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Pipo Pescador, el divertido dueño del auto nuevo que viene con torta

El cantautor, escritor y director permanece como un referente del género infantil en Argentina, un clásico para diversas generaciones.

Nacido el 29 de abril de 1946 en Gualeguaychú, Enrique Daniel Fischer supo desde muy joven que quería entretener a los demás, tarea que con el paso de los años ejerció con éxito y talento. De chico se juntó con amigos para armar historias que actuaban, luego con el paso las mismas llegarían a diversos escenarios del país. Enrique admitió que debía emigrar de su Entre Ríos natal para crecer profesionalmente, tiempos donde su amor por la música se corporizó con el aprendizaje de un acordeón, instrumento que le había obsequiado un tío, época en la que ese aparato y la guitarra fueron los mejores amigos de un juglar que soñaba con trascender en ese momento de su vida.

Recibido de bachiller en el Colegio Nacional de Gualeguaychú, recaló en La Plata, donde estudió escenografía en la Escuela Nacional de Bellas Artes, trabajando en jardines de infantes o animando eventos infantiles para mantenerse. Ubicado en la Capital Federal, lo vio actuando en el Auditorio Río de La Plata un asistente de Goar Mestre, destacado empresario que le ofreció llevar a cabo esa performance delante de las cámaras. Enrique ya había mutado artísticamente a “Pipo Pescador”, personaje con una boina muy colorida y un llamativo chaleco. La televisión de los años ‘70s encararía una enorme renovación, época donde famosas figuras como Pepe Biondi, Carlos Balá, José Marrone y Alberto Olmedo protagonizarían una andanada de programas pensados para los más chicos con una respuesta deslumbrante.

 

 

En enero de 1972 se da su ingreso oficial a la pantalla chica, contratado por Canal 13, coincidiendo con el nacimiento de su única hija Carmela. Haciendo inocultable gala de ser un maravilloso e hipnótico entretenedor ante los menores, hilvana canciones que en ese momento su autor jamás imaginaría que sobrevivirían en la memoria de numerosas generaciones que las conservaron en sus corazones como himnos. Fue así que llegaron clásicos como “El oso patinador”, “El zapato pato”, “La marcha de los antisopas” – que coincidía con el odio que el personaje animado de Mafalda profesaba por esa comida-, “La milonga del fideo fino” y su obra cumbre “La canción del auto nuevo”, que con el paso de los años se convertiría en un himno para todos aquellos que la cantaron varias veces como oyentes, o luego para entretener a sus descendientes. Ese tema escrito en el año 1968 tuvo una pegada tan fuerte que primero se conoció como single en un vinilo pequeño, para luego ser incluído en un álbum completo con otras cautivantes canciones de su autoría. Con el éxito llegarían otros discos, tan exitosos como el primero.     

La pasión literaria y su curioso amor por el tango

Con el arribo de la última dictadura, Fischer supo surfear aquel complicado momento con trabajos de literatura infantil, algunos shows en vivo, componiendo también a pedido de otros artistas. Antes que el Proceso de Reorganización Nacional llegara al gobierno, el músico apareció en 1973 en la película “Luces de mis zapatos”, dirigida nada más y nada menos que por Luis Puenzo. Su tarea destinada a los más chicos impactó con fuerza, recibiendo varias distinciones de Argentores y los Premios Konex, tiempos donde su pasión por la literatura infantil lo llevó a dejar los recitales masivos y recluirse a escribir con mucha intensidad. En 1997 se conoció el trabajo “María Caracolito”, abordando la temática del Síndrome de Down, publicación que auspicio la UNESCO, año donde también lanzó el libro “Magia de leer”, texto que llegó adaptado a los escenarios de España con exitosas representaciones en 30 ciudades de ese país.

Tras su éxito en Europa, en el nuevo milenio fue un abanderado ambientalista contra la instalación de las pasteras en Uruguay, alternando esa labor con su pasión por el tango, cerrando su carrera en Argentina con el show “Tangos Desaforados” ante audiencias de diversas ciudades. A los 68 años, su compromiso con su familia lo llevó a mudarse de manera irreversible a Alemania, época donde vendió todo y se mudó primero a Berlín y luego a la localidad de Eberbach, un sitio rodeado de montañas y ritos medievales, para estar cerca de su hija Carmela, profesora de filosofía, su yerno Guillermo y sus dos nietos.

Admitiendo que en tiempos de gran éxito comercial descuidó a su primogénita, Fischer decidió reencontrarse con ella mudándose a suelo germano, donde armó el show “Burgos- Fischer” interpretando tangos y milongas con su yerno. Esta temporada, a poco de cumplir 78 años, regresó a la Argentina con dos objetivos: coordinar la realización de una opera para niños llamada “Cáscara Colorada”, donde encarna a un abuelo que narra a los niños su historia, aprovechando además para concretar dos conversatorios frente a sus incontables fans. Apareciendo en la sala independiente “El Tinglado” del realizador Claudio Regis y luego en el hall del Teatro San Martín, recogió allí incontables muestras de afecto de la gente, que le llevó discos y boinas para firmar. El hombre que a principios del nuevo milenio jubiló a “Pipo Pescador” para volver a ser Enrique Fischer, confesó ante sus fans que “no me angustia la muerte, pero a mi edad, un año es mucho tiempo. A esta altura, sinceramente cada año es un martillazo”.

 

Imágenes: Diario Crónica y Mirador Provincial

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