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Cecilia Grierson. Hay que despertar corrientes de bondad

La primera médica argentina y sudamericana serían méritos suficientes. Pero Grierson además fue una feminista concreta que dejó más que panfletos. Educar, Educar, Educar.

Conocimiento
Cecilia Grierson

“Hay que despertar corrientes de bondad” solía repetir Cecilia Grierson a quienes las visitaban en su retiro cordobés de Los Cocos, jubilada luego de medio siglo de entrega y sacrificio por la medicina y la educación argentina, aunque el Estado sólo reconoció veintidós años en la jubilación. El resto adujo “servicios gratuitos”, poco importaba a Cecilia que donaría su biblioteca, y una escuela, en los parajes que alegraron la vejez, aledaños a su humilde quinta “El Espinillo”. Al igual que los niños y mujeres que buscaban los diagnósticos gratuitos de la doctora, la primera argentina y sudamericana, la primera cirujana aunque no la dejaron ejercer. Apoyada por Sarmiento y Roca, en varios aspectos, Grierson es la continuación del proyecto de la Generacion del 80 con cara de mujer, de las pocas a quien dejaron imaginar la Nación Argentina. Pionera en la obstetricia, la kinesiología, la maternidad, la difusión de primeros auxilios y la enfermería, fundadora de escuelas e instituciones, abrió caminos para que las mujeres conquisten derechos civiles y económicos, y soñaba, una voz de pensamiento plural y diverso “No es católico, ni liberal, ni socialista, ni conservador, no persigue reinvindicaciones violentas ni pretende cambiar radicalmente el orden establecido; es simplemente femenino”, suscribía la presidenta Grierson del Congreso Internacional Femenino de 1910, primer oleada verde de América Latina.

La niñez de Cecilia pasaba plácidamente entre Buenos Aires y la campaña entrerriana, su padre hijo de uno de los primeros británicos en el Río de la Plata llegados a Monte Grande. El repentino fallecimiento de John Parish Robertson Grierson, y la revoltosa situación litoraleña con el asesinato de Justo José de Urquiza, produjo que Cecilia, nacida el 22 de noviembre de 1859, con catorce años ejerza la docencia rural en la estancia familiar y, vuelta a la ciudad, sea instutriz de una familia aristocrática. Mayor de seis hermanos, de pequeña sintió la educación como destino, y se recibió de maestra en 1878 en la Escuela Normal de la avenida Córdoba, obteniendo un cargo en el colegio mixto de San Cristóbal aunque el director de escuelas, Sarmiento, la había recomendado para una escuela de varones. Ejercería intensamente la docencia primaria y secundaria y fundaría la primera escuela normal de San Nicolás, la primera institución de las muchas que jalonaron su infatigable labor comunitaria.

La muerte por tuberculosis de una querida amiga, Amelia Kenig, la impulsó a tomar una decisión descabellada en la Argentina de 1882: recibirse de médica. Y Cecilia no cejó pese a las dificultades por su sexo que tuvo desde el ingreso, rindió libre latín, la exigencia de la Universidad de Buenos Aires para la carrera, lengua muerta que sólo se dictaba en el Nacional Buenos Aires -de varones-, y con el número de legajo 3850 realizó una brillante carrera coronada el 2 de julio de 1889 con la tesis doctoral, “Histerioovarotomías ejecutadas en el Hospital de Mujeres desde 1883 a 1889”, un visionario trabajo de la aún en ciernes ginecología.

Cecilia-Grierson

“Intenté inútilmente ingresar al Profesorado de la Facultad en la Sección en la que podía enseñar [...] No era posible que a la mujer que tuvo la audacia de obtener en nuestro país el título de médica cirujana, se le ofreciera alguna vez la oportunidad de ser jefa de sala, directora de algún hospital o se le diera algún puesto de médica escolar, o se le permitiera ser profesora de la Universidad. Fue únicamente a causa de mi condición de mujer (según refirieron oyentes de los miembros de la mesa examinadora) que el jurado dio en este concurso de competencia por examen, un extraño y único fallo: no conceder la cátedra ni a mí ni a mi competidor, un distinguido colega”, comenta de uno de los tantos techos de cristal que tapaban el cielo, éste de 1894, a quien ya era una reconocida ayudante en la cátedra de Histología y destacada médica del Hospital Ramos Mejía, donde había creado la Escuela de Enfermeras y la Sociedad Argentina de Primeros Auxilios. Estas dos últimas entidades un duro apendizaje de su lucha contra la epidemia de cólera en 1886, “Los días agotadores pasados en la casa de Aislamiento me hicieron concebir la idea de educar a enfermeras, puesto que no había quien respondiera a las necesidades de los enfermos. El mejor medio de proporcionar alivio a los que sufren es colocar a su lado personas comprensivas, afables y capacitadas que puedan colaborar con el médico en la lucha por recobrar la salud”. En la universidad tendría una tímida revancha con los cursos libres que dictó en la Facultad de Medicina entre 1904 y 1905, obstetricia y kinesiología, y con el apoyo de Juan B. Justo. Grierson fue la precursora de las mujeres en el ámbito universitario, que en medicina tuvieron que esperar treinta años más con la cátedra de María Teresa Ferrari de Gaudino.  

Congreso Femenino Internacional. 1910

Encomenda por el gobierno argentino del presidente Roca, como haría después el presidente Alvear, parte Grierson a Europa en 1899 a fin de perfeccionarse y aprender las nuevas tendencias en medicina y educación, en atención de los discapactados. Casi doce meses pasa en el Viejo Continente donde trabaja con los mayores especialistas en obstetricia y cirugía, mientras visita instituciones de niños sordomudos, ciegos y  con severas enfermedades físicas y mentales, además de conocer los avances de la denominada economía doméstica, germen de lo que luego sería la Escuela Técnica del Hogar, un novedosa instancia de formación de las mujeres para el mundo del trabajo. A su regreso fundó la Asociación Obstétrica Nacional de Parteras y sentó las bases para las escuelas de kinesología, su precursor “Masaje práctico” (1897) es un ineludible antecedente en Hispanoamérica, y las instituciones en la educación e inserción de discapacitados, en particular sordomudos. Fue recibida con honores en clínicas de Viena y Berlín, y asistió en representación nacional en la Exposición Internacional de París.

Pero aquel viaje ratificó una perspectiva de género en su trabajo asistencial, docente y técnico-profesional en la activa participación en el Primer Congreso Internacional de Mujeres en Londres (1899), con el sufragio y la extensión de derechos en el tope de la agenda. Allí nuestra compatriota fue vicepresidenta, única latinoamericana en esa función. Tomaría el paradigma para fundar el Consejo Nacional de Mujeres de la República Argentina el 25 de septiembre de 1900, que abandonaría una década después porque “un pequeño círculo llenó de personalismos. La comisión directiva (…) no ha sabido obrar con imparcialidad en la distribución de cargos, honores y medios materiales y ha creído que podía disponer a su antojo de los fondos comunes…Quizá el error ha sido designar las dirigentes entre las que en nuestro país sólo entienden de la vida de salón y nada más; ellas no están preparadas para desempeñar semejantes cargos, como las de países más antiguos, en que muchas damas de alta sociedad también son capaces de comprender sus deberes para con las demás mujeres, cooperando a su bienestar y progreso”, remataba  virulenta Grierson, el mal de la señora de cócteles y beneficiencia que aún persiste en este tipo de organizaciones locales públicas y privadas. Era en otro mojón decisivo de su existencia dedicada al prójimo, aquel del Primer Congreso Internacional de Mujeres realizado en Buenos Aires del 18 al 23 de mayo de 1910.  

Vinieron hermanas de América Latina, tuvo el respaldo de Marie Curie y Hellen Key, este encuentro se realizó en el salón de la sociedad Unione Operai Italiani de la calle Cuyo 1356, actual calle Sarmiento. Organizado eficazmente por Grierson y Julieta Lanteri -de quien fue la iniciativa, la farmacéutica y médica que bregó por el voto femenino y los derechos de la mujer y el niño-, con la cobertura de la Asociación de Universitarias Argentinas presidida por Petrona Eyle, reunió a cientos de mujeres y más de 185 instituciones adherentes del mundo “Establecer un lazo de unidad entre todas las mujeres del mundo…modificar prejuicios” fue el lema de las jornadas que abarcaron letras, artes, educación, sociología, derechos y ciencia, y en las cuales se destacaría una joven aún estudiante, Alicia Moreau. La presidenta del Congreso Grierson, elegida por las congresales, leyó “Ciencias y artes domésticas”, reclamando que los hogares sean un espacio de mayor interés “puesto que, de las condiciones del hogar y de todo lo que en él se relaciona, depende el bienestar y el perfeccionamiento de la Humanidad…de manera que una generación sea superior a la anterior”, y que la “educación científica doméstica”, sin distinción de sexos, sea un eficaz medio de lograr la Paz ante un mundo que caminaba la cornisa de la Gran Guerra. Las congresales aplaudieron sostenidamente a una mujer que ya había entrado en la historia.

Cecilia-Grierson

Grierson, partera de la medicina social argentina

En 1914 fue agasajada por la comunidad universitaria, al cumplir los 25 años de egreso, y recibió un diploma que atesoraba en el consultorio de obstetricia y niños sordomudos del centro porteño. Dos años después deja la docencia, su querida escuela de enfermería que llevaría su nombre desde 1935, y nuevamente es celebrada con cenas y distinciones. Elige como lugar de descanso Los Cocos en Córdoba aunque su espíritu emprendedor y organizador no descansa, y dona un terreno para que se construya la Escuela Técnica Nro. 189, la equipa con su biblioteca y compra los elementos pedagógicos. Cede otro terreno a la Academia Nacional de Bellas Artes para que se construya un hogar de artistas enfermos. La discusión que plantean los socialistas en las cámaras, de los cuales Grierson fue una compañera de ruta, hacen que retorne a Buenos Aires a presentar un trabajo que en 1926 ayudó a reformar el Código Civil incluyendo la posibilidad para las mujeres de disponer de sus propias ganancias, formar parte de sociedades civiles o mercantiles,  entre otros derechos. Hasta ese momento las mujeres eran consideradas niños, casi incapaces, en las leyes argentinas. La doctora Grierson fallecería en Buenos Aires el 10 de abril de 1934.

“Su lucidez, vocación de servicio y contacto con la realidad de su tiempo la llevaron a concretar iniciativas de carácter práctico, como el uso del uniforme obligatorio para enfermeras, la utilización de sirena en las ambulancias, el reparto de juguetes a niños hospitalizados y la decoración de salas pediátricas. Su legado incluye numerosos escritos sobre diversos temas como “Masaje práctico”, “La educación del ciego”, “Cuidado de enfermos”, “Primeros auxilios en caso de accidentes” y “Guía de la enfermera””, resume Felipe Pigna en elhistoriador.com.ar de un prócer que es recordada en calles y colegios. Ajustada síntesis del historiador para quien es precursora de la enseñanza de la puericultura y ginecología, pionera, docente y organizadora de la kinesiología, la enfermería y la obstetricia, adelantada en el tratamiento y educación de ciegos y sordomudos, promotora de grandes y pequeñas instituciones formativas, científicas y humanitarias, y sobre todo, maestra de maestros en el arte de la medicina con vocación de servicio social, desinteresada. Como reconocía su biógrafo Alfredo Khon Lancarica, “de las que saben interesarse por la sociedad en que actúan y por la tierra en que viven” Bendita Cecilia.

 

Fuentes: Kohn Loncarica, A. G. Cecilia Grierson: vida y obra de la primera médica argentina. Buenos Aires: Editorial Stilcograf. 1976 y Kohn Loncarica, A. G. Landaburu J. Pennini E. Cecilia Grierson y el Primer Congreso Femenino Internacional en revista Todo es Historia. Nro. 183 Agosto 1982; Cibotti, E. Sin espejismos. Versiones, rumores y controversias de la Historia Argentina. Buenos Aires: Aguilar. 2004.

Imágenes: Télam - Archivo General de la Nación

Fecha de Publicación: 03/12/2021

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