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Llega el verano y cientos de parejas y familias pueblan nuestras playas en busca de las tan deseadas vacaciones.

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Llega el verano y cientos de parejas y familias pueblan nuestras playas en busca de las tan deseadas vacaciones. Vacaciones que no siempre resultan como fueron pensadas.

Escenas de malestar entre los miembros de una pareja se replican por toda la costa... Un hombre callado y con mirada perdida... una mujer nadando en una catarata de palabras parece no registrar si existe o no un interlocutor.

El resultado: "Ella no para de hablar..." (piensa El);"El no habla..." (dice Ella). En ambos casos, la expectativa del encuentro distendido fuera de la rutina anual, devela más que nunca el desencuentro de la palabra y la dificultad para comunicarse.

Desde el punto de vista psicológico, sabemos que cualquier alteración del ritmo cotidiano produce todo tipo de desencadenamiento emocional. Será que la vorágine laboral, la agenda escolar, las rutinas, etc. esconden los aspectos más oscuros de cada uno y que cada uno prefiere atribuirle al otro.

Y es en ese preciso momento donde aparecen las suplencias del desencuentro, creando todo tipo de "actividades veraniegas": todas las noches asadito, cuatri para los chicos, tablas de surf para mares sin olas, eternas esperas para cenar en ruidosos restaurantes, jueguitos que hace décadas convocan niños, niñas y adolescentes para obtener tickets que jamás tendrán un premio, ferias artesanales sin artesanías y plagadas de objetitos made in China, reuniones multitudinarias con amigos y amigos de los amigos.

En consecuencia, la elección es el stress como modo de vacacionar, como modo de soportar lo insoportable del encuentro con el otro.

¿Son unas vacaciones capaces de deteriorar una familia?

Esta es una pregunta que se realizan con frecuencia las personas que acuden a terapias familiares o de pareja. No hay una respuesta exacta ya que puede suceder tanto que si como que no. A continuación explicaremos por qué.

Es cierto que durante las vacaciones en familia es habitual que haya roces y discusiones. Esto puede deberse a las expectativas con las que llegamos al comenzar nuestro período de descanso. Es un conjunto de individualidades con deseos y perspectivas diferentes sobre lo que se quiere hacer en las vacaciones. Por lo tanto, si algo no sale según lo esperado, esto puede generar frustración y enojo.

La falta de rutina es un factor a tener en cuenta. A lo largo del año hacemos verdaderos esfuerzos para organizar los horarios y la semana y acabamos funcionando como relojes precisos, en cambio, las vacaciones nos obligan a afrontar más tiempo sin hacer nada, más convivencia y más improvisación. Por eso es necesario adaptarse, flexibilizarse y atender tanto a las situaciones como a las necesidades de todos los miembros. 

Lo normal y esperado es que se discuta, se negocie, se pelee y se solucione, pero cuando esto último no ocurre, lo que sale a la luz son conflictos irresueltos que florecen en esta etapa por su naturaleza. Es decir, el hecho de que debamos convivir más tiempo con nuestra familia ocasiona inevitablemente más discusiones y roces, pero cuando no es posible llegar a un acuerdo esto se debe a conflictos sin resolver que vienen desde antes. Las vacaciones por si solas no ocasionan una ruptura, simplemente son un detonante cuando los problemas se acumulan.

Por lo general, las vacaciones son un caos, pero las familias tienen recursos para resolverlo. Aceptar el caos no es sencillo, y cuando en la familia hay asuntos sin resolver, son más vulnerables. Desde la terapia se busca fomentar la flexibilidad, la organización y la planificación. Se les brindan a los pacientes herramientas comunicativas para poder adaptarse a las necesidades de todos y negociar para lograr una convivencia pacífica. Pero sobre todo, se tratan de resolver esos conflictos, que si bien surgen durante las vacaciones, permanecen todo el año.

Para concluir, podemos decir que las vacaciones son un desafío para la familia. Se pone a prueba la capacidad de adaptarse a las necesidades de cada uno de los miembros. Por eso es importante organizarlas de tal manera que todos tengan su espacio, desde la pareja, los hijos y los padres. Para esto es necesario un reparto adecuado del poder, que permita a los padres tomar las decisiones, pero atendiendo la opinión de los demás. Y aceptar que la convivencia conlleva roces, y cuando estos ocurren, hay que saber cerrarlos adecuadamente.

Fecha de Publicación: 19/04/2018

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