¡Escribí! Notas de Lector
Ir a la secciónBuenos Aires - - Domingo 11 De Octubre
Uno de nuestros orgullos y mayores virtudes es que somos indudablemente un pueblo muy solidario. Se deben dar ciertas condiciones, pero cuando se dan agarrate Catalina porque nadie nos gana. Es como si jugáramos el Mundial de la Solidaridad; nos ponemos las pilas y vamos todos como patitos en fila a ayudar. Creo que la condición sine qua non que debe darse es ver al otro realmente en condiciones trágicas o lamentables. Porque si no nos aflora esa cosa competitiva que sacamos a los codazos. Pero centrémonos en lo positivo: siempre que hay que poner el hombro estamos. Eso puede verse inclusive hasta en los porteños, que a pesar de ser seres de una gran ciudad con toda la despersonalización que eso implica, ayudamos cuando es necesario. Claro que a la gente del Interior no le hacemos sombra pero también entramos en eso de “Los argentinos son solidarios como nadie”.
Habrás visto más de una vez a algún hombre de la colectividad judía lucir unos rulos muy largos a los costados de la cabellera, hasta la altura del mentón ponele. Eso es un símbolo de la solidaridad del pueblo judío que hace referencia a los campos de Israel en donde los dueños dejaban una parte en los laterales sin cosechar para que los pobres pudieran alimentarse.
Bueno: nosotros tenemos algo similar. Las ‘croteras’. Que no eran ni más ni menos que unas casitas pequeñas, más bien podrían haberse llamado ‘refugios’ para albergar a los ‘crotos’. Les decían casitas pero eran una construcción baja de cuatro paredes y techo, de un ambiente normalmente. Sin cocina ni mucho menos baño. En esa época en el campo solo tenían baño la casa del dueño; los peones usaban letrinas. Eran más bien un refugio del frío en donde poder tirar un catre o un colchón y dormir.
El nombre ‘crotera’ deriva de ‘croto’ porque así se llamaba a quienes vivían en ellas. Por si sos muy joven y vivís en una ciudad de mediana para arriba, ‘croto’ se les decía a los linyeras o vagabundos que no tenían ni propiedad ni cosas personales ni trabajo. No era gente que se quedara mucho tiempo viviendo en la ‘crotera' sino que eran gente más bien nómade. Por decisión pero también por seguir cierto tipo de empleo temporario. A quienes trabajan en empleos temporarios en el campo, cosa que se da mucho por el tema de las cosechas, se les llama ‘peones golondrina’ en honor a la migración de esas aves. En síntesis: en las ‘croteras’ vivían o vagabundos o trabajadores golondrina.
Y es una buena pregunta. Término que todavía hoy es común en el interior para llamar al desocupado o linyera. Claro que también es usado para joder a alguien medio tacaño porque no se puede esperar menos de un argentino que una joda.
Retomado el tema, la palabra ‘croto’ deriva del apellido del Gobernador de la Provincia de Buenos Aires José Crotto. Quien a principios de siglo veinte derogó un edicto por el cual se perseguía y encarcelaba a los desocupados y vagabundos. No solo lo derogó sino que los habilitó a viajar gratis en trenes de carga, entendiendo que la gran mayoría de esos hombres eran peones golondrina que se desplazaban siguiendo trabajos y no tenían una casa fija en donde vivir. A esos trabajadores se los empezó a llamar, entonces, ‘crotos’.
José Crotto era un hombre solidario sin dudas. Y seguramente habrá basado su decisión no solo en la comprensión de una realidad y de sus necesidades sino también en el ejemplo dado por los estancieros que construían ‘croteras’ en sus campos, a la vera del camino para que los peones las vieran y habitaran. No se llamarían ‘croteras’ hasta la ley de José Crotto pero ya existían como gesto de buena voluntad y hospitalidad.
Los argentinos somos un pueblo de buena voluntad hacia todo el mundo. No en vano está escrito en el Preámbulo de nuestra Constitución Nacional reconocer a esos pares y darles asilo (“Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”).
Imagen: La17 / El Popular
Fecha de Publicación: 15/06/2023
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