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8M: la ciencia es nuestra

En el marco del 8M, reconocemos la labor científica que realizaron las mujeres cordobesas a lo largo de la historia.

La ciencia, como la historia, fue escrita y desarrollada históricamente por hombres. Pensada, planificada y manejada por una sola mitad de la población mundial. Mientras las tareas domésticas y los cuidados eran exclusivamente obligación de las mujeres, la ciencia y la política se consolidaban como el espacio por excelencia del género masculino. No fue sino hasta hace relativamente poco, que las universidades e instituciones educativas comenzaron a abrir sus puertas al “segundo sexo” como lo llamaría, irónicamente, Simone de Beauvoir. Sin ir más lejos, un ejemplo ilustrativo sobre la desigualdad en la educación es el de la Universidad Nacional de Córdoba, una de las más antiguas de Latinoamérica. En esta universidad que cuenta con cuatro siglos de historia y de vida, hace solo 70 años que las mujeres se ganaron un lugar real. 

La primera egresada

Recién en 1884, se dio el egreso de Ángela Sertini de Camponovo como partera: la primera mujer académica de la provincia. Incluso en las épocas más revolucionarias, de ampliación de derechos y lucha estudiantil, como lo fue por ejemplo la época de la reforma universitaria, las mujeres seguían siendo relegadas. No podían elegir cualquier carrera: las formaciones que se les permitían eran las vinculadas al cuidado de un otro. Por ejemplo, enfermería, medicina y sobre todo especializaciones en partos. O sea, profesiones que seguirían perpetuando una domesticidad incluso dentro del ámbito laboral. Ya que se trataba de tareas de cuidado y no se alejaban mucho de los mandatos en torno al rol de la mujer en la sociedad. Incluso, para poder entrar e incorporarse como estudiantes universitarias, las mujeres debían rendir un examen de salud mental y demostrar sus capacidades intelectuales. Algo que, por supuesto, no debían acreditar los hombres que se presentaban a la institución. 

El título como accesorio

Otra de las realidades que vivían las mujeres egresadas de las Universidades Nacionales como profesionales de la Salud, era la poca inserción laboral. Muchas veces, sus títulos quedaban como decoración de la casa.  Es el caso de Margarita Zatzkin, primer egresada de medicina en la Universidad Nacional de Córdoba, además farmacéutica. A la que nunca se le permitió ejercer su profesión. Porque las exigencias sociales establecían que tenga hijos y sea ama de casa. 

La ciencia es nuestra 

Pero siempre hubo resistencia, sed de conocimiento y fuerza para conseguir más y más derechos. Y con el paso del tiempo, cada vez son más las mujeres que revolucionan el mundo de la investigación y desarrollan prolíferas vidas académicas. Por eso, en un día como el 8M es necesario recordar que, a pesar de que haya pasado mucho tiempo de la inclusión de las mujeres en el ámbito científico-académico, tal vez no haya sido suficiente. Y sobre todo, es indispensable reconocer la labor de científicas que rompieron barreras sociales, mandatos ancestrales y estereotipos culturales para ejercer sus profesiones con total vocación y esmero. Es el caso de estas profesionales cordobesas que, entre muchas otras, se destacaron por sus aportes particulares a la ciencia.

Como la historia de la Inga. Aeronáutica Sabrina Tántera. Actualmente es jefa del equipo de trabajo del Laboratorio de Integración y Ensayos Mecánicos de Vehículos Espaciales de Nueva Generación (Veng). Un proyecto famoso a nivel internacional que ya va dando sus frutos. Veng es una empresa cordobesa que cumple un papel clave en el desarrollo y en la fabricación del Satélite Argentino de Observación con Microondas (Saocom), a cargo de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae). 

O la Dra. Beatriz Caputto, que se convirtió en la primera mujer Presidenta de la Academia Nacional de Ciencias en los 150 años de historia de la ANC.

O Carolina Scotto que fue la primera mujer en ejercer como rectora de Universidad Nacional de Córdoba. 

O… miles de personalidades más que se abrieron paso en el mundo de la ciencia para reivindicar nuestro derecho a ser y crecer como mujeres. En este 8M, no necesitamos más regalos que los propios derechos que nosotras mismas fuimos conquistando. ¡Aplausos para ellas!

 

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