¡Escribí! Notas de Lector
Ir a la secciónBuenos Aires - - Martes 06 De Octubre
Los penales en el fútbol representan el cielo y el infierno, en una sola instancia, pero en distintas escalas de emociones para los protagonistas. La gloria es para el jugador, si convierte, si no, es el insulto asegurado. Al arquero, en cambio, si es batido, nadie reprocha nada. Pero si ataja se asegura los laureles y el bronce. En 1973, en la vieja y querida B Metropolitana, José María Cafaro se ganó la gratitud perenme de los hinchada de Platense, quedando en segundo plano que ese día le habían embocado cinco pepas los muchachos de Banfield. Y es que contuvo en un solo tiempo reglamentario, no en una definición tras los 90 minutos, tres penales. No alcanzó para revertir el resultado pero sobró para llevarlo unos años después al fútbol italiano y, más aún, para entrar en la historia grande del fútbol nacional y mundial.
A la altura de los récord de los actuales goleros, el ruso Matvéi Safónov del PSG francés, o del argentino Agustín Rossi del Flamengo, el Tano Cafaro, nacido futbolísticamente en Atlanta, se anotó en ese pedestal aquel 3 de marzo de 1973. Desde 1971 defendía los colores del Calamar en la segunda división, que venía de capa caída con malas campañas, y encima había perdido el histórico estadio de Manuela Pedraza y Crámer en Saavedra. Dos años después en el inicio del torneo debía visitar al complicado Banfield, que lograría ascender ese año de la mano de Ricardo Lavolpe, luego arquero campeón del mundo en 1978, y Juan Carlos Lallana, un exquisito goleador del River de los sesenta.
Platense la tenía bastante complicada y fue constantemente atacado por el equipo de la dupla Óscar López y Óscar Caballero, que años más tarde llevarían al Deportivo Español a ser uno de los mejores equipos de los ochenta. En el peloteo del segundo tiempo se dio la extrañeza de tres penales para Banfield. Y más la rareza de tres penales atajados por el Tano Cafaro.
Apenas arrancó la segunda etapa, Banfield ganaba 2 a 1 y el árbitro pitó penal para los locales. El delantero Hugo Mateos, campeón con el increíble Estudiantes de la Plata de 1967 y de gran carrera en Chile, ejecutó el penal hacia la derecha y se va el primero:
"ví a Mateos muy de frente y pensé que no podía tirar a otro lado que no fuera a mi derecha. Y la pude sacar con una mano hacia el costado”.
Segundos más tarde, otro penal, otra vez para Banfield. Ahora 3 a 2 a favor del Taladro y el turno fue de Juan Carlos Lallana pero Cafaro acertó: "Los muchachos me desconcertaron un poco dándome indicaciones. Me jugué a la izquierda y la amortigüé con una mano. La pelota me quedó entre las piernas porque me había pasado en la volada", explicó el arquero a El Gráfico, uno de los tantos medios que corrieron a su casa a entrevisarlo la semana posterior. Sobre el final del partido, Banfield ganaba 4 a 3 y estaba el Calamar a tiro de empate. Nuevamente Mateos. Nuevamente hacia la derecha. Otra volada inmortal, "Y me jugué la misma. Vino contra el palo y a media altura. La atrapé en el aire y me quedé con ella. Sí. Fue la emoción más grande de mi vida”, contó Cafaro, hoy vecino de Villa Devoto.
La pelota que empezó a girar en los sesenta seguiría corriendo por Italia, fue suplente en el Milán y titular en el Brescia y Cavese -allí en Catania es el ídolo máximo de la historia del club de la tercera división, que insiste anualmente en invitarlo por un gran homenaje-, y regresó a la Argentina en 1980, jugando en Talleres de Córdoba, Tigre, Chacarita Juniors, Loma Negra -un paso muy recordado en aquel equipo de figuras del Nacional 1983- y, la despedida, en El Porvenir.
"Aunque te digo una cosa: en un penal vos no tenés garantía de que lo vas a meter pateando como lo patees, ni que lo vas a atajar quedándote en el medio o tirándote para el lado que sea. Es intuición, pura intuición",
señala poniendo la pelota en el punto de la gloria o el infierno, sin machetes entre guantes ni IA. Solos, jugador y arqueros, en un reto a la gloria.
Imagen: Abrí La Cancha
Fecha de Publicación: 09/09/2026
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