¡Escribí! Notas de Lector
Ir a la secciónBuenos Aires - - Jueves 08 De Octubre
La obstetricia y la música indudablemente hicieron hasta lo imposible, pero no lograron detener su sueño. Ella desde muy pequeña quería volar y a los 19 años alcanzaría aquella experiencia de comandar un avión y sentir la profunda sensación de ver la ciudad y todos sus habitantes en un tamaño menor al de su cuerpo. Rosario ha dado corredores, famosos cantautores y naturalmente al genial Lionel Messi, pero el extenso historial de personajes que ha dado la “Chicago Argentina” en el último siglo amerita detenerse en el caso de una mujer que tenía muy claro su sueño desde su tibia adolescencia. Amalia Celia Figueredo, proveniente de un hogar relativamente humilde, desoyó los consejos y recomendaciones de sus padres Honoria Pereyra y Faustino Figueredo. Su madre desde los 15 años insistió en que siguiera una tradicional carrera universitaria, mientras que su padre curiosamente le recomendó volcarse a la música.
Nacida en los pagos de Litto Nebbia, a los cinco años su familia la trajo a Buenos Aires y terminada su etapa secundaria en una escuela del centro porteño, comenzó a responderle a sus progenitores desdoblando esfuerzos de manera perceptible, estudiando obstetricia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y al mismo tiempo música en el Conservatorio Fontova. Antes de enfrascarse de manera profunda con esas carreras, los días de Amalia se vieron alterados en 1914 al tomar la determinación de mudarse bastante cerca del Aeródromo de Villa Lugano. En ese lugar Amalia conoció al famoso aviador y constructor de aeroplanos francés Paul Castaibert, encontrándose horas más tarde con el avezado piloto Jorge Newbery, con quien efectuaría su vuelo de bautismo. La aviación en esa época registraba un acotado historial entre 1909 y 1913, lustro donde 23 aviadoras y 16 pilotos de globos aerostàticos habían surcado los cielos acompañadas de personal para dicho vuelo, ciclo que recién el 8 de marzo encontró a la francesa Raymonde de Laroche al comando completo de un avión. Esa noticia estimuló sin dudas el deseo de Figueredo, quien luego de conocer la noticia procuró tener su anhelada posibilidad.
Después de probar en distintas naves, finalmente fue en un biplano Henry Farman donde esta valiente mujer ultimó su formación, presentándose a exámen el 6 de septiembre de 1914, primer intentó donde tuvo un leve accidente sin consecuencias. Pocas semanas después, tras verificarse una falla de su nave, rindió nuevamente test frente a la cúpula examinadora integrada por los ingenieros Carlos Irmscher y Carlos Borcosque, difícil prueba donde debió realizar variadas maniobras para recibir la aprobación. Amalia tuvo que volar sobre la mesa de los examinadores, luego entre dos pilones a quince metros uno de otro, concretar diez series de “ochos” entre esos pilones, elevarse a 300 metros y descender desde allí con motor, aterrizando en el sitio prefijado. Luego de cinco minutos destinados al descanso, debió repetir esas maniobras, pero esta vez descender sin motor, planeando, hasta aterrizar en el sitio señalado. El examen resulto exitoso y recibió el certificado para volar, siendo la primera mujer argentina en conseguir esa licencia de aeronavegación.
Figueredo concretó desde esa fecha numerosas exhibiciones públicas en el Hipódromo de Belgrano, el Aeródromo de Villa Lugano y también en varios pueblos de las provincias de Córdoba y Santa Fe. En junio de 1915, luego de un accidente sin consecuencias, Amalia a raíz de esa situación límite se casó con Alejandro Pietra y pocas semanas más tarde tomó la decisión de abandonar la aviación, teniendo en los siguientes años a sus hijos Rodolfo y Blanca. Trece años más tarde el destino le tenía reservado un durísimo golpe a su vida, al fallecer inesperadamente su esposo, quedando a cargo de sus dos hijos aún pequeños, una situación que la forzó a trabajar en el Registro Civil de Belgrano, rutinario empleo donde se jubilaría 30 años después. Reconocida ampliamente dentro la industria de la aviación, el 29 de octubre de 1964 la Cámara de Senadores de la Nación le brindó un homenaje, en donde resaltó sus valores profesionales en aquél momento de conseguir su brevet ante la mesa examinadora.
El 21 de enero de 1970 la ley 18.559 le confirió el título de "Precursora de la Aeronáutica Argentina", reconocimiento que continuó años más tarde cuando el 16 de enero de 1972 se dio su nombre al Aeródromo de Cosquín. Admiradora de las mujeres decididas a cursar la carrera de piloto aerocomercial, manifestó su disgusto por los pocos lugares que las empresas americanas le brindaban a estas profesionales que buscaban transportar al público, con la llegada de los modelos Boeing, demostrando su rechazo a esta primigenia discriminación de género. Valiente, el destino la mantuvo firme en su carrera, mientras otras colegas del continente perdían la vida en diferentes y trágicas incursiones sobre el cielo sudamericano. Amalia Celia Figueredo falleció el 8 de octubre de 1985 en Buenos Aires a los 90 años de edad, recibiendo luego sepultura en el Panteón Militar del Cementerio de la Chacarita. Dicen sus amigos y allegados que nunca dejó de mirar el cielo, deslumbrada por la evolución de las naves que un día ella pudo manejar batiendo un record.
Imagen: El ciudadano
Fecha de Publicación: 08/11/2024
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