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Florentino Ameghino. El sabio proletario

De orígenes humildes, Sarmiento afirmaba que era el único sabio de la Generación del 80. Una vida llena de dificultades con un único propósito: hacer y promover ciencia en la Argentina.

Conocimiento
Florentino Ameghino

Una de las imágenes más conocidas de Florentino Ameghino muestran al “loco de los huesos”, como lo llamaban sus detractores, rodeado de cajas y cajas. Aislado y solitario. Flaco homenaje, al igual que su mote, de un infatigable estudioso que hizo ciencia cuando ni siquiera existía la Nación, y mucho menos instituciones científicas “Ameghino Florentino, soy del cuaternario, naturalista autodidacta” se presentaba este humilde maestro de escuela rural que fundó cátedras de ciencias naturales, dio conferencias ante notables, y dirigió investigadores y museos, y recibió la admiración de los mayores sabios de la época. Juan Ambrosetti, el pionero de los estudios folklóricos promovido por Don Florentino, escribió estas palabras: “Ameghino no fue solo un sabio de gabinete. Desde su iniciación fue un verdadero explorador, y este contacto del hombre con la naturaleza, desarrolló en él ese profundo espíritu de observación y esa facilidad de lógica asociación de ideas que le permitieron desarrollar sus vastas concepciones”, destacando la asombrosa descripción de casi 9000 mamíferos, y la famosa Colección Ameghino, que los científicos del mundo vinieron a admirar a La Plata. Porque desde las pampas bonaerenses a la costa atlántica, desde la Patagonia al Chaco, Ameghino puso un país, y un continente, en el mapa de la paleontología, la geología y la antropología.

“Más allá de algunos testimonios de la época sobre su italianidad, actualmente el dato más firme que hay es la aparición de una carta en la que el propio Ameghino le pide a un colega italiano que lo ayude a conseguir un certificado de eximición del servicio militar obligatorio en aquel país, ya que de lo contrario le sería imposible pisar ese suelo con fines científicos”, relata Alberto Boscaini, investigador del CONICET  sobre la misiva de Florentino, un escrito de puño y letra, en la que admite haber nacido en 1853 en la localidad genovesa de Moneglia, Italia, y emigrado a Buenos Aires a los 18 meses de edad. El colega sería Giovanni Capellini, antiguo director del Museo Geológico de Bolonia, y se conoció esta carta de 1879 en 2020. Con ello quedaría zanjado el misterio del dudoso lugar de nacimiento, que la historia oficial ubica en Luján -hoy Casa Museo- , el 18 de septiembre de 1854. Los investigadores sostienen que el motivo de que el mismo Ameghino oculte sus terruño natal se explican en el clima de desconfianza al extranjero de fines de siglo decimonónico, y la competencia despiadada entre los pioneros de la ciencia argentina. El alemán Karl Burmeister, uno de los introductores del método científico en Buenos Aires y Córdoba, llegó a desacreditarlo llamándolo, precisamente, “italiano”, y es conocido el enfrentamiento con un hijo de la clase patricia argentina, Francisco Pascasio “Perito” Moreno. Esto incluso llevaba a falsear datos y resultados de sus trabajos respectivos, algo que retrasaría el avance del conocimiento nacional en geología. En este contexto sociohistórico desfavorable, Ameghino, el hijo de una trabajadora familia genovesa asentada en Luján,  se jugó la vida siempre en sus convicciones y creencias, acertadas o erradas “Mi credo” de 1906 es una declaración de principios de esta sed inagotable del saber y, por algo,  José Ingenieros cuando habla de las doctrinas de Ameghino se las dedicada a los “maestros de escuela”

Tenía quince años, un título de subpreceptor -el único en vida salvo el Doctor Honoris Causa de la Universidad de Córdoba-, la escuela en Buenos Aires de preceptores había cerrado a fines de 1868, y José Manuel Estrada lo nombre maestro de la Escuela Municipal de Mercedes con un sueldo de cuarenta pesos, que sirven para que Florentino continúe sus trabajos arqueológicos en Mercedes y en Luján. En aquella alejada ciudad del centro porteño quedaba aún el recuerdo de Francisco Muñiz, el médico de las guerras de la Independencia, el Paraguay y la Fiebre Amarilla, y que había hechos excepcionales descubrimientos de renombre universal en la misma cuenca.  Amegehino recorría a diario con su padre Antonio y su hermano Carlos, quien a la postre sería un notable paleontólogo, los casi cuarenta kilómetros que separaban ambas ciudades. Mientras ascendía de director en 1877, se entregaba a la publicación de sus primeros trabajos sobre la antigua zoología y antropología pampeana en la prensa mercedina  y en la revista de la Sociedad Científica Argentina, fundada recientemente por Estanislao Zeballos, “el joven D.F. Ameghino, asiduo coleccionista, en la cañada de Rocha…-describe- una muestras de alfarería muy valiosas”, en la presentación en sociedad del joven Florentino por el político afín al roquismo. Zeballos, pese a pertenecer a la elite que Ameghino rehuía, fue un financista y protector del científico cuando se burlaban del “italiano charlatán”, “humildísimo maestro de escuela de campaña, desconocido, sin amigos, deplorablemente vestido, no ganaba lo necesario para vivir. Sin embargo, no abandonaba las investigaciones en Luján, donde pasó días sin comer, sufriendo de la intemperie y de la lluvia”, cerraba de Don Florentino, que escribió una obra de más de 20 mil páginas de enorme valor geológico y paleontológico para América.

“Usted fue denunciado en 1864 por ser parte de una red que vendía fósiles al exterior” fue la acusación en la prensa de Burmeister para que no avancen sus investigaciones en la línea evolucionista de Darwin, y su ascenso en el medio científico aristocrático. Ameghino ya tenía un nombre con el “Diario del Naturalista”, libro referido a las formaciones pampeanas cuaternarias. Sabido es de que muchas veces Ameghino recurría a este tipo de financiamiento, venta a otros coleccionistas, pero sólo con los duplicados y, además, solía repatriar algunas piezas, como prueba la fenomenal colección que atesora el Museo de Ciencias Naturales de La Plata.

 

Viaje a Europa, admiración mundial

Con grandes sacrificios, y créditos de algunos amigos adinerados (¿Zeballos? ¿Eduardo Holmberg?), parte a Europa con sus colecciones de huesos fósiles de humanos, y animales,  para participar en el Congreso Internacional de Ciencias Antropológicas de 1878. Y causa sensación entre los científicos europeos, este maestro rural de 25 años. Es invitado con honores a recorrer los yacimientos de Chelles, cercanos a París, hoy inexistentes, y realiza un relevamiento de importancia que aún es consultado en Museo de La Plata. Publica “Los mamíferos fósiles en América Meridional”, en colaboración con Henri Gervais, el afamado director del museo de ciencias naturales de Francia. Cuando regresa en 1881, casado, se encuentra que se lo había dejado cesante de su cargo de director primario de Mercedes por “ausencia prolongada”  En simultáneo, en el Instituto Geográfico Argentino comentaría la experiencia europea, en casi un resumen de su vida, “os engañaríais si creyérais que el hombre apareció en la tierra dueño y señor de la ciencia infusa y perfectísima. Ello es el resultado de un progreso lento y continuo de un sinfín de generaciones que nos han precedido y nos lo han trasmitido bajo distintas formas”, remataba un darwinista rabioso -dicen algunos enemistado con la Iglesia desde un artículo que cuestionaba el “milagro” de la Virgen de Luján-, un hombre que es un ejemplo nacional en remontar falencias y obstáculos, propios y ajenos.

Mientras atendía personalmente su librería y papelería Glypotodon, en el centro porteño acogía e instruía a tantos intelectuales, Ameghino edita los dos tomos de “La antigüedad del hombre en el Plata”. En estos desplegó una de sus principales hipótesis al asociar la fauna extinguida con la humanidad. De esta manera contribuyó a un debate de moda en las discusiones científicas europeas de fines del siglo XIX e intentó demostrar desde los territorios sudamericanos. Así sostendría el origen pampeano del hombre, que sería refutada por la aceptada universalmente interpretación alóctona, y la convivencia de los hombres con animales extintos, que durante el siglo pasado ha sido rehabilitada.  Por aquel entonces, Sarmiento diría que existe entre nosotros “un paisano de Mercedes” que es el único “sabio” que conocía. Y lo adscribe al darwinismo, al igual que al Perito Moreno, ambos en ese entonces amigos con un proyecto de museo natural que no prosperó en Buenos Aires. Ellos diferían  con el Maestro de América que culpaba a la raza autóctona de impedir el progreso material. Los positivistas Ameghino y el Perito Moreno, dentro de sus diferencias científicas, respetaron a los pueblos originarios.

Entre 1880 y 1904 Ameghino publicaría diez  obras científicas en Argentina y Europa, de alto impacto, en un contexto en que la ciencia argentina carecía de institutos y centros de formación. Y donde el flamante Museo de Ciencias Naturales de La Plata pretendía transformarse en un centro contrahegemónico al dirigido en Buenos Aires por el antievolucionista Burmeister y sus epígonos.

Entre que es designado en la Universidad de Córdoba, en donde funda la cátedra del zoología, y el llamado del Perito Moreno en 1886 para integrarse al Museo de Ciencias Naturales de La Plata como subdirector, institución a la cual vendería íntegra su incunable colección -para comparar, los herederos del presidente fraudulento Justo vendieron una de las mejores bibliotecas históricas argentinas, con varias publicaciones de la Independencia, a Lima en 1945-, Ameghino edita “Obras  de  retención  y obras de desagüe de la Provincia de Buenos Aires”, un masterplan que  fuera  posteriormente comprobado (El plan «Florentino Ameghino» de 1974, nunca concretado),  y que pone  en  evidencia  que la Provincia de Buenos Aires necesita obras  de  retención  y  no  de  desagüe, en la estima reafirmada de los especialistas hídricos del siglo XXI. Ameghino  sostuvo  la  necesidad  descubrir la llanura bonaerense de represas,  estanques y  lagunas  artificiales de explotación ictícola   combinadas con canales y plantaciones  de  arboledas,  que  eviten  los  períodos de seca e inundaciones extremas. Las crónicas inundaciones bonaerenses tienen una solución desde 1884.

Luego vendrá "Filogenia", un notable ensayo de clasificación evolucionista, que merece comentarios elogiosos de Sarmiento y Mitre, y excursiones antropológicas y geológicas por el Chaco, con Holmberg. Son los tiempos de la madurez paleontológica y el inicio del tiempo de "los hermanos Ameghino" y sus exploraciones patagónicas, del enojo con Moreno y la publicación de la monumental obra "Contribución al conocimiento de los Mamíferos fósiles de la República Argentina", laureada internacionalmente, y que constituye uno de los hitos fundacionales de la paleontología argentina. La pelea con el Perito hace eclosión en marzo de 1888 debido a la constante prédica de Ameghino contra la “paleontología bíblica”, que le traía problemas con la curia al director Moreno, en eso de defender a un masón y declarado ateo “Ha recrudecido la guerra infame que sin cesar me hacen Moreno y Burmeister”, confirma el científico criado en Luján a un colega alemán en 1892.

 

Últimos años y el sueño del hombre americano

Al ser exonerado del Museo, Florentino se quedó sin salario ni fondos oficiales y, lo que más le dolía, acceso a su preciadas colecciones, que ahora el Perito impedía que cotejara. Debería esperar a 1902 para equilibrar su siempre precaria economía cuando se le confió la Cátedra de Mineralogía y Geología, y poco después, el ministro Joaquín V. Gonzalez le otorgó el cargo de director del Museo Nacional de Buenos Aires que había quedado vacante, luego de la muerte de Carlos Berg, el discípulo de su rival Burmeister. Pero esto no amilana a Florentino, que abre una nueva librería Rivadavia en La Plata, en avenida 60 y calle 11; otra vez foco de la vida cultural.

Los Ameghino, Florentino y Carlos, encuentran imaginativas alternativas para continuar con sus tareas en la Patagonia, con magros fondos salidos de su modesto comercio, y hasta consiguen algún apoyo oficial, vía Carlos Pellegrini, sumado a los aportes del entonces canciller Zeballos “Ameghino depositó el importe recibido en el Banco de la Provincia de Buenos Aires -destinados a dotar sus múltiples exploraciones al Sur-, pero éste declaró cesación de pagos y finalmente Ameghino, como la mayoría de los ahorristas, sólo recuperó la mitad de la cifra original (Tognetti, 2001), como relata en marzo de 1892: “El depósito que tenía en el banco he tenido que liquidarlo perdiendo la mitad, pues ese establecimiento ya no se levanta más y los que no saquen lo que puedan sin duda perderán todo...con lo que salvé he abierto acá en La Plata, en la misma casa que habito, un negocio de librería”. Más adelante comenta en varias oportunidades que la librería funciona bien”, en la cita de Sergio Vizcaíno, quien recupera las cartas entre los hermanos. En tanto Carlos recorría la Patagonia de punta a punta, llevando la bandera a territorio inexplorado, Florentino estudiaba muestras y sacaba conclusiones -y mandaba dinero de su ralo bolsillo. Fueron largos 15 años del trabajo pionero y solitario de Carlos Ameghino, otro de los precursores de la paleontología y geología nacional.

El cambio de centuria encuentran a Florentino Ameghino en la culminación de los descubrimientos prolíficos en Patagonia, el desarrollo de sus teorías sobre los mamíferos y otros vertebrados fósiles sudamericanos, y las relaciones de los mismos con los vertebrados de otros continentes. Asimismo finiquita la teoría sobre la sucesión estratigráfica mesozoica y cenozoica de la Patagonia que dará, entre otros logros, la escala biocronológica argentina (y luego sudamericana) Años antes de su muerte, resistiendo a recibir atención médica, retomaría a sus estudios sobre el origen americano de la humanidad, y recibe menciones y participaciones de miembro en la mayoría de las sociedades científicas del mundo. Fallece el eminente científico en La Plata el 6 de agosto de 1911. Zeballos recordaría a su amigo, “era admirable escucharlo. Hablaba con la voz ahogada, como si una emoción infinita y misteriosa lo agitara, con unción casi mística, de iluminado. Su convicción inconmovible, sincera, profundamente sincera, era contagiosa”, en una remembranza de un argentino que empezó con una palita en un calera de Luján, y que argentinizó la ciencia, demostrando que no todas las respuestas estaban en Europa y Estados Unidos. Será Ameghino el gran maestro de la ciencia latinoamericana.

No olvidemos que Ameghino es un símbolo. Su gloria no disminuye por las partes caducas de su obra, está por encima de todas las reservas de la critica y de los embates de las pasiones”, en una semblanza que valoriza a Florentino Ameghino, recordado en Argentina en municipios, escuelas, parques, calles y monumentos -aún sin una estatua mayor con varios proyectos presentados en el Congreso Nacional-, y en palabras de Milcíades Vignati, homenaje de la Academia Nacional de la Historia de 1943 que lo ubica en el podio de los fundadores de la Ciencia Argentina, “No fue un sabio del saber enciclopédico como Burmeister, desbordante de cultura clásica e invulnerablemente acorazado en su ortodoxia científica y religiosa; ni un naturalista literato como Holmberg, chispeante de ingenio y fino aticismo, que no tenía a menos versificar y que aun en prosa hacía poesía; ni un biólogo de la talla de Gallardo, de sólido saber universitario que le permitía afrontar con igual preparación el estudio de la división celular como las leyes de la herencia, la taxonomía de las hormigas como la anatomía de un cetáceo; ni fue un arriesgado explorador como Moreno, en el que la intrepidez de la idea sólo era superada con la tenacidad en la realización; ni un exhumador de pueblos desaparecidos como Ambrosetti, en quien la perspicacia ingénita relegó al entendimiento adquirido, todos ellos sus émulos y contemporáneos ilustres, pero fue tan grande como ellos porque siempre supo aunar en el rasgo descriptivo la chispa luminosa de una idea y porque la osadía de sus tesis fueron fruto natural de su labor ciclópea”

 

Fuentes: Vizcaíno, S. y otros. Vida y obra de Florentino Ameghino.  Buenos Aires: Asociación Paleontológica Argentina. 2011, Cortabarría, J.J. La amistad entre Ameghino y Zeballos en revista Todo es Historia Nro. 530. Septiembre 2011. Buenos Aires;  www.conicet.gov.ar/el-origen-de-ameghino-un-equipo-de-paleontologos-abona-la-teoria-de-que-nacio-en-italia/; www.anc-argentina.org.ar/es/institucional/academicos/todos-nuestros-academicos/florentino-ameghino/

 

Imagen: Radio pública Lujan 

Fecha de Publicación: 18/09/2021

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