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PRODE. Pasión de multitudes

A 50 años del inicio del popular juego de apuestas deportivas aún despierta las fantasías nacionales, hace un lustro desaparecido. Negrete, Racing de Córdoba, historias increíbles de la apuesta perfecta.

Un fin de semana más de febrero de 2018, el primero, sorteo 1814, y el sueño de las catorce crucitas, aciertos llenos de gritos de gol, se acabó. Chau PRODE. Esa timba oficial que entendió como pocas las pasiones argentinas, el dinero y fútbol, que hizo personajes mediáticos a los ganadores, la chaqueña Fabiana López actuó en las telenovelas de la tarde y comió en la mesa de Mirtha Legrand, y que era el boleto dorado para salir de la pobreza, en un país que empezaba tomar el rostro siniestro de hoy, fue liquidado por el presidente Macri. Simplemente un decreto que cancelaba Loteria Nacional, del cual el Concurso de Pronósticos Deportivos (PRODE) era un apéndice que la financió con creces en los primeros veinte años de este juego, y se paró  la tómbola de la redonda, aquella que hasta tuvo su propia película en 1973, “Yo gané al Prode, ¿y Ud.?” con Ricardo Bauleo y Víctor Bo. Lo que no finiquitó fueron las miles de historias familiares que se agigantaron en estos últimos cincuenta años, de tardes pegadas a las radios de transistores y forro de cuero, y abuelos que saltaban de la cama en la jugada que valía millones, sin importar que perdiera el club de sus amores. Montones de dinero que regaron fábulas increíbles como la de Ramón Negrete, el primer ganador en 1972, o el mítico gol del Pato Gasparini de Racing de Córdoba en 1984 para que el plantel de ese equipo complete la boleta. PRODE, que me hiciste tanto mal pero sin embargo te quiero.

“Que la evaluación efectuada por el Ministerio de Desarrollo Social a los fines de resolver la continuidad funcional de Loteria Nacional Sociedad del Estado tiene presente que la regulación y explotación de los juegos de azar no tiene carácter federal y que, teniendo en cuenta que loteria nacional sociedad del estado carece de un ámbito territorial y jurisdiccional propio”, consideraba el decreto 95 del presidente Macri en 2018, continuando uno de las tantas medidas que armaron y desarmaron el estado argentino durante su administración, y pasa en el artículo 17 al “Declárase en estado de liquidación a Loteria Nacional Sociedad del Estado”, toque de gracia a una entidad que había tenido un importante misión histórica en el combate federal del juego clandestino y el financiamiento de la obra pública -gran parte de sus competencias y productos fueron transferidos al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Con ello se finalizaba la explotación del juego de Concurso de Pronósticos Deportivos (PRODE)  debido a que “no permiten generar los fondos necesarios para solventar las erogaciones que demanda su estructura y funcionamiento” Distantes las épocas donde el PRODE era el juego amado de los argentinos, superando varias veces las cinco millones de tarjetas apostadas cada fin de semana, en un país de treinta.

El “hoy nos salvamos con el PRODE”, o amigos de bar que armaban las grillas religiosamente antes del viernes, había empezado en 1971 en una idea de Francisco Manrique. El por entonces funcionario de la dictadura de Lanusse, creador del PAMI (Programa de Atención Médica Integral) a instancias de la asociaciones de jubilados, la mayor obra social de Latinoamérica -paradójico para un hombre fuerte el golpe de Estado que derrocó al peronismo-, buscaba una manera de financiar un monstruo que no pararía de crecer. Propone entonces un concurso similar al Totocalcio italiano y la Lotería Esportiva brasileña y el presidente de facto Lanusse firma el decreto instaurado el PRODE el 5 de noviembre de 1971. Junto con la Asociación de Fútbol Argentino, que recibía un jugoso porcentaje, se instituye un simple sistema de tarjeta con recuadros para marcar local, empate o visitante, diez aciertos para recuperar el valor mínimo y catorce aciertos -que en principio eran 13 - para gritar bingo, perdón, ¡PRODE! El triunfo de Estudiantes de La Plata frente Atlanta inauguró el juego de apuestas contralor estatal un 2 de febrero de 1972 y, después de ese día, a excepción de algunas fechas, se jugó cada semana hasta 2018, con la interrupción de 1998, y luego retomado en 2001.

Para el primer PRODE se jugaron 152.202 apuestas repartidas entre 32 apostadores, que utilizaban tarjetas Hollerith en las que se apostaba a los resultados que luego certificaba el Centro Único de Procesamiento de Datos (Cuped). “El éxito alcanzado por el Prode fue de tal envergadura que para la séptima jugada, la cantidad de apuestas en juego había alcanzado los dos millones”, consignaban en el sitio oficial de Lotería Nacional, hoy desaparecido, de acuerdo al diario La Nación.

Reinó como juego preferido de los argentinos dos largas décadas y solo fue batido por los pozos millonarios que ofrecía la lotería santafesina con el Quini 6, en 1994 un empleado estatal platense que ganaba 400 pesos ganó 14 millones acertando los seis números, pesos que eran dólares, y luego, el Loto de la agencia estatal. Estos nuevos juegos de azar, prácticamente no hubo provincia argentina que no tuviera timba legal durante el menemismo, hicieron que a fines de los noventa nadie se arriesgue a las treces cruces. Daniel Scioli, entonces diputado, intentó reflotarlo en los dos mil, sumando extrañas modalidades de los juegos de Las Vegas, y que de a poco se diluyeron lánguidamente ya que en 2014 la boleta era prácticamente la misma que en 1972.  En septiembre de 2017 un joven marplatense resultaría único ganador, alzándose con poco más de 5 millones de pesos, tentadores solamente porque había un acumulado de meses, “Hoy hay muchos juegos que antes no existían como el Telekino, el Loto, o el Quini, así que el Prode no tiene el mismo auge que en el pasado.Pero los que más juegan generalmente son futboleros, gente relativamente joven de entre 18 a 30 años, y algunas personas algo más grandes, que copian siempre el mismo ‘dibujo”, comentó el agenciero de la tarjeta ganadora, al Diario La Capital. Unos meses después, el PRODE era figurita del álbum nacional como el tranvía y la bidú cola.

La perdedora del PRODE

Hubo ganadores mediáticos como el toldero de Berazategui, el único que acertó los 13 resultados del Prode en 1982 con 15.422.356.800 pesos, unos 250 mil dólares de entonces, o la humilde familia de San Antonio de Areco, diez años antes, que había ganado un premio que representaban unos 60 departamentos en la ciudad de Buenos Aires. Pero la memoria popular, más bien el dedazo de la fortuna, señalarán a Mercedes Ramón Negrete, quien el 16 de abril de 1972 se alzó con el pozo de 315 millones de pesos viejos que ofrecía el Prode, venciendo a dos millones de apostadores. Este albañil paraguayo de 27 años, analfabeto, y que hacía pocos meses vivía en una pensión de Villa Domínico, provincia de Buenos Aires, con una apuesta de 30 pesos obtuvo unos 300 mil dólares, cuando un departamento en Recoleta valía 11 mil. Lo que no se imaginaba este muchacho ganador en soledad del primer gran pozo, que escuchó de casualidad un Mercedes Negrete en la voz de Orlando Marconi de Canal 11, es que de héroe popular, al día siguiente, iba a convertirse en el Enemigo Público Número 1.

"Si la infelicidad tiene nombre y apellido debería llamarse Fabiana López. Es la perdedora del PRODE. No encuentra consuelo, pues Negrete, con quien vivía hasta que este dejó de ser pobre, no le ha dado señales de vida. Fabiana no quiere el dinero, sólo desea a su Ramón" titulaba la popular revista Así el 28 de abril de 1972. Ella había sido quien controló la tarjeta ganadora mientras tía planchaba en una mísera piecita, “Yo estaba planchándole la ropa, porque le lavaba y planchaba. Cuando en la tele lo vuelven a nombrar no dijo nada. Lo único que hizo fue sacar el revólver y empezar a los tiros hacia arriba. '¿Y a éste qué le pasó?' decía yo. Era él, era él", afirmaba López a Emilse Pizarro de infobae.com. Mientras Ramón era asesorado por la embajada paraguaya, y pasó la primera noche de nuevo rico en el Alvear Palace Hotel, paseando luego por programas con Silvio Soldán y agradeciendo a la Virgencita de Caacupé, Fabiana paseaba sus penas en la mesa de Legrand, bajaba de peso con el doctor Cormillot y aceptaba pequeños bolos en los teleatros del momento.

La historia de Negrete ocupó las páginas del corazón y judiciales. La familia de López rápidamente consiguió un abogado, incluso habían sugerido que simule un embarazo (sic), pero la verdad es que la chaqueña Fabiana siempre declaró que la relación con Negrete no era seria y que solamente habían “ido y venido tres meses”. Tres meses posteriores de largos arreglos, Negrete que había puesto el dinero a plazo fijo y conseguía los imprescindibles papeles argentinos gracias al embajador ya que era indocumentado, y finalmente en julio punto final el calvario de Ramón, prácticamente viviendo de refugiado en el consulado por el acoso mediático y la bronca de la calle. Arreglan 17 millones para López, diez para ella y siete para el abogado, y que le sirvieron a Fabiana para comprar la actual casa en Rafael Calzada. En tanto Negrete pudo partir al Paraguay y vive en Humaitá desde mediados de 1972. En charla con el matutino paraguayo Hoy, el primer ganador del PRODE había afirmado: “Lo único que puedo decir, no soy ese millonario ni el indigente que por ahí dicen. Ya me ves, yo vivo tranquilo, sin situaciones que me generen problemas, vivo como cualquier hijo de vecino”.

La mágica derecha del Pato Gasparini marcó 13

“Un rato antes de salir a la cancha, tomando mate en el vestuario, empezamos a controlar las tarjetas y nos dimos cuenta de que en una de ellas teníamos doce aciertos en igual cantidad de encuentros. Sólo faltaba jugarse el “partido 7”, que era Racing de Córdoba-Ferro. Y ahí no habíamos dudado: “local” en todas las boletas. Advertido de la situación, en la charla técnica les dije a los muchachos: “Esta tarde hay dos motivos para salir a buscar la victoria: uno es el futbolístico y otro es que si ganamos nos sacamos el PRODE””, recordaba Pedro Marchetta a Gustavo Gutiérrez y Hugo Caric, en momentos que era técnico de una de las épocas de gloria de Racing de Córdoba, subcampeón en 1980. Era el 6 de mayo de 1984 y se jugaban en la coqueta cancha de Nueva Italia una parada difícil con el Ferro súper ganador de Timoteo Griguol. Pero el aliciente era mucho, que si bien no eran los premios pesados de los albores del PRODE, aún seducían más por el mito de salir de pobre que por el dinero real. Además este conjunto cordobés, aunque jugaba en Primera División, mantenía características de club barrial, con sus jugadores viviendo en las cercanías del estadio e yenda a entrenar en colectivo, y sueldos magros que necesitaban un extra. Juntaban una vaquita de 6 mil pesos, tal cual era común en las oficinas y fábricas, y jugaban alrededor de cien tarjetas semanales. “Hoy, pensar que un jugador de primera división tenga que ganarse el PRODE para comprarse sus cosas es irrisorio porque la mayoría esta "salvado". Además encontramos que a nivel nacional el PRODE era un fenómeno fuera de serie, porque unía dos pasiones: el fútbol y el dinero. Indagamos sobre eso y encontramos mucha documentación, archivos que nos ayudaron a reconstruir el contexto. Entonces no nos centramos solamente en la anécdota que hubiera sido lo más fácil sino también en cómo eran esos jugadores, como era ese país, Córdoba y el barrio en esos momentos”, contestaba Mauro Beccaría a Silvia Herrero del diario Tribuno. Beccaría es el director del documental “PRODE” (2020) que narra esta historia de creer o reventar, ya estrenada en plataformas y festivales de Dinamarca y España, digna de Roberto Fontanarrosa.

Volvamos al partido en la narración del Negro Marchetta, que pinta un vibrante match que arrancan ganando con una genialidad de Gasparini, lo empata el gran defensor verdolaga Héctor Cúper, y se calienta en la vestuario cuando el DT consigue que no expulsen al Pato, fundamental en la victoria de la Academia de la Docta. Y para que ganen el PRODE, claro. “En el segundo tiempo, Atilio Oyola inventa una falta al borde del área grande y le cobran tiro libre. ¿Quién va a patear? Gasparini. Aquella tarde, el canchero de Instituto no había marcado el césped, ¡lo había llenado de zanjas! Entonces le digo al “Pato”: “¿Te fijaste el pozo que hay en el área chica?”. “Sí, Pedro. Ahí le voy a pegar”, me contestó. “El Oso” Ferrero, que era el arquero, puso como 7 mil tipos en la barrera, pero la pelota pasó, picó justo donde estaba el pozo, ¡toc!, y entró al arco. Ganamos 2 a 1. ¡Una locura!”, inentendible para la prensa que cubría aquel partido, cierra de fecha. Luego fueron felices los nuevos millonarios rancinguistas a una parrilla de la Avenida Colón, una alegría que les duró poco porque hubo 94 ganadores esa semana, y apenas alcanzó para pagar la cena. Fue tal la repercusión que la AFA eliminó ese partido final del domingo por sospechas de arreglos, casi a pedido de Bernardo Neustadt, y que provocó un sonado encontronazo televisivo con Marchetta. Un cuento de celuloide parecido a la magia de la pegada del Pato Gasparini, ídolo en Córdoba, Rosario y México.

 

Fuentes: Gutiérrez, G. Caric. H.  El Negro. Biografía de Pedro Marchetta. Córdoba: Ediciones Recovecos. 2020; Pizarro, E. Infobae.com; Filighera, R. Cronica.com.ar; Soybuenosaires.com.ar

Imágenes: Télam / Loteria de La Provincia

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