¡Escribí! Notas de Lector
Ir a la secciónBuenos Aires - - Jueves 08 De Octubre
La historia de la piratería en Buenos Aires es una que habla más de temores y fantasías, sensaciones de inseguridades, que de realidades. Que posiblemente Francis Drake, en el notable viaje alrededor del mundo en 1578, haya avistado un caserío semiabandonado que llamaríamos Buenos Aires, es quizá la única referencia que valga la pena en los anales de la piratería. O que un sobrino del mismo Drake haya perdido la nave en los barros del Río de la Plata, y que haya terminado preso en las casuchas de Juan de Garay, solamente cuatro años después de la fundación oficial de la Ciudad en 1580. Contemos nomás porteños el tímido pero efectivo ataque a barcos anclados en 1607 por corsarios europeos sajones. Tímido porque asaltaron en lancha quince hombres, y efectivo, porque lograron llevarse un barco más el botín de otro. Pero de un tal Jack Sparrow, sin novedades en la costa.
Posteriormente hubo amenazas de poderosas flotas piratas inglesas, francesas y holandesas, y en 1639 el gobernador Francisco Céspedes pidió refuerzos a Tucumán y Paraguay, adiestró un escuadrón de negros a caballo, y fortificó las entradas por los arroyos porteños y Riachuelo. Años antes Felipe II había armado una poderosa escuadra con desgraciado destino final en Brasil. Nada de esto sería necesario, ni siquiera con el intimidante Thomas Cavendish atacando a diestra y siniestra el sur del Pacífico a fines del siglo XVI, porque simplemente era más fácil saquear cargamentos en las cálidas aguas del Caribe, o California, antes que en las heladas del Atlántico. Además los piratas, muchos que habían trabajado con los conquistadores españoles y se pasaban al bando criminal de los rivales ingleses, sabían que no existía ningún Dorado debajo del Trópico del Ecuador, en estas costas atlánticas que apuntaban al Estrecho de Magallanes.
Entonces la única incursión registrada de ataque a Buenos Aires por piratas, durante la gobernación de Hernandarias en 1607, fue la delación de un escocés, un tal David, que conocía los traicioneros canales de la boca del Riachuelo por haber acompañado antes a soldados españoles rumbo a Chile. Así que el 18 de marzo los porteños despertaron con los gritos de que marinos franceses, ingleses y holandeses se robaron un mediano navío anclado en el actual Puerto Madero. Según se pudo reconstruir de testigos que arribaron un mes después, ellos mismos antes despojados por estos piratas, los invasores habían partido de la Isla Maldonado luego de abandonar un averiado barco negrero, el San Andrés, con rumbo previo a Río de Janeiro. Por lo que se desprende que el ataque a la ciudad fue algo más bien espontáneo antes que premeditado. Esto motivó a Hernandarias una serie de defensas costeras, luego mejoradas por Céspedes, sin ningún uso debido a que los bancos de arenas constituyeron la mejor defensa natural a las tropelías amparadas y promovidas en Londres y París.
Así que hay que retroceder a 1584 para constatar al único pirata que pisó Buenos Aires porque los posteriores apenas recalaron en los orillas. Y fue un sobrino de Drake, John, que quiso emular al mítico tío, e infló velas en las aguas latinoamericanas. La suerte le fue esquiva al surcar nuestro gran río marrón y terminó capturado John por los indios charrúas. Pudo escapar junto al maestre Richard y John Daclós, en canoa, proa Buenos Aires, luego de que sobrevivieron a trece meses de duro cautiverio en la Banda Oriental, y fueron apresados por los españoles en el desembarco de La Boca. Inmediatamente pasaron destino a celdas en Asunción, y en Lima, declararon ante la Inquisición por propagar “herejías de rebelión y libertad”. Y del pánico a los piratas ingleses luego se pasó a los franceses, con la alarma del temido Monsieur Daniel errando pero armado hasta los dientes en 1658. Salvo la invasión pirata francesa a las Islas Malvinas del siglo XVII, hasta aquí llegan las historias de piratas en estas costas, que tempranamente preocuparon a los lugareños como quedó atestiguado en el poemas finales del épico “Argentina y conquista del Río de la Plata” (1602), de Martín del Barco Centenera. A quien debemos, en buena parte, el nombre del país.
Y si hablamos de piratas, una de tesoros, gentileza de los mitos populares recopilados por Guillermo Barrantes y Víctor Coviello en la saga de libros de “Buenos Aires es leyenda” ¿Y si el rico genovés León Pancaldo, en algún sitio próximo del Zanjón de Granados, en San Telmo, o en la cercana La Boca, escondió joyas, oro y piedras preciosas en 1537 de la codicia y el hambre de los porteños?
Imagen: Historia Universal
Fecha de Publicación: 16/04/2025
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