clima-header

Buenos Aires - - Miércoles 01 De Diciembre

Home Argentina Conocimiento Bernardo Houssay: mi país será una potencia científica

Bernardo Houssay: mi país será una potencia científica

Orgullo nacional y latinoamericano, nuestro premio Nobel trabajó incansablemente con el máximo de sus fuerzas en consolidar y prestigiar el saber argentino. Hacer patria fue hacer ciencia para Houssay.

Conocimiento
Bernardo Houssay

La ciencia no es cara, cara es la ignorancia”, repetía el profesor Bernardo Houssay, premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1947, quien pudo trabajar en el extranjero por su talento sin par  y, en cambio, decidió “vehemente de ver adelantar a mi país para que algún día pudiera estar a nivel de las primeras naciones del mundo y la convicción firme en la utilidad y justicia de la labor científica”. “El trabajo es la diversión más barata”, era otra de sus frases de cabecera escuchada por los cientos de discípulos que pasaron por sus laboratorios de la Facultad de Medicina y el Instituto de Biología y Medicina Experimental. Houssay se dedicó incansable a la investigación y la formación de mentes brillantes, entre ellas dos futuros premios Nobel, Luis Leloir e, indirectamente, César Milstein“El trabajo tenaz y concentrado es una fuerza poderosa, como la llama de un soplete que aplicado en un punto fijo de la plancha más dura de acero acaba por ablandarla y taladrarla, mientras que si se pasea de un punto a otro no alcanza ni a entibiarla”. Cualquier camino que conduzca al conocimiento nacional pasará por el pensamiento de un verdadero constructor de la Patria Grande desde la ciencia y el trabajo, Bernardo Houssay.

Bernardo Alberto Houssay nació en Buenos Aires el 10 de abril de 1887, fecha en que la UNESCO estableció el Día de la Ciencia y la Tecnología. Hijo menor de inmigrantes franceses llegó al mundo en la calle Viamonte, y luego de un breve paso por Lanús, se afincaron los Houssay en el barrio de Almagro, en la actual calle Acuña de Figueroa al 400. “Por haber comenzado temprano he podido trabajar intensamente durante más años; me ayudaron una buena salud, una sólida resistencia para la labor física e intelectual, mucha rapidez en el trabajo, bastante tenacidad, una memoria regular, mucho gusto por el estudio y el razonamiento, curiosidad y ansia de saber, y una clara conciencia de mi ignorancia", refería Houssay de los rasgos que aparecieron pronto en la infancia y lo transformaron en un niño genio y un eximio deportista, destacándose en fútbol, remo y atletismo –toda su vida conservó en el bolsillo una medalla ganada como maratonista a los 18 años.  A los trece años se graduó en el Colegio Nacional Buenos Aires, sorprendiendo con sus amplios conocimientos de literatura y ciencias, en parte estimulados por la generosa biblioteca familiar de su padre. Cuentan que, cuando acompañó a su hijo en la admisión del prestigioso colegio porteño, el rector dudó de la edad del postulante, y papá Alberto retrucó: “Va para doce”. Bernardo tenía nueve y tuvieron que acercarle un banquito cada vez que tocaba una lección escrita en el pizarrón del aula. Como no tenía edad suficiente para la escuela de Medicina, ingresó en la carrera de Farmacia y se recibió a los 17. “En realidad mi vocación era por las Ciencias Naturales, pero estudié Medicina porque me parecía mejor camino para llegar a ellas, aunque también me ha gustado mucho la carrera médica. Las razones por las cuales no estudié medicina desde un principio fueron porque me parecía que me recibiría demasiado joven y, sobre todo, porque la farmacia me permitiría ganarme la vida mientras estudiaba Medicina. El estudio de la farmacia tuvo la ventaja que me dio conocimientos de química mucho más intensos que los que adquirían los médicos en nuestra universidad”, aseveraría Houssay, un conocimiento que fue fundamental en su trabajo en el Instituto Bacteriológico y en las primeras campañas de vacunación  contra venenos de víboras en 1916, el doctor que de su bolsillo pagaba unos cuadernillos para la prevención de los jornaleros en el Chaco. Ingresa a la Facultad de Medicina y con la tutela del doctor Horacio Piñeiro, pionero de la medicina experimental, comienza en 1907 sus estudios de fisiología,  que culminan con el doctorado en 1911,  "Estudios sobre la acción de los extractos hipofisarios: ensayos sobre la fisiología del lóbulo posterior de la hipófisis", base de los estudios consagratorios  por el Nobel –y sobre la diabetes, enfermedad con la cual fallecería su influyente padre en 1909.

En los años del instituto que impulsó Carlos Malbrán conocería a la doctora en química María Angélica Catán, con quien se casaría en 1920, madre de sus tres hijos, Alberto Bernardo, Héctor Emilio y Raúl Horacio, quienes luego estudiaron Medicina como su padre. Para esa época su dedicación era de tiempo completo a la investigación, algo inusual pero que terminó siendo el modelo necesario en el desarrollo de una incipiente ciencia local, y deja el ejercicio de la medicina que practicó en los hospitales de Clínicas y Alvear, y los cargos en la Facultad de Veterinaria y el  Instituto Bacteriológico.  

En 1922 Houssay recibe el Premio Nacional de Ciencias por su trabajo sobre la acción fisiológica de los extractos hipofisiarios mientras trabaja y enseña en su ya famoso internacionalmente Instituto de Fisiología de la Universidad de Buenos Aires. Allí recibe a becarios de todo el mundo, sin distinciones de razas ni sexos, entre ellos más tarde,  la especialista en la lucha contra el cáncer, la doctora Christiane Dosne, a quien Houssay promovió en la Academia Nacional de Ciencias, siendo la primera mujer académica. Llegaba temprano al Instituto a fines de los veinte, desde la calle Viamonte –al 2700, actual Casa Museo Bernardo Houssay-, haciendo el trayecto a pie”, recordaba en 1971 la doctor en química Venancio Deulofeu, y traía a colación que en sus épocas de estudiantes Houssay caminaba las 90 cuadras entre su casa de Almagro y el Hospital Francés. Todos los días, “Iba directamente a su escritorio para ver qué novedades había y recorría el Instituto, muchas veces comenzando por el sótano. Al terminar su tarea, alrededor de las seis de la tarde, volvía a su casa si no tenía otros compromisos. Cuando recorría el Instituto se interesaba en el desarrollo de las investigaciones de cada uno…Cuando llegué al Instituto el Doctor Houssay prácticamente no se tomaba vacaciones, le parecían una pérdida de tiempo. Este es el origen de las anécdotas posteriores, que son reales, cuando comenzó a tomarse un descanso con su familia fuera de Buenos Aires –en Mar del Plata- Más de una persona que continuó trabajando en las vacaciones recibía una tarjeta de saludo, donde además le decía alguna frase parecida a la siguiente "tiene usted mucha suerte de poder continuar sus investigaciones”” Esta frase representaba también una defensa de la dedicación exclusiva en la Universidad”, cierra el profesor emérito de la Facultad de Ciencias Exactas sobre un periodo complejo para Houssay, quien el frente de la cátedra empieza recibir cuestionamientos del alumnado por sus “métodos rigurosos y altas exigencias”, e incluso es agredido físicamente  en 1926.

Bernardo Houssay

Como señala Pablo von Stecher,  la década siguiente Houssay refuerza los lazos de los investigadores argentinos con el mundo,  y sus conferencias científicas son alabadas en La Sorbona y Harvard. Houssay hizo vanguardia en la divulgación científica sin banderas ni patentes, y en la cooperación interamericana, “debemos cooperar para el adelanto científico de los países de la América Latina, como si fuera el propio de la Argentina. Pueblos de orígenes y problemas semejantes, nuestros destinos, reputación y evolución son en gran parte paralelos. El adelanto de uno de ellos beneficia a los otros", defendía. En aquella universidad norteamericana leyó un discurso donde se disculpaba de su pobre inglés aunque remarcaba que todos los americanos deben hablar en las lenguas de sus países en los foros científicos, o en su defecto comprender castellano, portugués e inglés, en momentos en que se ninguneaban los estudios latinoamericanos –y recogía la antorcha de los Montes de Oca y Wilde que reclamaban en 1870  una ciencia argentina original y comprometida con nuestra realidad, en plena Fiebre Amarilla, sin copiar modelos extranjeros.   

En 1934 Houssay concibe la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias (AAPC), “el mejoramiento de la investigación científica en la República Argentina, acrecentamiento y expansión de los centros existentes y la creación de ambiente propicio para tan altas disciplinas”, en respuesta a políticos contemporáneos que afirmaban que no existía la ciencia nacional, en un triste antecedente de ministros que mandaron a investigadores a “lavar los platos” Este organismo privado tenía como tarea orientar la investigación científica nacional de manera desinteresada, y colaborar en la formación de los jóvenes mediante becas y estancias de perfeccionamiento “A partir de la creación de la AAPC, la palabra de Houssay se inscribe de modo cada vez más contundente en una serie de tópicos vinculados a los desafíos y compromisos —morales, patrióticos, profesionales— del investigador”, concluye von Stecher, en un claro antecedente del funcionamiento del futuro Conicet.  

“Presumo que habéis querido adherir en mi persona a la obra silenciosa de quienes luchan, en la esfera a veces desconocida de su acción, para desarrollar el cultivo de las ciencias y de la investigación en nuestro país”, decía un sorprendido Houssay a la Academia Nacional de Letras, donde es incorporado en 1939, “Vuestra elección, superior a mis merecimientos, reconoce en la literatura científica, aparentemente árida, la fuerza de la verdad en una de las expresiones más elevadas de la cultura… en los países jóvenes y aún en formación, las personalidades descollantes se ven obligadas a actuar en diversos campos y en variadas tareas. Tal fue el caso del doctor Ángel Gallardo, que fue ingeniero, naturalista, profesor, hombre de ciencia, dirigente universitario y hombre público. Solicitado para el desempeño de distintas actividades en destacadas posiciones, sus excepcionales méritos señalaron indeleblemente la huella luminosa y fecunda de su paso, dondequiera aplicó sus vastos conocimientos y su rectitud moral, rasgo predominante de su bello carácter”, señalaba el científico, también fundador de la Sociedad Argentina de Biología.

 

Premio Nobel, la ciencia no tiene patria, pero el hombre de ciencia la tiene

El 4 de junio de 1943 un golpe de estado termina con el gobierno fraudulento de Castillo y los sectores nacionalistas ocupan espacios de poder, entre ellos en la Universidad, “en la verdadera democracia todos tienen derecho de aprender, pero el deber de aprender bien…no debe existir el derecho de aprender mal, o sola para satisfacciones egoístas o puramente personales”, reflexionaba quien propugnaba a las universidades, Houssay además fundamental en otras casas de altos estudios del país como en Rosario, como los centros privilegiados de investigación reatroalimentados con la excelencia de la enseñanza.   En octubre Houssay firma una solicitada por la “democracia efectiva y solidaridad latinoamericana” y termina en la calle, sin su amada cátedra con más de 30 años de titularidad, en compañía de varios colaboradores. Inmediatamente recibe un suculento ofrecimiento del National Institute of Health de Bethesda, EE.UU, y los rechaza acorde a su pensamiento, ‘‘La ciencia no tiene patria, pero el hombre de ciencia la tiene. Por mi parte, no acepté posiciones de profesor en los Estados Unidos y no pienso dejar mi país, porque aspiro a luchar para contribuir a que llegue a ser alguna vez una potencia científica” Funda entonces el Instituto de Biología y Medicina Experimental en Palermo –hoy en Belgrano-, que se convertiría en el nuevo paso obligado de los científicos del mundo, y entregaría trabajos pioneros en endocrinología, nutrición, farmacología, patología experimental, glándulas suprarrenales, páncreas, hipertensión, diabetes y otras áreas abarcadas por la fisiología.

Ese hombre con su guardapolvo tableado que recibió el Premio Nobel, que había dado la mano a reyes, príncipes, presidentes y científicos del mundo, no tenía problemas en escuchar hasta al más joven de los principiantes. Todos los sábados a las 11 se reunían los investigadores para relatar las novedades de trabajos propios o de los publicados en las revistas científicas. En ese ámbito de respeto, alegría y padecimientos, aprendí el mensaje de la ciencia para toda la vida”, recordaba el doctor Edmundo Ashkar, otra discípulo destacado de Houssay en la biofísica, “”Es necesario conocer en los nuevos tiempos, las metodologías y aplicaciones de los conocimientos básicos, resultarán imprescindibles para las generaciones de científicos venideros”’’ acota que le dijo Houssay cuando lo becó para un viaje de estudios en el MIT de Estados Unidos en los sesenta.

En 1945 el gobierno peronista le restituye en su cátedra pero la nueva ley universitaria lo jubila de hecho en 1947. Ese año recibe el Premio Nobel de Medicina y Fisiología por el descubrimiento de que la anterohipófisis regulaba no sólo el crecimiento sino también el metabolismo de los hidratos de carbono. Con su habitual humildad en un agasajo brindado por la Asociación Médica Argentina, ninguna institución oficial, ni siquiera la UBA, se sumó al científico que había argentinizado la ciencia mundial,  poniendo a Latinoamérica en el mapa, Houssay prefiere hablar del mañana, “He tenido la suerte de tener discípulos excepcionales por su capacidad científica y por su altura moral. Dictaron cátedras y dirigieron institutos prestigiosos, investigaron y formaron investigadores, realizaron una obra científica de jerarquía internacional que dio fama y prestigio a nuestro país. Fueron abnegados y patriotas, se mantuvieron siempre rectos y fueron leales a su conciencia aún en las horas difíciles, a pesar que esto les trajo injustamente toda clase de sinsabores. Estoy orgulloso de haber tenido y de tener tales discípulos cuya personalidad intelectual, moral y humana honra a nuestro país".

Ciencia Industria Nacional

“El verdadero patriotismo está en trabajar correctamente y someter su resultado a la discusión mundial, lo que mostrará la importancia real de nuestros estudios; está también en enseñar el método y estimular el amor a la ciencia a los que nos rodean; en no temer el sacrificar las horas y posponer sus estudios para que se formen los discípulos; en estimular la crítica, en exigir el respeto y la ayuda para los que valen; en luchar por corregir lo malo o deficiente. Lo patriótico es crear un buen ambiente científico local, serio, donde se estudien los problemas objetivos que son de todos los continentes y con mucha atención los propios de nuestro país”, declaraba Bernardo Houssay preocupado por el goteo de cerebros que se puede rastrear desde los treinta. Con la autodenominada Revolución Libertadora recupera el Instituto de Fisiología de la UBA en 1955, y comienza una denodada campaña para que el Estado Nacional destine presupuesto a las ciencias. De buen trato con el presidente de facto Aramburu, junto con el presidente fraudulento Justo los únicos que trataron al científico, Houssay en 1958 funda el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicet), junto a Deulafeu, Eduardo Braun Menéndez y Ernesto Galloni, entre otros. Houssay será su primer presidente y uno de los mentores de la carrera de investigador científico en el país. En su conferencia sobre la “Misión y responsabilidad del investigador científico” (1961), Houssay destaca la vocación, el idealismo, el desinterés, la generosidad, entre otras cualidades o requisitos necesarios del investigador, pero también propone “la capacidad de escribir bien, anotar ordenadamente los resultados, examinarlos críticamente y con frecuencia, enunciado en el que se articulan en una misma línea lógica las virtudes de una escritura correcta y organizada con aquellas sobre una autoevaluación exigente”, sostiene el científico Leonardo  Mac Lean.

“Fue en esa época que recibí interesante propuestas del exterior y estuve tentado de aceptarlas. Nuestro pesimismo cesó cuando en 1958 durante el gobierno de Aramburu se creó el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas”, recordaría Leloir, discípulo directo de Houssay, y Premio Nobel 1970, “El directorio estaba constituido por una mayoría de expertos en cuestiones científicas, varios de ellos (Houssay, Braun Menéndez, Deulofeu y yo) ya habíamos actuado en el colegiado directivo de la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias. Esta institución había tenido como presidente a Houssay desde su creación y durante muchos años fue la única que daba becas para investigación científica. Cuando se trató la elección de presidente del Consejo, el Doctor Deulofeu propuso el nombre de Houssay y la mayoría aceptó. Desde entonces y durante 12 años Houssay fue presidente del Consejo. Ejerció ese cargo con gran ecuanimidad y acierto. Trataba siempre de mantener un alto nivel de competencia entre los investigadores del Consejo. Para esto tenía que luchar con los que sólo procuraban conseguir más dinero sin cuidar mucho de la calidad de la gente. Esta es una tendencia muy fuerte y que puede llegar a desprestigiar a la investigación científica en nuestro país. Muchos de los enemigos que tuvo Houssay se creían merecedores de más ayuda de la que recibían de él. Además no tenía reparos en dar su opinión sobre las personas y estos comentarios a menudo llegaban a los interesados en forma aumentada”

"La obra humana debe ser ininterrumpida durante toda la vida hasta que la detenga la muerte. Cada hombre debe trabajar continuamente para si y sus semejantes, mientras lo permitan su salud física y mental. Cambiará en parte sus tareas cuando lo aconseje la edad, pues no debe bloquear los puestos y promoverá la llegada continua de hombres más jóvenes y de nuevas ideas de progreso. No considero un ideal humano aconsejable el querer jubilarse para ser inactivo, lo que daña el cuerpo y el alma y a la sociedad" dijo a sus ochenta años quien calaría hondo en las nuevas generaciones de científicos, no solamente con su programa de una formación teórica sólida, investigación sistemática, método experimental y dedicación exclusiva, sino con una voluntad de trabajo constante. Houssay llegó a tener setenta líneas de investigación distintas con sus becarios en la Argentina y en el extranjero, con contribuciones fundamentales que hicieron célebre a la escuela de Houssay. Entre tantas, el equipo de Hipertensión y su descubrimiento de la renina, a la Dra. Rebeca Gerschman y su descubrimiento de los antioxidantes, al Dr. Galli Mainini y su test de detección de embarazo, el primero en el mundo. La dimensión científica mundial de Houssay se podría medir en las 127 medallas y condecoraciones, la membresía de 200 instituciones científicas y académicas, los 284 diplomas de las universidades e instituciones más prestigiosas y las 18 designaciones Doctor honoris causa. Unos meses antes de su muerte, el 21 de setiembre de 1971 en Buenos Aires, Houssay decía, "No deseo estatuas, placas, premios, calles o institutos cuando muera. Mis esperanzas son otras. Deseo que mi país contribuya al adelanto científico y cultural del mundo científico actual. Que tenga artistas, pensadores y científicos que enriquezcan nuestra cultura y cuya obra sea beneficiosa para nuestro país, nuestros compatriotas y toda la especie humana"

La juventud debe tener ideales elevados y pensar en alcanzar grandes cosas, porque si la vida rebaja siempre, y no se logra sino una parte de lo que se ansia, soñando muy alto alcanzaréis mucho más. Las conquistas del presente son sueños juveniles realizados y que alguna vez se tuvieron por imposibles", señalaba el inquebrantable soñador Houssay, un modelo de vida en la Ciencia, un modelo de patriota.

 

Fuentes: Houssay, B. Escritos y discursos. Buenos Aires. Eudeba. 1985; Buch, A. Forma y función de un sujeto moderno. Bernardo Houssay y la fisiología argentina (1900-1943). Quilmes: UNQui. 2008;  https://www.ciencias.org.ar/user/DOCUMENTOS/Ashkar.pdf  ; https://www.tremedica.org/wp-content/uploads/n44_tribuna-PvonStecher.pdf ; https://www.ancmyp.org.ar/user/CONTINUACION-ANALES/25_TOMO%20XXV.PDF

Fecha de Publicación: 10/04/2021

Compartir
Califica este artículo
5.00/5

Te sugerimos continuar leyendo las siguientes notas:

Luis Federico Leloir Luis Federico Leloir: un genio modesto
ciencia César Milstein: pasión por la ciencia

Temas

cat1-artículos

¡Escribí! Notas de Lector

Ir a la sección

Comentarios


No hay comentarios

Dejar comentarios


Comentarios

Historia
Subte Buenos Aires 1913 Subterráneo de Buenos Aires. El reino olvidado.

Los primeros días de diciembre de 1913 los porteños serían los primeros en Hispanoamérica en viajar...

Tradiciones
mate-amargo ¿Te gusta el mate amargo?

Te enseñamos cómo curar el recipiente para que disfrutes de los amargos más ricos.

Historia
Mercosur Declaración de Foz de Iguazú. Argentina y Brasil, Hermanos

Suscripta por ambos países el 30 de noviembre de 1985 constituyó el germen del MERCOSUR. Si bien est...

Historia
Teatro argentino Teatro Argentino: una pasión nacional y popular

Los duendes del teatro argentino nacieron entre esclavos y criollos, aprendices de los españoles. Vi...

fm-barcelona

Artículos


Quiero estar al día

Suscribite a nuestro newsletter y recibí las últimas novedades