¡Escribí! Notas de Lector
Ir a la secciónBuenos Aires - - Martes 06 De Octubre
En los primeros meses de 1930 Raquel Liberman volvía a una comisaría de las cuadras de Balvanera. Regresaba a la misma dependencia policial pero cambiando su solicitud. Un tiempo antes denunciaba a la todopoderos Zwi Migdal, la mayor red de trata de blancas del mundo de la primera mitad del siglo XX, con base en Buenos Aires. Atestiguaba contra quienes habían robado sus ahorros y la estaban amenazando en su comercio de anticuario de la calle Callao. Ahora retornaba a solicitar permiso para ejercer la prostitución. Y adjuntaba el permiso concedido por su nuevo marido, "el Bolchevique", un conocido miembro de la organización polaca de "Sociedad Judía de Socorros Mutuos". Dudó unos minutos firmar lo que significaba su segura sentencia de muerte, como las de cientos de polaquitas y criollas en tugurios de las provincias, tal cual ella bien sabía ya que pudo escaparse de la red unos años antes. Y gritó en cambio nuevamente su denuncia contra la organización de comercio sexual que se expandía en propiedades, negocios, cargos y hasta un gran cementario privado. Hoy cada vez que pases por la estación de subte "Callao", y fijes la vista en la placa, Raquel Liberman gritó hace casi cien años "Ni una menos".
No sería fácil la vida de Raquel a partir de ese momento, que moriría un lustro después con los deseos de regresar con sus hijos a Polonia. Tampoco la del determinante Juez Manuel Rodríguez Ocampo y el comisario Julio Alsogaray. Incluso el presidente de facto, el golpista Uriburu, solicitó atemperar el proceso judicial que persiguió a más de 400 proxenetas, varios miembros ascedentes de la comunidad judía. Uriburu era asiduo visitante de un prostíbulo de categoría de la Zwi Migdal por avenida Alvear. Incluso la Cámara de Apelaciones, algunos jueces clientes de los criminales, solamente convalidó la prisión de cuatro acusados, dejando escapar por Uruguay y Brasil a los más prominentes, como Zacarías Zytnitzky. Quien personalmente en su carácter de presidente de Zwi había apretado a Raquel.
Solamente el cambio de época, virando a la represión de las costumbres de los años locos e yrigoyenistas, y por qué no admitirlo, el fuerte antisemitismo de los investigadores, consiguió desbaratar el descarado e impune tráfico sexual que es una mancha perdurable en el relato edénico del aluvión inmigratorio.
Decenas de relatos de visitantes ilustres al Centenario graficaban a Buenos Aires como la Reina de la Prostitución Mundial, con las altas tasas de varones solos que venían a hacerse la América. Y con algo tenían que entretenerse. Fueron varias redes de tratas en simultáneo, que excedían a un simple cafiolo -proxeneta-, y que hacia el 900, increíblemente se asociaban en sociedades y mutuales de apariencia legal, incluso con acciones sociales y religiosas importantes, como el caso de Zwi Migdal, un desprendimiento de judíos polacos de la anterior mutual "Varsovia". El cambio de nombre a uno de los miembros fundacionales (Luis Migdal) fue a pedido del gobierno de Polonia y la Sociedad Israelita en 1927, que sufrían del escarnio internacional por no protestar y denunciar ante tal grado de infamia y atropello a los derechos humanos.
Por aquellos años circulaba en Europa "El camino de Buenos Aires" del periodistas francés Albert Londres, la pormemorizada investigación de cómo eran captadas/raptadas los jóvenes polacas de los pueblos rurales de Europa del Este, muchas veces por sus propios familiares y maridos, y terminaban rematadas en un teatro de la calle Suipacha por unos mugrosos pesos. Luego iban a trabajar en condiciones de servidumbre a quecos -prostíbulos- de la zona de Balvanera, las más privilegiadas; a La Boca, las menos en el célebre cine pornográfica/lupanar "El farol colorado" -en el cuel eran habitués, entre varios encumbrados, el escritor Manuel Gálvez, que luego escribiría una demoledora denuncia, y el presidente Carlos Pellegrini-; y las menos de las menos, las castigadas además, a horrorosos congales de las provincias, denunciados por otro cliente, Roberto Arlt.
Ese era el destino de Raquel Liberman, llegada en 1923 -o 1922-, no pudiéndose aún determinar si siguiendo a su esposo en Tapalqué, provincia de Buenos Aires, o directamente secuestrada Berdichev, Ucrania. Lo que es seguro que durante seis años estuvo esclavizada por caftenes (tratantes judíos) en la calle Lavalle, hasta que un cliente se apiada de ella, y convencen al rufián de comprar su libertad -con el dinero que ella había ahorrado para sus hijos, que vivían en una casa de vigilancia cercana. administrada por mujeres y matones-.
Al poco tiempo sería detectada la maniobra, ya que la excusa era que se iría a otro prostíbulo de Mendoza, no había chance de escapatoria Zwi Migdal,y nuevamente se la compele a prostituirse, además de robarle su capital y pertenencias. Esto detona las denuncias de Liberman que la justicia seguiría a fin de desarticular la poderosa mafia, que se supone comenzó a operar en 1880/1890, y medio siglo después poseía una gran cantidad de bienes y propiedades, fruto de la esclavitud de 30 mil mujeres, varias de ellas desaparecidas. Y si bien el proceso fue complejo, con varias interferencias de la alta sociedad y el gobierno de la Década Infame, se consiguió acabar con las operaciones de los polacos. Cientos de mujeres vieron nuevamente la calle, muchas de ellas, ayudadad por la misma comunidad judía, entre ellas la AMIA -Asociación Mutual Israelita Argentina-, que había separado y aislado a sus paisanos criminales, obligándolos a erigir un propio cementerio, hoy un sitio de memoria activa en Avellaneda.
Del lado opuesto del mismo cementerio increíblemente se encuentra Raquel Liberman, la mujer que no solamente colaboró en desarticular la deleznable mafia esclavista, sino que apuntaló el camino hacia la prohibición total de la prostitución a partir de 1936. Rompió el círculo de terror de un negocio que tuvo un manto de legalidad y encubrimiento, de respetabilidad y religiosidad, odios y discriminación. Aquella fabulosa mansión de la avenida Córdoba al 3200, en donde obligaron a Raquel a casarse en 1930, debió haber sido confiscada por el Consejo Nacional de Educación según la ley. Adentro tenía una maravillosa sinagoga y amplios salones. Su destino fue un depósito de galletitas.
Imagen: LatFem
Fecha de Publicación: 10/07/2025
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