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Arquitecto de bodegas

Un experimentado arquitecto del sector cuenta su experiencia en la construcción de bodegas. Algo cada vez más ponderado en el rubro.

“¿Qué es?, ¿por dónde empezás y cómo se llega a concretar una obra?, ¿cuál fue tu obra favorita, papá?”, cuenta Gabriel Japaz que son las preguntas que más escucha en su casa. Una de mis bodegas preferidas y uno de mis proyectos más logrados fue la bodega “NQN, Viñedos de las Patagonia”. Mi arquitectura, entiendo, tiene una fuerte imagen constructiva y muy aferrada a los procesos industriales. Son obras muy racionales, no son especialmente orgánicas, pero están teñidas de una fuerte incidencia del paisajismo. Esta es, al menos, mi búsqueda.

Las bodegas son obras industriales que tiene una gran escala, generalmente son enormes naves que tienen un impacto ambiental agresivo en el lugar, si uno no controla su escala y su incidencia. Pretendo, por ello, que las bodegas no se levanten como elefantes blancos en el pecho de los paisajes. Por lo mismo, trabajo especialmente en la incorporación de elementos naturales y del paisaje para tratar de bajar la escala y minimizar el impacto ambiental: la bodega, en tanto espacio, debe adecuarse al sitio donde será erigida. Y no al revés.

De este modo, construyo a partir de elementos que permiten aferrar la obra al paisaje o incorporar la escala al paisaje, como, por ejemplo, espejos de agua, taludes, el verde, los materiales del lugar, la piedra, la tierra. Todos ellos son elementos que ayudan a controlar la escala y a identificar la obra con su entorno.

Maridaje de la bodega con su espacio

Busco, con mi trabajo, el maridaje de la bodega con su espacio. La citada obra, Viñedos de la Patagonia, Bodega NQN, fue un desafío importante para mí, porque es una bodega hecha en Neuquén, donde el paisaje patagónico me transmitió una característica muy fuerte: su inmensidad, su impronta, su mandato ancestral. La inmensidad de la Patagonia es algo maravilloso y yo traté de devolverla al proyecto. Traté de que el proyecto fuese parte de ese todo sin afectarlo, sino, más bien, erigiendo una armonía, un maridaje.

Allí, en esa zona de Neuquén, existen unas formaciones geológicas que son una especie de cerros, de mesetas con faldones derrumbados que se llaman “bardas”, traté de incorporarme con esta obra a la naturaleza a través de un edificio que se parecía bastante a estas formaciones. Eso me ayudó a ubicar las cavas debajo de las bardas, donde el terreno natural se incorporaba al edificio. De esta manera, parecía que estaban debajo de la tierra, aunque en realidad estaban sobre el terreno natural pero el terreno era el que se elevaba y eso me ayudó a controlar los vientos tan fuertes de la Patagonia y la incidencia del sol.

Busqué generar la impresión de que la bodega existía desde tiempos ancestrales. Y fue una obra que disfruté mucho, porque la hice con mi padre, el Ingeniero Elías Japaz, quien tenía una capacidad de resolución asombrosa en temas estructurales.

El proceso creativo

Mi proceso creativo es caótico, no tiene orden preestablecido ni lógica aparente, pero muchas veces comienza cuando conozco al cliente. Los primeros contactos me transmiten su personalidad, su conocimiento de la industria, sus deseos, sus sueños. Y aprendí -y sigo aprendiendo- a desarrollar la capacidad de interpretar entre líneas lo que dice para llegar a lo que quiere.