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Primeros edificios de nuestra ciudad Capital

Galerías y edificios. Antiguos, vanguardistas y pintorescos. La Ciudad de Mendoza está marcada por la más valiosa arquitectura.
Arquitectura
Primeros edificios de nuestra ciudad Capital
12 noviembre, 2019

Cuando en nuestra provincia transcurrían años de estabilidad y progreso, con gobiernos dirigidos por mendocinos que trabajaban honradamente con lo que lograban el apoyo de la ciudadanía; profesionales, trabajadores y empresarios incorruptibles en su mayoría, se logró que la industria de la construcción volcara su valioso apoyo para modernizar nuestra ciudad Capital

Eso se hizo mediante la construcción de valiosos edificios y galerías comerciales que coincidió con la creación de la Ley de Propiedad Horizontal la cual permitió que en nuestra ciudad se levantaran los primeros edificios de departamentos.

Esto se concretó en General Paz 69, por una firma inmobiliaria de la Capital Federal, en la década del 50 sobre terrenos que años antes había ocupado la Dirección Provincial de Salubridad. 

Fue el primer edificio de propiedad horizontal de Mendoza, con un frente sencillo y departamentos con ambientes amplios y las comodidades más modernas. Salieron a la venta en pequeñas cuotas a largo plazo, pero no tuvieron una inmediata respuesta favorable de los mendocinos, acostumbrados a vivir en casas de grandes ambientes, patio y corredores. 

Continuó la construcción

Pocos años después, el constructor sanjuanino don Isaac Kolton construyó el segundo edificio –bajo la protección de la misma ley– en Rivadavia al 20, en terrenos en que había antiguas casas y algún pequeño comercio. 

Kolton, con habilidad comercial, vendió rápidamente los departamentos; con el apoyo de una amplia campaña de publicidad de inmediato proyectó nuevos edificios en terrenos céntricos que vendía en cuotas accesibles a largo plazo con mucho éxito, lo que le permitió la construcción de más de cincuenta edificios en nuestra ciudad.

Para conocimiento de las nuevas generaciones de mendocinos, en la esquina de San Martín y Amigorena, un particular dispuso la construcción del edificio de departamentos sobre el terreno en que funcionaba la Escuela Normal Nacional Tomás Godoy Cruz, cuna de los primeros maestros mendocinos.

La ciudad seguía creciendo

En la esquina de San Martín y Montevideo atendía la Inspección Nacional de Escuelas en una vieja casona donde los maestros entraban por un antiguo zaguán con puerta cancel sobre San Martín. Esa antigua casa era propiedad de un señor Criscitelli, que la demolió y construyó el actual edificio de locales comerciales sobre San Martín y cuarenta metros de Montevideo.

En la esquina de San Martín y Garibaldi había una cervecería que atendía en una antigua casa de adobes y algún pequeño negocito. El señor Juan Gómez compró todos los terrenos sobre San Martín y Garibaldi, donde construyó el actual edificio de oficinas con entrada por Garibaldi 7. Fue la primera sede del Canal 7, que se inauguró en el cuarto piso. Los locales destinados al comercio dieron mucho movimiento de público a una esquina que, por esos años, no era pleno centro.

El amplio edificio del Correo Central se construyó sobre terrenos que donó la Municipalidad de la Capital, donde tenía baños públicos gratuitos con amplias piletas de natación y cómodos servicios en la esquina de San Martín, Colón, 9 de Julio y Infanta Mercedes de San Martín. Entonces, el Correo atendía en antiguas casonas de calle General Paz y Chile.

En terrenos de José V. Zapata 63 se construyó, con las mejores comodidades, el edificio del Sanatorio Regional, actualmente considerado de los mejores.

Enfrente y en la misma época, López Vilches dispuso la construcción del actual edificio de departamentos y locales comerciales sobre terrenos en que había sólo antiguas casas y baldíos sin cierre, lo que permitió que el Centro, que terminaba en San Martín y Sarmiento, se fuera extendiendo.

Una economía sana

Estos son solo algunos ejemplos de los numerosos edificios construidos a mediados del siglo XX, como asimismo construcciones efectuadas por el Gobierno de la Provincia que fueron cambiando la fisonomía de una ciudad chata a lo que hoy es nuestra Capital.

Aunque hoy parezca dudoso eran años de una economía sana, no se conocía la corrupción generalizada en los funcionarios públicos, políticos y empresarios que permitieran licitaciones o negocios dudosos; existía la cultura del trabajo, no había subsidios ni prebendas, eran trabajadores y operarios responsables, porque eran empresas saneadas con capitales propios y gobiernos provinciales y municipales que controlaban las operaciones porque estaban en manos de hombres honestos que muchas veces salían de la función pública más pobres porque habían descuidado sus intereses privados. 

La mayoría de los edificios construidos eran financiados por empresas familiares y sociedades anónimas de sanos capitales para enfrentar el costo de la obra emprendida. Excepcionalmente algunos de los más importantes edificios recibían el apoyo del Banco Hipotecario, el Nación o el Mendoza y jamás permitieron la influencia o intervención de funcionarios públicos o políticos en sus gestiones bancarias. El resultado positivo era que los edificios se construían en el tiempo comprometido porque felizmente los precios convenidos eran inamovibles y los “ajustes” eran periódicos y podían preverse; los materiales y la mano de obra no sufrían el efecto dañino de la inflación y albañiles, obreros y técnicos trabajaban todos los días ya que no existían paros sorpresivos o huelgas manejadas por sindicatos o políticos de turno. 

Fuente: Diario Los Andes

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