¡Escribí! Notas de Lector
Ir a la secciónBuenos Aires - - Martes 06 De Octubre
Tener algo que decir. Ese fue el norte de Oscar Masotta, su íntima convicción y pasión, y se transformó en la voz y el maestro de la generación del sesenta, renovando la ciencias sociales e introduciendo a Jacques Lacan en Hispanoamérica toda. Sin embargo su legado desborda el sicoanálisis, tan caro a los argentinos y la casilla en la cual se lo suele enmarcar, y sus textos y enseñanzas cambiarían las artes y la sociedad con el compromiso social como bandera. Masotta fue el último intelectual argentino en la batalla de las ideas del país con grandes horizontes. Y terminó sus días sordo y exiliado en Europa.
Nacido en una familia de clase media de Buenos Aires el 8 de enero de 1930 se vinculó de estudiante de filosofía con los miembros de la revista Contorno de los hermanos Viñas, David e Ismael, quienes modernizaron el pensamiento local a principios de los cincuentas, bajo la influencia del existencialismo. Masotta rápidamente encontraría una vertiente original del cuño europeo, adaptada a los problemas nacionales, mientras comenzaba a interesarse por temas ligados al arte y los medios, de allí su activa participación en el Instituto Di Tella en su famosos happening y la difusión pionera de la historieta, y el sicoanálisis, siendo un artículo suyo de 1965 en la revista Pasado y Presente el primero dedicado a Jacques Lacan en castellano.
“Para defenderse de la gratuidad del acto de escribir había que escribir sobre temas que lo pusieran a uno en situación de peligro, que lo descolocaran ante los demás. Y hay entre otras (puesto que si se redacta un panfleto político el peligro es bastante inminente, policial y real) una manera de hacerlo. Escribir sobre uno mismo. Para desnudarse o para confesarse. Pero quien se confiesa se confiesa de algo, y para hacerlo es preciso un juicio retrospectivo y negativo, sobre ese algo. ¿Sería este mi caso? Y, por otra parte, es difícil sortear el peligro de la falta de peligro. Es necesario decidirse entonces a sumarse en todos estos peligros para intentar sortearlos”, sostenía Oscar Masotta, casi un manifiesto de su propia obra, en el influyente “Sexo y traición en Roberto Arlt”, que publicado también hace 60 años, cambió el rumbo de la crítica literaria y en cómo leer al autor de “Los Siete Locos”.
Ya en los setenta intensifica la difusión en español del analista francés, a través de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, y en las míticas clases en universidades y seminarios, “hablaba en su argot, transmitía un saber que al principio estaba construyendo en voz alta, con sus propios alumnos. En el buen sentido, él “actuaba” la palabra con quienes lo escuchábamos”, rememora Norma Tortosa, en la revista Haroldo, en 2019. Fallecería en el exilio español el 13 de septiembre de 1979, con menos de cincuenta años, perseguido por sus ideas, pero ya señalado como uno de los más influyentes intelectuales latinoamericanos.
“Soy consciente de que plantear “Masotta escritor” puede ir contra los intereses de quienes pretenden reducirlo al campo de estudios lacanianos. La pregunta: ¿cuál es la obra que prueba que Masotta es escritor? ¿Cuál es, digamos, su gran novela, su cuento memorable, ese ensayo voluminoso y definitivo? Pero, ¿qué quiere decir definitivo cuando se es consciente de la transitoriedad? ¿Y si la gran novela de Masotta fuera su vida?”, se pregunta Guillermo Saccomanno sobre el enorme legado intelectual y escritural en ensayos, artículos, conferencias y paper en ambos lados del Atlántico, con intereses tan variados que abarcan la crítica social, la teoría del arte, la semiología y las humanísticas en general. Ahora algunos fragmentos que muestran vistas de lo que sería el Oscar Masotta escritor.
Aparecida “Soledad” en 1981 en la revista cordobesa “Escrita” de Antonio Oviedo, que nucleaba a importantes pensadores como Germán García y Eduardo Grüner, uno de los focos de resistencia a la dictadura, era en verdad un rescate, como el nuestro, hecho de una antología de “nueva poesía” de 1961 y editado por la desaparecida Editorial Anuario. Filo de los sesenta ahondaba precisamente el tiempo que Oscar Masotta archivaría sus sueños de escritor y daría preponderancia al de gran modernizador intelectual argentino. El futuro aún estaba por escribirse.
“Enumerar
eso es viejo
para desordenar uno está solo
para desordenar enumero una moneda
y la pipa
el vaso y el vidrio de la mesa
los libros, el lápiz, la lámpara
la lámpara, vuelvo a mirar, la pipa
los cigarrillos y la caja de fósforos
los zapatos que tengo puestos y la ropa interior
la camisa rozándome el cuello con el cuello
la corbata
(la corbata, me acuerdo, un escritor decía:
"como una serpiente sobre la silla")
un llavero, la copa de bronce, la medalla, el waterpolo
mis objetos el llavero
el cuello, siempre el cuello la garganta que me roza que me ahoga
que me lo desabrochen que me lo quiten de encima
sin gemelos, sin gestos
y mis pastas
para untarme por arriba y por abajo
por delante y por detrás
por los dientes
y la pasta de los olores
pastas como ideas que me tocan
que se posan sin insectos como alas
separarme de mi cuerpo con mis cosas
despegarme de mis pastas con mi cuerpo
atreverse
recostarse
la cabeza gacha, dejarse
y la billetera o el dinero manoseado amontonado
darse, o las viejas monedas de veinte centavos
sin azar, sin horror, sin gritos, sin relámpagos, sin tiempo
con aplicación
O un canto rodado alisado por la lluvia por el viento
sobre la mesa, después, y un papel de cinco pesos
miserable, apestoso, arrugado, atractivo, viscoso, necesario, costoso
la máquina, pero de escribir
y el pan, pero las migas
o el queso
o la nuez, pero moscada
Enumerar, eso es viejo para desordenar
y después, desordenar pero hacia adentro
adentro no hay adentro no hay afuera”
Imagen:
Fecha de Publicación: 08/01/2026
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