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Un cuento de Navidad por Pedro Orgambide

Editado en 1965 por Jorge Álvarez, “Un brindis por la felicidad” representa el admirable registro de la oralidad con el que Pedro Orgambide definió su literatura

De los lugares comunes de crítica a la literatura argentina es la poca fidelidad en la traslación de los diálogos al papel. La tensión de la oralidad fue siempre una cuestión que recién a partir de la década del cincuenta, la nueva camada de escritores, pudieron conjurar. Uno de esos fue sin duda Pedro Orgambide (1929), que quizás después de Roberto Arlt mejor escuchó a Buenos Aires. A sus penas, a sus olvidos, hasta el día que me quieras. Entre casi medio centenar de libros, entre novelas, cuentos, ensayos, teatro e historia, este autor de fuerte militancia política semblanteó al porteño en “Gardel y la patria del mito” y “Todos teníamos veinte años”, por citar, más sus columnas en la revista Humor y, últimamente, en el diario Clarín. Fallecido en 2003, ganador de premios en América y Argentina, protegido del poeta Raúl González Tuñón, entendía que escribir lo “salvaba de la abusiva realidad”. Pocos la contaron mejor que Pedro.

Este cuento que compartimos apareció primero en las célebres compilaciones de la editorial de Jorge Álvarez, promotor de la cultura nacional en los sesenta, desde literatura a rock, y que reunían autores argentinos y extranjeros con un disparador amplísimo. A Orgambide, al que presentan en 1965 presidiendo una lista dentro de la asociación de escritores llamadas “Gente Nueva”, tocó el ring raje de las Fiestas. Y pergenió a una Julia y un Santos que podrían hoy tomar unos tragos en Puerto Madero, o en la Costanera de Rosario. Gente Nueva. De 1965.

“Un brindis por la felicidad” de Pedro Orgambide (1965)- Reeditado por Sudamericana en "La buena gente" (1970)

“En la oficina alguien hizo un pájaro de papel. Todos cobraron el aguinaldo. Todos se fueron a beber. Todos se emborracharon convenientemente. Y ahora en el bar sólo quedan un hombre y una mujer”.

Un hombre de su experiencia

En el rincón del bar, una mujer y un hombre levantan las copas en un brindis. Felicidades, se dicen. Desde el aire a la calle vuelan las hojas del calendario que un empleado arroja desde el último piso”.

 

Imagen: Freepik

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