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M´hijo el dotor, mi hijo el actor

Una experiencia muy movilizadora, en la que está en juego el futuro de los jóvenes

Conocimiento
M´hijo el dotor, mi hijo el actor

Cuando un  adolescente cumple 17 años todo pasa a ser una revolución, aún más de lo que fue su secundario. Hay que decidir una carrera universitaria, un oficio, un trabajo, y esto nos enfrenta con el desafío de esclarecer su vocación.

Las carreras tradicionales tienen la ventaja del prestigio y la demanda a largo plazo. Aquel conocido “Mi hijo, el doctor”. También es muy común que se transformen en una tradición familiar. Padre médico, hijo médico. Sin embargo las cosas en ese sentido han cambiado. Los jóvenes deberán reflexionar sobre sus aptitudes personales, sus valores, sus intereses, tener conciencia de sus expectativas y del tiempo y el esfuerzo que están dispuestos a dedicar. El proceso de elección de carrera requiere una información detallada de las carreras existentes y en caso de no satisfacer las expectativas, incursionar en otros ámbitos más alejados. Y es ahí donde aparece “Mi hijo, el actor”, o el cantante o el diseñador de videos juegos.

Decidir a tan temprana edad lo que se quiere hacer por el resto de la vida es imposible. Es importante que les trasmitamos a nuestros hijos que no pasa nada si a mitad de carrera se dan cuenta de que no les gusta y quieren cambiar. La elección de un oficio, de una vocación es una decisión muy personal. Y no es estática. Si nos ponemos a pensar, nuestros intereses van cambiando con el correr de los años, por lo tanto es bastante lógico que aquello que estudiamos o a lo que nos queremos dedicar también lo haga.

Es una experiencia muy movilizadora porque está en juego el futuro de esos jóvenes y por su necesidad de encontrar un lugar para desarrollar las capacidades que les son propias, disfrutando a la vez del proceso de formación. Pareciera que lo único que podemos hacer es acompañar. Tal decisión no debe ser azarosa, impulsiva o bajo mandato. Acceder a la información facilitará la elección, para hacerla sustentable, duradera y sobre todo, feliz.

¿Cómo puede ayudar la orientación vocacional?

Muchos chicos no saben qué proyecto de vida quieren. Hay que revisar intereses personales, destrezas y la oferta académica existente. Elegir implica siempre dejar algo de lado, al igual que cuando se toma un determinado camino. Pero no siempre es fácil decantar esa decisión, renunciando al resto de las opciones.

La orientación vocacional aparece, entonces, como un proceso destinado a ofrecer algunas herramientas para tomar mejores decisiones. Aunque se la suele asociar con el contexto de la elección de una carrera universitaria, el abanico de posibilidades que ofrece es mucho más amplio. De hecho, este mismo proceso se puede aplicar para tomar cualquier decisión a lo largo de nuestra vida. Lo fundamental son las herramientas que ofrece para pensar la elecciones personales.

Se suele confundir la orientación vocacional con los test vocacionales, pero éstos son apenas una parte del proceso. Para comenzar, es preciso determinar cuáles son los intereses más consolidados de la persona. Pero no se reduce solo a eso; más allá de las inclinaciones, hay que enlazar las habilidades del individuo. Esto sin perder de vista en qué lugar se imagina trabajando la persona.

Para finalizar, es fundamental conocer la oferta académica, al menos para el caso de los estudiantes. Esto permite hacer una elección más ajustada de la carrera, en función de los intereses, las habilidades y el trabajo que la persona se imagina haciendo.

En síntesis, para la elección de una carrera, de una profesión o de un oficio, las variables a tener en cuenta son: intereses, habilidades, capacidades y la oferta disponible.

¿Qué es la reorientación vocacional?

Hasta aquí hablamos de la orientación vocacional para elegir una carrera u oficio. Pero, ¿qué pasa si nos arrepentimos de la decisión que tomamos?

Es importante destacar que cambiar de carrera no es fracasar. Nuestros intereses van cambiando y es normal que las decisiones que tomamos también.

Para eso existe la reorientación vocacional, un proceso que se lleva adelante con quienes ya eligieron una carrera pero deciden cambiar. Por lo general, las personas entran en crisis con lo que eligieron y por eso necesitan un cambio. Esto trae aparejado una sensación de angustia y de haber “perdido el tiempo”.

En estos casos es importante capitalizar toda esa experiencia previa. Al fin y al cabo, todo lo que hizo fue un aprendizaje, es un dato positivo y sirve para volver a elegir. Cursar una carrera universitaria nos enseña mucho más que solo los contenidos académicos y esa experiencia nos ayuda a tener más claro lo que queremos y lo que no.

Fecha de Publicación: 18/06/2018

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