos resabios bárbaros que lo empujan a la guerra y a la destrucción. A la destrucción de su propia obra. ¡Tremenda y trágica paradoja!”. Viajaba dos veces por semana en helicóptero al medio de la selva desde Belém do Pará, un esfuerzo no inusual para alguien que con varios empleos sostuvo, primero, a la familia numerosa natal, asegurando la educación de los hermanos, y ahora, a la propia. Pero el cuerpo no resistió y el 28 de noviembre de 1956 sufre una hemorragia cerebral, internándose en el precario hospital local, y congregando a discípulos neurólogos y neurocirujanos  tratando de salvar al Maestro, sin importar la ideología, y contrariando la dura prohibición de los dictadores de todo lo que podía asociarse con el “Tirano prófugo” . En vano. Fallece Ramón Carrillo el 20 de diciembre de 1956 y los restos recién serían repatriados en 1972, descansando en su Santiago del Estero. “De sonrisa fácil y mano tendida hacia los semejantes”, lo recordaba uno de los discípulos, el prestigioso neurocirujano Raúl Matera.   

En 2020 volvió el aura de Ramón Carrillo con impugnaciones de la embajada de Gran Bretaña e Israel a la inclusión en los billetes, acusándolo de nazi. La pelea con las grandes farmacéuticas aún no ha terminado.  “Solo sirven las conquistas científicas sobre la salud si estas son accesibles al pueblo […] La medicina no es solo un oficio, es una ciencia social, una ciencia política y una ciencia económica, y, finalmente, es también una forma de la cultura y la expresión más concreta del grado de adelanto de una Nación”, afirmaba Ramón Carrillo, un pensamiento y acción que remedia injusticias.

 

Fuentes: Carrillo R. Contribuciones al conocimiento Sanitario.  Buenos Aires: EUDEBA, 1974; Alzugaray R. A.  Ramón Carrillo, el fundador del sanitarismo nacional/ 2.  Buenos Aires: Centro Editor de América Latina. 1988; López Marsano, Ch. Ramón Carrillo, el “Negro”. Primer Ministro de Salud Pública de la Argentina.  Buenos Aires: Universidad Nacional Arturo Jauretche. 2006.

Imagen: Ministerio de Cultura

Fecha de Publicación: 07/03/2022

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