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El día que Venecia se pintó de rebeldía

El día que Venecia se pintó de rebeldía

Una acción, un símbolo, una rebeldía, un acto artístico que condensó un momento histórico: de eso se trató la intervención que realizó Nicolás García Uriburu en Venecia. Corría el año 1968 cuando el artista argentino –que residía nada más y nada menos que en París– tiñó de verde fluorescente las aguas del Gran Canal de Venecia.

 

Sobre su época

Muchísima gente es la que dice que el 68 fue un año clave, en el que tomaron forma nuevas olas de movimientos como el ecologismo, el feminismo, el estudiantil, el de liberación LGBT, el comunismo y el pacifismo. Fue el año en el que el mundo se despertó, en el que la gente comenzó a cuestionarse las cosas. Claro que todo fue parte de un proceso, pero por algún motivo todo pareció explotar casi simultáneamente. Es que ya hacía un par de años que la juventud empezaba a ver su potencial vanguardista y revolucionario. Tenemos que pensar que eso hoy lo damos por sentado, pero antes no era así. Antes de estas épocas, los niños se vestían iguales a los adultos, y la categoría de “adulto joven” o “adolescente” prácticamente no existía. No faltan los relatos de abuelos que se casaban apenas alcanzaban la mayoría de edad, y ya se mudaban a una casa nueva y tenían hijos.

Sin embargo, todo cambió debido a muchos factores socio-económicos y políticos, como el primer signo de la globalización a la que hoy asistimos, el inicio del colapso de la Unión Soviética, la Revolución Cubana e incluso la Guerra de Vietnam. Esta fue de las primeras guerras que contó con suficientes fotografías y comunicaciones como para evidenciar las verdaderas crueldades y horrores que ocasionó; por eso, muchos se levantaron en su contra. Mientras tanto, las grandes compañías se daban cuenta del potencial que tenía la juventud como sector de consumo, y se vendían más jeans, camisas y los pelos se dejaban crecer en largas melenas. ¿Cuál fue el sector de la sociedad con el cual los jóvenes rebeldes más resonaron? El obrero. Así es que surgió una verdadera “contracultura”, una parte de la cultura que fue en contra del status quo, del orden establecido.

 

La pintura de la rebeldía

En un contexto así, los artistas se salen de los lienzos y de los museos; buscan acercar el arte a la vida. La acción de García Uriburu se dio en el marco de una Bienal a la que nadie lo había invitado. Él decidió que era hora de cuestionar el sistema de las artes por completo, y también denunciar nuestra nefasta relación con el ambiente: ¿por qué lo tratamos como si fuera una cosa dada, estática, de la cual podemos hacer lo que sea? Incluso hoy el mensaje late con fuerza, pues seguimos dando a la naturaleza por sentado, y no nos hacemos cargo del enorme daño que le hacemos, y que en consecuencia, nos hacemos a nosotros mismos como especie.

 

La de Nicolás fue una acción disruptiva, clandestina, teñida con el espíritu de la época, por la que incluso estuvo preso durante doce horas, hasta que se comprobó que la sustancia que había utilizado no era tóxica. En verdad, había empleado una sustancia inocua que se usaba en la NASA para que sus naves espaciales pudieran ver mejor desde la altura los cursos de agua donde iban a posarse. Ese año, la imagen de los canales de Venecia pintados de verde dio la vuelta al mundo. “La imaginación toma el poder” era una de las consignas del Mayo Francés, que sucedió en ese mismo año: pues bien, García Uriburu se encargó de hacerla realidad. Ese año, el año en el que los modelos estáticos empezaron a tambalearse lentamente, este artista argentino ayudó a abrir un nuevo rumbo para la concepción del arte, mientras ponía ante los ojos del mundo el impacto desmedido que tiene el hombre sobre la naturaleza.

 

 

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