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Alberto López: El Campeón del Mundo de Saavedra

Capaz conocés a la Generación Dorada. Ahora enterate de la primera, la que ganó un Mundial de Básquet y humilló a los norteamericanos en USA, en el centenario de su gran estrella: Alberto López.

"El equipo argentino es el que mejores figuras ha mostrado. En cualquier combinado irreal del mundo que uno se imagine debe intercalar a varios de los nuestros… Hemos visto un equipo argentino que simboliza a nuestro espíritu, que cuaja con el sentido creativo” sintetizaba la crónica de la histórica revista El Gráfico de la no menos inmortal gesta del team nacional, que se consagraba Campeón del Mundo del Básquet, doblegando a los Estados Unidos el 3 de noviembre de 1950, en el Estadio Luna Park. Y fue el único campeonato para la celeste y blanca con la naranja, que alcanzaría dos subcampeonatos de la Generación Dorada en 2002 y 2019. Oscar “Pillín” Furlong, Leopoldo “Pichón” Contarbio, Roberto Viau, Raúl Pérez Várela, Vito Liva, Alberto López, Omar Monza, Juan Carlos Uder, Pedro Bustos, Hugo Del Vecchio, Rubén Menini y Ricardo González, dirigidos por Jorge Canavesi, y al apoyo crucial del gobierno de Juan Perón, consiguieron algo irrepetible aún para nuestro deporte. Y justamente Canavesi, el Rubén Magnano de esa camada, unos meses antes se había fijado en un alto, un tapado, que la rompía en River Plate. Así nacía el vínculo de Alberto López con la selección argentina que se extendería por décadas, victorias, derrotas y proscripciones.

Alberto vivió toda su vida en el barrio porteño de Saavedra y había nacido el 1 de noviembre en Mariano Acha y Manzanares. De pequeño se destacó jugando a partir de infantiles en el club de Belgrano y apareció brillante en aquel equipo campeón de 1950. "Lo convoqué porque su cuerpo robusto y su altura elevada para la época (1,92 metros) más su gran técnica, nos servían para alternar con Furlong y Contarbio, los dos pivotes que teníamos para aguantar a los fuertes y saltarines yankis, a los que les ganamos el partido final por 64 a 50”, explicaría Canavesi, en una cita de "100 ídolos porteños" de Víctor Lupo y Horacio del Prado. Fue López fundamental en los subcampeonatos panamericanos de 1951 y 1955, como para el bronce de Helsinki en 1952, que anticipó el oro en los Juegos Olímpicos de Atenas en 2004. Y fue uno de los que en 1955 jugó en Texas, USA, y derrotó a los norteamericanos en su tierra por primera vez. 

Jugador y técnico campeón

Lamentablemente Alberto López resultó uno de los cientos de deportistas suspendidos por "99 años" por iniciativa de la autodenominada Revolución Libertadora de septiembre de 1955, por el infame decreto 4161, debido a "dedicar sus triunfos al tirano prófugo". En este renglón en necesario recordar que durante los años del "tirano prófugo" se establecen licencias deportivas en los empleos para los deportistas de alto rendimiento -la mayoría no vivía de su pasión ya que, salvo el fútbol, el resto era amateur-, se fundan los centros de innumerables deportes y se organizan campeonatos nacionales abiertos a la población en general. Fue una de las pocas etapas en que el deporte argentino tuvo realmente planificación estratégica como en Estados Unidos, y apoyo en políticas públicas y privadas, y que redundaron en éxitos en automovilismo, Juan Manuel Fangio quíntuple campeón del mundo, los boxeadores sin rivales en América Latina, las medallas en Londres 1948, o la selecciones de fútbol que ganaban los torneos intercontinentales. En 1958 la selección argentina de fútbol padecería, en el cambio de regimen, el todavía doloroso "Desastre de Suecia". 

Alberto se transformaría con el tiempo, y levantada la proscripción, en el entrenador de la selección nacional de básquet, logrando el Campeonato Sudamericano en 1966. Más tarde fue director de deportes de la Ciudad de Buenos Aires, donde intentó replicar algunas de las líneas de veinte años atrás. Y, siempre junto a la banda roja, fue dirigente en la gestión de Hugo Santilli en los ochenta. Fallecería el 22 de marzo de 2003 el lungo López, alma de los campeones de 1950.

"No fue suerte sino ciencia"

Una semana más tarde de aquel triunfo homérico, Carlos Fontanarrosa en la revista El Gráfico desgranaba opiniones: “Furlong fue el mejor jugador del campeonato… el Negro González, de gran efectividad, no llegó a ser exactamente el jugador que conocemos y sabemos que es, ya que no será en la ubicación de winger donde más va a lucir… Menini jugó muchísimo y su bravura y la de Uder son ejemplares… Contarbio jugó prestando al equipo esa misma suficiencia física que él demuestra… Al jovencito Roberto Viau muy bien le corresponde la mención elogiosa; cubrió con exceso cualquier puesto y sorprendió con su dominio de la pelota y sus innumerables recursos bajo y lejos del tablero. Y gran campeonato de Del Vecchio, Alberto López, Monza, Bustos y Liva". Y cierre el cronista que pasaba largos horas en la concentración de Ezeiza,“No fue suerte sino ciencia. Es el triunfo del básquet argentino que no está pintado sólo con números sino que luce para la vista. Nunca hubo mejor agente de propaganda para un deporte que el accionar del team nacional”, decía Fontanarrosa. Y Alberto López sigue haciendo canasta. 

 

Imagen: El Gráfico

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